29 de julio de 2017 - 00:00

Pequeñas y sutiles diferencias

El adolescente trabaja en la comprensión del “Romance de la luna, luna”, extraído del Romancero gitano, de García Lorca. Y, ni bien comienza su lectura, enfrenta los versos iniciales: “La luna vino a la fragua / con su polisón de nardos.  /El niño la mira, mira. / El niño la está mirando. ¿Cuál es significado de esa expresión ‘polisón de nardos’? El bello romance narra una historia conmovedora: la muerte de un niño gitano en una noche de luna llena; esa luna es presentada con una metáfora: ‘polisón de nardos’. Un polisón es como un miriñaque, esto es, un armazón que se ataba a la cintura de las mujeres y que servía para abultar los vestidos por la parte de atrás. Pues bien, la originalidad del poeta consiste en identificar el plenilunio con un polisón distinto, pues dice ‘de nardos’; ellos, blancos y fragantes, representan la luz de esa luna, blanca y brillante.

Y ¿cuál es la diferencia con ‘polizón’? ¿Y con ‘polizonte’? Las tres palabras no guardan entre ellas relación alguna.

En cuanto a ‘polizón’, los diccionarios académicos nos dicen que deriva de la voz francesa “polisson”, con los significados negativos de “vagabundo, ladrón”. En español, tiene dos valores, ambos con connotación negativa: la persona que se embarca en forma clandestina, por un lado, y la persona que es ociosa y que anda sin destino, de corrillo en corrillo, por otro. Durante mucho tiempo, se ha usado el término como epiceno masculino (con un solo género gramatical puede designar seres de uno y otro sexo); pero, en la actualidad, se admite como correcto el femenino ‘polizona’. Además, es posible usar, tanto el femenino como el masculino, en plural: ‘polizones’ y ‘polizonas’: “Hallaron a dos polizonas escondidas en el depósito de material en desuso”.

¿Qué sucede con el término ‘polizonte’? El vocablo figura en el diccionario académico como de uso común para masculino y femenino, con valor despectivo y con el significado de “agente de policía”. Al respecto, la Fundéu nos da el siguiente ejemplo: “Por primera vez en décadas, los asistentes a las protestas  superaban en número a los polizontes” y nos advierte que conviene recordar la connotación negativa y el carácter coloquial de la palabra, rasgos que la transforman en no adecuada para la lengua periodística.

La sorpresa en cuanto a este término es que, en el Diccionario de americanismos, obra de la Asociación de Academias de la Lengua Española, figura la forma ‘polizonta’, usada como voz popular en Guatemala y El Salvador, con el significado de “cuerpo policial”.

En distintas fuentes, es dable observar el adjetivo ‘pretencioso’ y, con ligera variante, ‘pretensioso’. Tanto uno como el otro significan “presuntuoso, vanidoso, que pretende ser más de lo que es”. Primero, pensamos que alguno de los dos estaba escrito con error, pero luego observamos que el Panhispánico de dudas da como correctas las dos formas y justifica la coexistencia de las dos grafías. Si escribimos ‘pretencioso’, nos encontramos con que esta grafía se justifica porque en el siglo XIX, se incorpora al español a partir de la voz francesa “prétentieux”; nos dice esta fuente que resulta lógica la adaptación de la segunda ‘-t-’ en ‘-c-’. Si, en cambio, escribimos ‘pretensioso’, estamos remontándonos a su etimología latina, a partir del sustantivo “praetensio” (pretensión), en vigencia en el latín medieval. Por otro lado, desde la normativa que se enseñaba en las aulas, sabíamos que los verbos terminados en –der, dan ordinariamente sustantivos derivados con –s: así, del verbo ‘pretender’ obtenemos ‘pretensión’; de ‘tender’, ‘tensión’; de ‘aprehender’, ‘aprehensión’. Y, por supuesto, toda la familia de palabras será con ‘-s-‘.

En esta regla que acabo de enunciar, alguien podrá decirme que ‘atención’ deriva de ‘atender’ y, sin embargo, va con ‘-c-’; es verdad: la etimología latina registra “attentio” y, entonces, nos explicamos que la terminación ‘-tio’ nos haya dado ‘    -ción’.

¿Por qué tenemos que escribir en unas ocasiones ‘acechanza’ y, en otras, ‘asechanza’? Si bien los dos vocablos tienen una etimología en común, pues se vinculan al verbo latino “assectari”, con los valores de “seguir, perseguir, ir al alcance de alguien”, en el español actual, ‘asechar’ y ‘acechar’ tienen significados distintos. Así, ‘asechar’ significa “poner o armar asechanzas”; para ‘asechanza’ nos encontramos con el significado de “engaño o artificio para hacer daño a alguien”. Pero… para poder urdir un engaño o tender una trampa, será preciso ‘acechar’, esto es, “observar, aguardar cautelosamente con algún propósito”. La acción de ‘acechar’ constituye la ‘acechanza, acechamiento o acecho’, definidos como “espionaje, persecución cautelosa”. Existen las locuciones adverbiales ‘al acecho, de acecho, en acecho’ que toman el valor de “observando, mirando a escondidas y con cuidado”. Si nos queremos referir al lugar desde donde se puede acechar, los vocablos de la familia podrán ser ‘acechadero’ y ‘acechadera’. Y cuando la acción de acechar se está llevando a cabo, existe el adjetivo ‘acechante’, como en la expresión “actitud acechante”.

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