Hemos hecho lo que correspondía para modernizar, reorganizar y aportar transparencia en la Conmebol. Estoy tranquilo”, fueron las palabras que el paraguayo Juan Ángel Napout dijo el día que fue detenido por el escándalo del FIFA Gate y por el que fue condenado a nueve años de prisión -esta semana- con lo que parecía se cerraba un período nefasto para el fútbol sudamericano.
Es que Napout era el último eslabón de aquella “asociación ilícita” que se formó en nuestro continente con una pata puesta en FIFA y que tuvo a Nicolás Leoz como cara visible pero al que acompañaban los argentinos Julio Grondona y Eduardo De Luca, entre otros.
Aquella buena intención de transparencia recién está comenzando a verse ahora con decisiones firmes como la intervención de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF). El 21 de agosto, la FIFA anunció el control hasta febrero de 2019 de esa entidad tras constatar que el proceso electoral para la presidencia de la entidad no cumplía con la transparencia exigida.
La polémica por la presidencia de la AUF se desató a fines de julio cuando trascendieron audios que comprometieron la gestión del entonces presidente, Wilmar Valdez, que era también el único candidato para las nuevas elecciones y quien renunció hca un mes atrás. Pensar que la AFA, de este lado del Río de la Plata, estuvo muy cerca de ser intervenida tras aquel histórico 38-38.
Pero siempre hay un pero en el fútbol. Justo esta semana en la que los dirigentes sudamericanos recibieron a los jefes de marketing de la UEFA con la intención de aprender cómo vender mejor a nuestros productos (Copa Libertadores, Sudamericana, Copa América), desde las canchas volvieron a reflotar fantasmas del pasado. Otra vez hubo partidos que no terminaron, jugadores que se pelearon como si estuvieran jugando un picado callejero y más polémicas por las protestas de los puntos que por el fútbol propiamente dicho.
Por momentos, los memoriosos sintieron que se había retrocedido cuarenta años. Hasta la década del ‘70 en dónde cada partido internacional estaba más emparentado con una guerra que con el deporte.
Todo obviamente es responsabilidad de una organización que debería llamarse desorganización. Porque la Conmebol funciona a la perfección a la hora de imponer sanciones por pirotecnia, cobrar multas suntuosas por amonestaciones y expulsiones, ser puntillosa al cuidar que un entrenador que fue expulsado un partido no pueda ni siquiera entrar al vestuario en el siguiente para dar la charla técnica (o prohibir que un técnico con problemas de salud, como Falcioni, no pueda usar un megáfono para dar indicaciones a sus jugadores); pero como organización no es capaz de brindarles a los clubes la información actualizada de quiénes en sus planteles (formado por 30 jugadores) están habilitados y quiénes no, y desde allí se desató toda esta debacle.
Entonces así tenemos historias que serán únicas en los anales del fútbol. Porque San Lorenzo avanzó en la Copa Sudamericana tras haber perdido los dos partidos frente a Temuco y ello porque Conmebol le otorgó un partido ganado por 3-0, tras la mala inclusisión de un jugador en el equipo chileno. .
El caso de Independiente fue más o menos parecido. Empató 0 a 0 los dos encuentros, pero también beneficiado por la mala inclusión de Carlos Sánchez (ex Tomba) hizo pesar el 3-0 mentiroso para estar en la próxima fase. Racing podría haber sido beneficiado de la misma manera contra River, aunque la Academia reaccionó tarde y la goleada en contra en el partido de vuelta, hubiera llevado la serie a una definición por penales.
Boca el jueves no utilizó a Wanchope Ábila porque al parecer también estaba en esa lista de suspendidos que la Conmebol nunca comunicó.
El pasado condena a estos dirigentes y entonces uno puede pensar cualquier cosa sobre esta situación.
El fútbol es un espejo de la sociedad en estos lados del mundo, donde se habla de credibilidad, pero se muestran muchas de las carencias que sufrimos cotidianamente.
Entonces aparecen las palabras improvisación y violencia; sí, las mismas que poblaban los titulares de los medios en … la década del ‘70.