La playa de St Annes, en el Reino Unido, combate la erosión costera con un método inusual: plantar árboles de Navidad desechados para retener la arena que arrastra el viento. Esta iniciativa comunitaria busca restaurar las dunas, que actúan como una defensa natural contra inundaciones en comunidades vulnerables.
El proceso detrás de la iniciativa es sumamente simple pero muy efectivo en la práctica. Al colocar los pinos secos frente a las dunas existentes, sus ramas ramificadas ralentizan la velocidad del viento y retienen la arena soplada. A medida que la arena se acumula sobre los árboles, el montículo se eleva y eventualmente pasa a formar parte de una duna nueva.
¿Por qué perdió el 80% de sus dunas la costa de Fylde?
La urgencia de aplicar estas medidas responde a una crisis territorial histórica: la costa de Fylde ha perdido más del 80% de sus dunas originales en los últimos 150 años debido al desarrollo urbano costero. Las dunas remanentes se encuentran comprimidas entre el avance del mar y las poblaciones vecinas, incrementando el peligro de inundaciones causadas por fuertes tormentas.
Para revertir este retroceso costero, una alianza entre el Ayuntamiento de Fylde, Lancashire Wildlife Trust y el Ayuntamiento de Blackpool, financiada por la Agencia de Medio Ambiente, impulsa activamente este proyecto. Desde su inicio en 2013, los resultados han sido tangibles. En febrero de 2026, decenas de voluntarios locales sumaron más de 2.000 árboles donados para continuar la barrera.
¿Cómo se recupera la biodiversidad gracias a las nuevas dunas?
Una vez que las ramas atrapan la arena inicial, la duna comienza a desarrollarse de manera natural y autónoma. Plantas pioneras como el pasto de duna y el centeno de mar brotan en pequeños depósitos arenosos. Luego, el barrón toma protagonismo, ayudando a estabilizar la nueva duna con sus raíces profundas mientras la materia orgánica en descomposición enriquece el suelo.
Esta transición convierte la duna madura en un hábitat protegido que alberga especies únicas como orquídeas silvestres, lagartijas comunes y mariposas grayling. Amy Pennington, oficial del proyecto, resalta que estas dunas sostienen un ecosistema especializado y funcionan como "defensa costera blanda". El concejal Tommy Threlfall añade que cada árbol donado "construye defensas naturales que protegerán a las comunidades por generaciones".