23 de octubre de 2026 - 09:45

Una pareja pasó tres años construyendo con botellas recicladas para tener su propia casa y recibió ayuda de 16 voluntarios para terminarla

Matt Ellis y Kate Tucker construyeron una vivienda sostenible en Tasmania, Australia, con paredes de tierra compactada, botellas de vidrio recicladas.

Matt Ellis y Kate Tucker querían dejar atrás la vida en Melbourne y construir una casa en el campo donde pudieran vivir con sus dos hijos. En 2019 encontraron un terreno de una hectárea y media cerca de Cygnet, Tasmania, y decidieron desarrollar una vivienda inspirada en el concepto Earthship, que combina materiales naturales, elementos reciclados y sistemas para reducir la dependencia de los servicios tradicionales.

La obra comenzó en agosto de 2022 y debía completarse en unos 15 meses, pero los contratiempos extendieron el proyecto hasta casi tres años. Cuando la falta de dinero y las demoras pusieron en riesgo sus planes, la pareja convocó a personas interesadas en aprender técnicas de bioconstrucción. En octubre de 2024, 16 voluntarios trabajaron durante siete días para ayudarlos a avanzar con la vivienda, que finalmente quedó terminada en julio de 2025.

El proyecto de una casa sostenible en Tasmania

La pareja compró el terreno por 330.000 dólares australianos, una alternativa más accesible que las propiedades que habían buscado en Melbourne. Su idea era construir dos casas similares en el mismo predio una para su familia y otra para el padre de Matt. Ambas fueron diseñadas por Martin Freney, un profesional especializado en viviendas Earthship.

Este modelo de construcción surgió en Estados Unidos durante la década de 1970 y propone aprovechar materiales naturales y reciclados, controlar la temperatura interior mediante estrategias pasivas y producir parte de los alimentos en un invernadero integrado. También busca generar energía, recolectar agua y tratar las aguas residuales. En el caso de Matt y Kate, el objetivo fue adaptar estos principios al clima de Tasmania con una estética contemporánea.

Botellas de vidrio en las paredes y tierra compactada

Uno de los rasgos más llamativos de la vivienda son los bloques hechos con botellas de vidrio recicladas, integrados en las paredes interiores. Las botellas dejan pasar pequeños destellos de luz azul, verde y blanca, y aportan un detalle decorativo que contrasta con los tonos naturales de la construcción. No toda la casa está hecha con botellas: estas forman parte de determinados sectores de las paredes.

La estructura combina paredes monolíticas de tierra compactada, que ayudan a regular la temperatura interior, con paredes internas de cob, una mezcla de arcilla local y paja. A diferencia de algunas viviendas Earthship tradicionales, que utilizan neumáticos rellenos de tierra y pisos de suelo natural, Matt y Kate optaron por una base de hormigón para adaptarse mejor al frío de Tasmania. La decisión implicó un costo mayor, pero buscaba ofrecer una solución más adecuada al lugar.

Un invernadero integrado y sistemas para aprovechar los recursos

La vivienda tiene grandes ventanales orientados al norte, una decisión que permite aprovechar la luz solar durante el día. En el interior, un invernadero recorre uno de los sectores de la casa y está pensado para cultivar frutas y verduras. El sistema utiliza aguas grises recicladas para alimentar las plantas, mientras que los tanques de almacenamiento permiten recolectar agua de lluvia.

Debajo de la construcción, la pareja instaló conductos conocidos como earth tubes, que intercambian calor con el suelo y llevan aire a una temperatura más estable hacia el interior. El proyecto también contempla paneles solares para generar electricidad. En conjunto, estas soluciones buscan disminuir la necesidad de calefacción y refrigeración, aunque el funcionamiento real depende de las condiciones climáticas, el diseño y el mantenimiento de cada sistema.

Los contratiempos y la ayuda de 16 voluntarios

El plan original empezó a complicarse cuando el carpintero que dirigía la obra sufrió una enfermedad grave. Después llegaron semanas de lluvia que frenaron los trabajos y alteraron el presupuesto y los plazos. Como ambos tenían empleos de tiempo completo y debían cuidar a sus hijos, continuar con la construcción se volvió cada vez más difícil. Además, se acercaba el final del alquiler de la vivienda en la que vivían mientras avanzaba el proyecto.

Ante esa situación, Matt y Kate convocaron a voluntarios que quisieran aprender a construir con tierra y materiales reciclados. En octubre de 2024, 16 personas llegaron al terreno para participar de una jornada comunitaria de siete días. La pareja les proporcionó comida y alojamiento, y algunos incluso durmieron en la casa todavía en obra. La colaboración les dio el impulso que necesitaban para terminarla en julio de 2025.

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