19 de agosto de 2026 - 16:17

Presas de la violencia en la Triple Frontera: "Desde que le pegaron un tiro a mi hijo no podemos vivir en paz"

Una mujer, madre de 5 hijas y un hijo, cuenta cómo es vivir en el barrio Renacer, donde son acosados constantemente por una banda del mismo barrio. Insultos, amenazas, golpes y ataques con piedras. “Tenemos que hacer las compras en otros barrios”, dice. Dicen sufrir atraques personales y virtuales desde hace más de un año.

Los problemas de A. V. comenzaron el 22 de abril de 2025, cuando a su hijo de 22 años, un trabajador de la feria de Godoy Cruz, le dieron un disparo en una pierna durante una pelea barrial.

A.V. vive desde hace 11 años en el barrio Renacer, una de las barriadas calientes de una de las zonas más calientes del Gran Mendoza: la Triple Frontera, un nebuloso conglomerado donde si uno camina unos pasos al sur, está en Luján; si va para el este, está en Maipú; y si quiere ir para el Centro llegará a Godoy Cruz.

“¿Sabés que vamos a la Triple Frontera?”, dice el aplicado chofer que lleva al periodista como si hubiera que hacer algún tipo de preparación psicológica para llegar y ver, por ejemplo, a dos solitarios “piperos” (fumadores de droga sintética) que recorren las calles de la manzana B.

La mujer muestra las denuncias que ha realizado y la carta que ha enviado al Ministerio de Seguridad.

La mujer muestra las denuncias que ha realizado y la carta que ha enviado al Ministerio de Seguridad.

Las que sí tienen graves presiones psicológicas -se les escapan las lágrimas cuando hablan- son A. V. y una de sus hijas mientras cuentan que desde hace más de un año son víctimas de los ataques de una banda conformada por hombres, mujeres, adolescentes y niños que residen en la misma barriada.

Los ataques, sostienen, son físicos (golpes), verbales (gritos, insultos, amenazas) y virtuales (las redes sociales son otra “arma” utilizada por los agresores), cuentan, mientras despliegan en la mesa de su casa una larga lista de denuncias que vienen realizando en la Oficina Fiscal de Luján, aunque vivan en Maipú.

“A mi hermano le pegaron un tiro porque empezó a tener discusiones con un amigo y luego comenzó una rivalidad y empezaron a las piñas. Hasta que un día, mi primo estaba metido en una discusión y sacaron un arma. Ya le habían sacado un arma a mi hermano, pero ese día le dispararon. Acá, en la esquina”, cuenta la joven que se dedica a la venta ambulante.

El joven baleado estuvo 6 semanas internado y, cuando volvió a su casa, las cosas habían cambiado porque después que denunciaran el ataque, “Pancho”, el presunto agresor, fue detenido y, como tenía una moto robada, todavía está preso.

La detención de Pancho fue el detonante del conflicto: Son una banda, mujeres, hombres, menores. Venden droga, le roban a los vecinos, se pelean con los vecinos”, cuenta A. V., que tiene 6 hijos, una maestra jardinera, otras son menores y van a la escuela secundaria.

“Desde ese momento, cada vez que salimos nos dicen cosas, insultos, nos tiran piedras. Vas caminando y escuchás "paca, policía, paca, policía", dice una de sus hijas que la acompaña.

“Los niños también te tiran piedras, les enseñan. A una de mis hijas le dieron un piedrazo. Hicimos la denuncia online y quedaron en llamarnos, pero a la nena ya se le curó el moretón”, ilustra la madre.

“Bueno, en uno de los videos que filmamos se ve clarito cuando viene toda la banda a atacarnos a piedrazos y justo aparece un móvil policial” agrega su hija.

¿Llaman al 911? “Sí, hay semanas que llamamos como 10 veces. Vienen y, cuando se vuelven a ir, vuelven más empoderados”, dice la mujer y agrega que su hija de 14 años filmó a los policías cuando les dijeron que si no seríamos nosotros los que le tiramos piedras a los vecinos.

“Esa vez le digo a los policías: '¿Pero qué tengo que esperar? ¿Que maten a uno de mis hijos?' Y el policía me dice: 'Bueno, ahí vamos a venir a investigar un homicidio, Nosotros no somos santas y a veces nos hemos defendido y hemos sido denunciadas'".

Cambios de hábitos

A coro, cuentan madre e hija que han tenido que cambiar sus hábitos de vida: para evitar conflictos, no pueden ir a comprar a los negocios del barrio y tienen que ir a comprar al barrio La Gloria o al Procrear y salir siempre en la misma dirección.

Y no solo eso: las ventanas las tienen tapiadas y el portón, que se lo han destruido a golpes y piedrazos, lo tienen bloqueado desde adentro para que no pueda entrar nadie.

“Tratamos de cambiar los hábitos. Esperamos a mi pareja y a mi hijo en la puerta cuando vienen de trabajar de la feria. A mi hija que es maestra y a las nenas que van a la secundaria tenemos que verlas cuando se van y cuando vienen. Siempre con temor”, cuenta la denunciante.

Triple Frontera: les destrozaron el portón los agresores.

Triple Frontera: les destrozaron el portón los agresores.

La mujer, durante una pelea con una vecina, fue denunciada e imputada por lesiones leves e incluso tiene una orden de restricción de acercamiento a la vecina. “Yo quiero que les den prohibición de acercamiento a todos los que he denunciado varias veces, Envié una carta al Ministerio de Seguridad para que me reciban las autoridades y no me han llamado”, afirma.

La situación, según dice, es asfixiante para todos los miembros de la familia y la única solución sería mudarse, pero no tienen a dónde hacerlo y, cuando han querido vender la casa, el precio es tan bajo que no alcanza para comprar otra en otro barrio.

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