Un enfermero que trabajaba en el Policlínico PAMI II de Rosario fue condenado a cuatro años y seis meses de prisión por comercializar fentanilo, bromuro de vecuronio y otras sustancias medicinales peligrosas que sustraía de su lugar de trabajo.
La investigación también reconstruyó su vínculo con un hombre de 37 años que murió después de consumir distintas sustancias.
Un enfermero que trabajaba en el Policlínico PAMI II de Rosario fue condenado a cuatro años y seis meses de prisión por comercializar fentanilo, bromuro de vecuronio y otras sustancias medicinales peligrosas que sustraía de su lugar de trabajo.
Se trata de Luis Emmanuel Benavidez, quien reconoció los hechos, su participación y la calificación legal planteada por la fiscalía. El acuerdo pleno fue homologado el pasado 4 de septiembre por el juez federal de garantías Carlos Vera Barros.
La condena contempla los delitos de comercio de estupefacientes, venta de sustancias peligrosas disimulando su carácter nocivo, hurto y tenencia ilegítima de un arma de fuego de uso civil, todos en concurso real.
Además de la pena de prisión, Benavidez recibió una inhabilitación por cuatro años y seis meses para ejercer cargos públicos y desempeñarse como enfermero.
La causa se inició a partir de una denuncia presentada en julio de 2025 por el padre de un hombre de 37 años que había fallecido el 9 de agosto de 2023, después de consumir distintas sustancias.
El denunciante señaló a Benavidez como la persona que le había suministrado fentanilo y bromuro de vecuronio, dos sustancias de uso exclusivamente intrahospitalario. El segundo es un fármaco que produce parálisis neuromuscular y requiere un manejo médico específico.
La Justicia logró reconstruir el vínculo entre el enfermero y el hombre fallecido a partir del análisis del teléfono celular de la víctima, capturas de conversaciones y un video registrado por su pareja.
Entre las pruebas incorporadas a la investigación aparecieron conversaciones de WhatsApp en las que Benavidez ofrecía ampollas de fentanilo y comunicaba que había conseguido bromuro de vecuronio.
En uno de los intercambios, el enfermero le explicó al hombre que el bromuro de vecuronio era “dos veces más fuerte” que el fentanilo.
La investigación también determinó que, el mismo día de la muerte, Benavidez le envió un audio de 17 segundos con indicaciones sobre cómo administrarse el contenido de las ampollas y una advertencia sobre el riesgo de sufrir una sobredosis.
Después de que el hombre dejara de responder los mensajes, fue encontrado muerto en su departamento. En el lugar había una jeringa y un frasco de bromuro de vecuronio.
La autopsia no descartó una posible vinculación toxicológica, aunque no pudo establecerse de manera concluyente que las sustancias suministradas por Benavidez hubieran provocado el fallecimiento.
La causa de muerte quedó determinada como indeterminada. Uno de los obstáculos para establecerlo fue que la Justicia provincial había archivado inicialmente la investigación debido a la falta de técnicas de laboratorio que permitieran detectar bromuro de vecuronio y valproato de sodio en sangre.
Por ese motivo, el fallecimiento y la investigación por la comercialización de medicamentos quedaron vinculados dentro del expediente, aunque la condena a Benavidez se basó en los delitos que pudo acreditar la fiscalía.
Benavidez trabajaba en el Policlínico PAMI II desde 2014 y, desde 2016, se desempeñaba en la Central de Materiales y Esterilización, dependiente del área de Farmacia.
Según se estableció durante la investigación, el enfermero no tenía asignada la custodia de estupefacientes ni de los fármacos que posteriormente fueron encontrados en su poder.
La hipótesis de los investigadores fue que aprovechó su acceso al ámbito hospitalario para sustraer distintos insumos médicos y luego ofrecerlos a través de redes sociales y otros canales de contacto.
El 30 de septiembre de 2025, efectivos de Gendarmería Nacional realizaron allanamientos en distintos domicilios de Rosario y Concepción del Uruguay.
En la vivienda de Benavidez en Rosario se secuestraron:
El análisis de los lotes permitió determinar que parte del material tenía origen en el Policlínico PAMI II. Además, uno de los lotes de bromuro de vecuronio coincidía con el encontrado en el domicilio del hombre que había fallecido.