14 de octubre de 2013 - 02:14

El Pastal: un pueblo de fincas en el límite con Lavalle

A 25 kilómetros del centro de la capital mendocina surge este pueblito, vecino a la ruta 40. El trabajo rural es importante. Los pobladores reclaman mejoras que están pendientes

El pueblo al que nos acercamos en esta oportunidad, El Pastal, se ubica a 25 kilómetros del centro de la ciudad de Mendoza, y pertenece al departamento de Las Heras, muy cerca del límite con Lavalle.

Se llega a él por una calle enripiada, que parte de la ruta nacional 40 o camino a San Juan. La distancia desde la cinta asfáltica principal hasta la cabecera del centro cívico es de 3 kilómetros.

Esa vía de comunicación es el gran lastre que tiene la población del lugar, porque si bien tiene un cierto mantenimiento, la base es de ripio y con el paso continuo, cualquier vehículo termina malográndose.

Varios pobladores contaron que hace unos 3 años, la Dirección Provincial de Vialidad (DPV) comenzó a intervenir en la calle con vistas a su pavimentación. Se comenzó con la obra, pero al poco tiempo, y por el corte de algunos árboles para la nueva traza, el trabajo se trabó por demandas que le cayeron a la repartición vial. Todo está parado y su estado actual, que como dijimos no es extremadamente malo, pero alcanza para que la población del lugar se vea perjudicada.

Cuando el viajero llega al punto neurálgico de la pequeña comunidad se aprecia el flamante centro deportivo y recreativo, recientemente inaugurado por la Municipalidad de Las Heras, y que se llama Cedrys N° 11. Es un progreso para la zona indudablemente.

Al lado está el Centro de Salud N° 22 Nazareno Domizzi, dependiente del Área Sanitaria Las Heras, que también tiene un local bastante decente. Uno de los médicos, el clínico Gerardo Conte, sostiene que las patologías que se atienden son las comunes y que en invierno se incentivan los problemas respiratorios.
 
Si hay que hacer algún traslado de urgencia, el inconveniente es que la dependencia no posee una ambulancia propia. Los centros de conexión o referencia son el moderno hospital Doctor Carrillo o el centro de salud de El Algarrobal.

Para el profesional el edificio tendría que ser convertido en un microhospital, con más prestaciones médicas, como un cardiólogo, un psiquiatra y otros especialistas.

Un pasado mejor

El centro del lugar se completa con algunas casas, fincas, descampados, la siempre estratégica y contenedora escuela, en este caso la N° 1-335 Javier Martínez de Rozas, y desde hace poco, un puesto fijo policial, que trajo un poco de alivio por la presencia casi permanente de personal uniformado en el sitio.

En el establecimiento escolar, la encargada de hacer la comida a los chicos, María del Carmen Said (60) es un poco la referente para contar quién es quién en la zona. "Aquí las familias antiguas, tradicionales, son los Savina, Reales, González, Rechiconi, Núñez, Pericoli, Ercolis, Granata, Córdoba, Luppo, Silva, Gauna y la mía, los Said, entre otras". Su papá, Carlos Reinaldo, ayudó a construir el establecimiento.

La escuela funciona desde 1930 aproximadamente. Aunque no está mal, le vendría muy bien una reparación general. Sí es urgente hacer el cierre perimetral, ya que no hay ningún impedimento para entrar al recinto escolar, y eso preocupa a la diligente directora Rosana Valentini. La educadora, para acceder al cargo de dirección desarrolló sus pasantías en la Martínez de Rosas, en 2003, y con los años fue transferida al establecimiento para conducirlo.

Cuando se ha habla con distintos vecinos de El Pastal, surge que El Pastal no está en la ruina, ni mucho menos, pero podría estar mucho mejor, a partir de una mejor atención municipal y otros organismos oficiales. Se aprecian propiedades rurales abandonadas, casas en la misma condición y un cierto deterioro del arbolado público.
 
A lo que hay que añadir que todas las calles y la conexión con el camino a San Juan son de tierra, y eso limita mucho, porque proveedores o prestadores de servicios restan su ingreso por la dificultad del acceso, y los empleados públicos que pueden encontrar otro destino, desertan. Sin embargo, el pueblo no quiere caerse ni quedarse.

La directora Rosana sostiene que el desarrollo del distrito debe encararse en red, es decir, con la participación del Cedrys, centro de salud, cooperativa del agua y la unión vecinal y hasta con la delegación municipal de El Borbollón.

Luis Cuenca (42), que esperaba a su hija a la salida del horario de clases, manifestó su temor de que la comarca se quede en su crecimiento y la gente se vaya. Asegura que en tiempos de su abuelo, Guillermo Cuenca, había trabajo en las fincas, el campo lucía mejor y las calles presentaban árboles sanos, que se regaban permanentemente.
 
Tal vez la de él sea una visión un poco pesimista, pero el hombre no se desentiende del entorno, sino por el contrario, manifiesta su firme intención de apoyar el crecimiento de la zona.

En la calle San Esteban encontramos a Humberto Alaniz (63). También confirma que están faltando fuentes laborales en el área. Enfrente de su casa hay un galpón de ajo, de la familia Pandolfino, que es importante, pero solo brinda empleo durante el período en que ese producto es trabajado.   Nombra algunas otras propiedades, una finca de peras y poco más… "Aquí hay mucha gente que no tiene para parar la olla", añade.

Otro aporte a la descripción del lugar lo hizo Laura Acosta Núñez. Nació en un pueblito de Granada, Albuñol, y desde 1959 vive en este paraje. Viuda hace 16 años, atiende un quiosco al lado de la escuela, con el que se entretiene y mantiene contacto con el resto de los pobladores. "De otra forma estaría encerrada en mi casa", explica.

Por la calle San Esteban hacia el sur, se ha desarrollado un asentamiento. Sus pobladores se instalaron allí y aguardan, porque dicen que les han prometido, la construcción de un barrio.

{fotorem:559715:fotorem}

LAS MAS LEIDAS