7 de octubre de 2026 - 13:32

Elecciones legislativas en Estados Unidos: el plebiscito a Trump, la amenaza de la inflación y el impacto en Mendoza

Enviado especial de Los Andes. Las elecciones legislativas del 3 de noviembre podrían modificar el equilibrio de poder de Donald Trump en Washington. Mientras Mendoza depende del vínculo comercial con Estados Unidos, el acuerdo alcanzado con la Argentina todavía no fue ratificado por el Congreso nacional..

Enviado especial de Los Andes. En Washington la política se lee en las ventanas. En los barrios residenciales casi no hay cuadra sin un cartel de campaña clavado en el jardín, ni una bandera del orgullo o de Black Lives Matter colgada del porche. Basta bajar hacia la zona de los monumentos, limpia e imponente como uno la imagina, para que cambie el paisaje: ahí mandan las banderas de Estados Unidos y los eslóganes de Donald Trump. Y repartidos por toda la ciudad, más soldados de la Guardia Nacional de los que esperaba ver, en un despliegue del que acá nadie habla en voz baja.

Llegué hace dos semanas y fue lo primero que aprendí: esta ciudad tiene dos países adentro. Lo segundo fue más raro. La capital más politizada que conocí se queda afuera de la pelea, porque sus 700.000 habitantes pagan impuestos federales y carecen de un solo legislador con voto en el Congreso que tienen a la vuelta de la esquina.

El resto del país sí vota, y vota en un mes. El martes 3 de noviembre se renuevan los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de las 100 bancas del Senado, en una elección que funciona como plebiscito sobre los dos primeros años del regreso de Donald Trump. Los pronósticos apuntan todos para el mismo lado. El modelo de Decision Desk HQ les da a los demócratas un 75% de probabilidad de ganar la Cámara baja y un 54% de quedarse con el Senado, que se define en cinco estados parejos: Ohio, Iowa, Maine, Texas y Alaska. Cuatro de esos cinco los ganó Trump hace dos años por once puntos o más. Los votantes dicen en las encuestas que su mayor preocupación es la inflación, y la aprobación del presidente tocó en septiembre un mínimo de 42%. La inflación, se ve, también desgasta gobiernos en inglés.

A un mendocino todo esto le puede sonar lejano, y sin embargo paga la cuenta. Estados Unidos fue el año pasado el segundo destino de las exportaciones de la provincia, con 259 millones de dólares, y cuatro de cada diez dólares que Mendoza le vende al mundo salen de la vitivinicultura. Cada botella de malbec que entra a este mercado paga un arancel del 10%. Si ese número sube, baja o se queda donde está se decide en esta ciudad, entre la Casa Blanca y un Congreso donde mis vecinos carecen de voto. Nosotros también. Un país sin voto en Washington tiene una sola herramienta, que es construir relaciones que duren más que una elección.

La Argentina eligió otro camino y, hay que decirlo, le rindió. Trump llama a Javier Milei “mi presidente favorito”, y ese favor se tradujo en hechos: un swap de 20.000 millones de dólares del Tesoro hace un año, cuando el mercado se caía antes de las legislativas, y en febrero un acuerdo comercial con más de 1.600 exenciones arancelarias y 80.000 toneladas adicionales de cuota para la carne. Como política de corto plazo, pocas veces una amistad pagó tanto. El problema de los favores es que tienen dueño. Cuando se anunció el swap, ocho senadores de la bancada demócrata presentaron un proyecto de ley para bloquearlo, y esa bancada es hoy la favorita para quedarse con al menos una de las dos cámaras.

Un Congreso opositor tendría poco margen para tocar los aranceles, que maneja el Ejecutivo. Tendría, en cambio, todo el margen para citar funcionarios, pedir la letra chica del auxilio financiero y condicionar partidas del presupuesto. A esa amistad el Congreso nunca fue invitado, y en un mes puede empezar a cobrar la entrada.Y acá viene la parte incómoda, que queda de nuestro lado del mapa. El acuerdo de febrero, el único papel capaz de convertir una simpatía personal en una regla estable, sigue sin ratificarse en el Congreso argentino.

Según publicó Bloomberg el 22 de septiembre, los asesores de Milei le avisaron a la administración Trump que les faltan los votos y que quieren revisar los términos. Washington ya contestó que la renegociación está descartada, y el año legislativo argentino termina en noviembre. Nos dieron el swap. Nos dieron las exenciones. Nos dieron la cuota de carne. Lo que piden a cambio es nuestra propia firma, y es lo que falta.

El 3 de noviembre los estadounidenses van a decidir con quién comparte el poder Trump durante los dos años que le quedan. Mendoza va a mirar el resultado desde afuera, igual que mis vecinos de cartel en el jardín, con una diferencia: ellos reclaman un voto que les niegan y nosotros tenemos uno, en nuestro propio Congreso, que seguimos sin usar. Ser el presidente favorito de alguien es una suerte. Los países serios la aprovechan para firmar algo que siga valiendo cuando el favorito sea otro.

*El autor es estudiante de Economía y Becario en Washington, Estados Unidos.

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