Dios, los ángeles y los santos (2)

Dios es parte de una gran cantidad de expresiones cotidianas de la lengua.
Dios es parte de una gran cantidad de expresiones cotidianas de la lengua.

Cuando una persona arregla una cosa estropeando otra, se dice que “desnuda a un santo para vestir a otro”. Lo mismo expresa la locución “quitar de un santo para poner en otro”.

Hemos considerado, en la nota anterior, las diferentes acepciones de la palabra “Dios” y el valor de distintas locuciones formadas a partir de este término. Retomamos hoy el tema: una persona puede confiar en Dios, pero en lo terreno y material, lo mejor es tener de qué alimentarse: “Después de Dios, la olla”. Pero, para desear la ayuda divina y confiar en ella, se dice “Dios dará”: “No tema, todo se va a arreglar, ya verá que Dios dará”. Análogas son las expresiones “De Dios venga el remedio” y “Dios delante”.

Nuestro amor al prójimo se puede advertir en locuciones como “Dios amanezca a usted con bien”, en que se desea felicidad para el día siguiente, y en “Dios da ciento por uno”, en que se indica que los actos de caridad traen aparejada una recompensa a quienes la practican.

Dos expresiones coloquiales nos llaman la atención: “Dios es grande” y “Dios es Dios”. Con la primera, después de sufrir una desdicha, se recurre al poder de Dios para que la remedie; con la segunda, se pretende indicar la terquedad de una persona, que no cede a la razón: “Dios es Dios, no quiere ver la solución”.

Muchas locuciones se forman con “Dios”, pero nos quedamos con algunas que usamos cotidianamente en Mendoza y que consideramos representativas: “Delante de Dios y de todo el mundo”, locución adverbial coloquial que significa “con la mayor publicidad”. Lo vemos en “Es muy honesta y todos sus actos de gobierno los lleva a cabo delante de Dios y de todo el mundo”.

La locución “sin encomendarse a Dios ni al diablo” tiene carácter adverbial y se usa coloquialmente: “Lo hizo solo, sin ayuda y sin encomendarse a Dios ni al diablo”.

El Refranero multilingüe registra “A Dios rogando y con el mazo dando”, paremia que trata de decirnos que, cuando deseamos algo, está bien encomendarse a Dios, a la Providencia, pero haciendo a la vez todo lo que esté en nuestra mano por lograr lo que pretendemos.

“Cuando Dios da la llaga, da la medicina”: da a entender que debemos esperar el remedio a nuestros males de la misma mano que nos los ha enviado. Este refrán queda emparentado con “Dios aprieta, pero no ahorca/no ahoga”, que nos insta a tener esperanzas y a aceptar o conformarse con las penurias que nos llegan porque siempre llegará una solución.

“Hacer algo como Dios manda” significa llevarlo a cabo bien, con exactitud y acierto: “No defraudó a su padre e hizo las cosas como Dios manda”.

“Sabe Dios” suele ser la expresión encabezadora que permite manifestar la inseguridad o ignorancia de lo que se trata: “Y se excusa en sabe Dios qué argumentos”.

Y, por fin, la expresión “vaya con Dios” puede usarse para dos fines: despedir a alguien y, al mismo tiempo, cortarle la conversación o el discurso, como en “Regrese con los suyos, no diga ni haga nada más, vaya con Dios”. También, manifestar la conformidad con la voluntad divina: “Se hará así, vaya con Dios”.

En el título de hoy, aparece el término “santos”, que también posee varias acepciones. No nos quedamos con las primeras únicamente: “Perfecto y libre de toda culpa” y “En el mundo cristiano, aquel que es proclamado por la Iglesia, por sus virtudes y ejemplos”. Puede significar también “que tiene la peculiar virtud de curar algunas enfermedades”: “Ese medicamento es santo remedio para el malestar estomacal”.

A veces, se usa esta palabra para encarecer el valor de algo: “Siempre realiza su santa voluntad” y “Te he estado esperando todo el santo día”. Además, “santo” puede referirse al onomástico de una persona: “Hoy se conmemora el santo del protector del pueblo”. En los libros, puede aludir al dibujo o estampa que ilustra una publicación: “Era hermoso ese devocionario con tantos santos”.

¿Y cuándo se usa la expresión “a santo de qué”? Se trata de una locución adverbial con el significado de “con qué motivo, a fin de qué, con qué pretexto”: “Nunca supe a santo de qué trajo a colación ese tema para discutir”.

En cuanto a frases, encontramos que la buena o la mala suerte, respectivamente, se indican con las expresiones “el santo de cara” o “el santo de espaldas”.

La contraseña se puede mencionar si se pide “santo y seña”: “Para acceder, es necesario hacer conocer tu santo y seña”.

Si una persona se apropia de todo, tanto de lo propio como de lo ajeno, se dice que “se alza/carga con el santo y la limosna”: “Fue sumamente deshonesto porque se cargó con el santo y la limosna”.

Una actitud crítica frente a alguien exagerado en sus prácticas religiosas se advierte en la locución “se come los santos”: “Es un hombre que vive yendo al templo, se come los santos”. Y cuando la persona arregla una cosa estropeando otra, se dice que “desnuda a un santo para vestir a otro”: “Pide aquí, pide allá, no genera verdaderos recursos, sino que desnuda a un santo para vestir a otro”. Lo mismo expresa la locución “quitar de un santo para poner en otro”.

Nuestra memoria suele jugarnos malas pasadas; de ello da cuenta la locución “írsele a alguien el santo al cielo” pues señala que se le olvidó lo que iba a decir o lo que tenía que hacer: “Es mejor que haga ejercicios para la memoria porque, permanentemente, se le va el santo al cielo”.

Si una persona no es merecedora de nuestra confianza o no se la tiene por buena, se dice que “no es santo de nuestra devoción”: “No la votaría porque no es santo de mi devoción”. Y la burla, el engaño o el maltrato a alguien quedan reflejados en la locución “jugar al santo mocarro/macarro”.

Por fin, para rogar encarecidamente algo, la fórmula que se usa es “por todos los santos” o “por todos los santos del cielo”: “Que se castigue a los culpables, por todos los santos”.

*La aurora es Profesora Consulta de la UNCuyo

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