No conocía la fatiga, menos cuando se trataba de hablar de tango. Él -junto a su esposa Ana- formaban la pareja rastreadora, la dupla aventurera de un afán: escribir la historia del tango en Mendoza.
No conocía la fatiga, menos cuando se trataba de hablar de tango. Él -junto a su esposa Ana- formaban la pareja rastreadora, la dupla aventurera de un afán: escribir la historia del tango en Mendoza.
Esa pasión - con los medios que supieron conseguir, con altibajos y limitaciones- se concretó en la publicación de los tres volúmenes de "Tango en Mendoza" y una gran cantidad de recitales y actividades tangueras.
"Él tango por sí solo no existe, vive en las personas. Es llorón y perverso, mentira y verdad, amor y desamor, abarca todo". Así solía declamar Tito Gelfman, estuviese o no frente al piano.
"La gente viene y se sube al escenario, venciendo la resistencia y el pánico escénico. En vez de cantar en el baño o en la cocina, vienen al Ateneo, hacen su público y forman un repertorio. Después salen afuera y empiezan a habilitar cafés y teatros. Así se van desarrollando como profesionales del tango. Cumple la función de entidad intermedia que antes cumplían los clubes, cuando el tango se vivía en la calle", explicaba Tito acerca de ese refugio que significaba el Ateneo.
Farmacéutico de profesión y pianista de vocación, Jaime "Tito" Gelfman nació en Rosario pero eligió a Mendoza como lugar de pertenencia. Había vivido en Buenos Aires y, diez años atrás, trajo el aroma de los cafés y la bohemia de las milongas.
De la mano de Ana, hizo el caminito de las bibliotecas populares con la motivación de difundir y expresarse a través de la música ciudadana. Y lo transitaron, junto a nombres como Jorge Sobral, Dante Gilardoni, Néstor Marconi y Zita Troilo, entre otros.
Fue Horacio Ferrer el que selló uno de los momentos más felices de su trayectoria, cuando fueron nombrados miembros de la Academia Nacional del Tango.
En los últimos dos años, Tito continuó componiendo. De hecho, recopiló diez de sus piezas en el disco "Tangos consentidos de cotorros y bulines", que difundió en el Ateneo.
"Son 'tangos consentidos' en dos aspectos: consentidos por mí para grabarlos, después de un proceso de madurez musical, y 'con sentidos', porque dicen cosas", explicó.
Entre "Flor y nata", "PoeTango", "Escala", "Valecuatro", "Rojinegro", asoma una obra compuesta en 2001, "Tango en crisis".
"Esa composición no solo nace de la crisis social, sino fundamentalmente de la crisis en la que estaba entrando el género. Horacio Salgán dijo que el tango tiene un aspecto fundamental: el ritmo debe llevarse con dos elementos típicos, el piano o el contrabajo. Todo lo que no se hace de esa forma, no debería llamarse tango. Hoy hay penetración de ritmos de un tipo de música que viene envasada", pensaba.