12 de octubre de 2014 - 00:00

Mendoza, anémica de ideas

El autor afirma que tanto a nivel público como privado, en la provincia no hay iniciativas que logren hacerla recuperar el protagonismo que tuvo en décadas pasadas. Minería y la modernización de ProMendoza.

Por estos días comenzó el debate legislativo para analizar dos proyectos mineros ubicados en el departamento de Malargüe y hemos asistido a una nueva muestra del modelo cultural mendocino, falto de ideas, lleno de miedos y con una actitud claramente paralizante de cualquier iniciativa.

La provincia viene mostrando una paulatina pero persistente decadencia que la hizo perder preponderancia a nivel regional y nacional y no toda la culpa es de los políticos. También la actividad privada goza de los mismos vicios.

La existencia de yacimientos mineros en Mendoza fue relevada en la década del ‘60 del siglo pasado en un programa que quedó plasmado en el Plan Cordillerano. Desde entonces, por falta de políticas, de reglas claras, de avivadas y carencia de financiamiento, nunca la minería importante se desarrolló.

Cuando se sancionó la Ley de Inversiones Mineras, en la década del ‘90, Mendoza adhirió pero, pese a que llegaron muchas empresas mineras a instalarse en la provincia, nunca se pudo coronar ninguna inversión y perdimos una oportunidad histórica. Nunca los precios de los metales habían estado tan altos y ahora habrá que esperar un nuevo ciclo para aprovechar la oportunidad.

Lo que se debate ahora es la reactivación de minas que quedaron abandonadas cuando los precios internacionales bajaron, y volvemos a viejas prácticas y consignas que hacen aparecer a la minería como la fuente de la muerte.

Como toda actividad humana, la minería puede ser contaminante. Hace poco, el Departamento General de Irrigación detectó actividades contaminantes en más de 100 empresas vitivinícolas, pero parece que hay contaminaciones nobles sobre las cuales nada se dice.

Razonablemente, Mendoza debe cuidar todo su ambiente y exigir que cualquier actividad sea sustentable y amigable con el ambiente, pero ello no implica prohibir, sino establecer reglas y sistemas de control.

Mendoza fue la primer provincia en tener una Ley de Medio Ambiente, en exigir declaraciones de impacto ambiental para cualquier emprendimiento de cierta envergadura pero en ningún caso se planteó la prohibición, porque es, básicamente, inconstitucional, salvo que sean actividades ilegales, que no es el caso de la minería.

Por eso debe profundizarse el establecimiento de estructuras de policía ambiental para controlar todas las actividades, conforme a la ley, pero no partir de la prohibición por definición porque cerramos la puerta a actividades muy interesantes por el valor que agregan y la generación de puestos de trabajo.

Todos los que piden prohibir no se dan cuenta que Mendoza necesita ampliar su matriz productiva para asegurar más empleo ya que las actividades tradicionales ya no pueden traccionar la necesaria demanda de mano de obra para contener a todos los mendocinos que cada año se incorporan a la actividad productiva.

En el caso de la minería, implica el desarrollo de actividades y el uso de sustancias que son potencialmente contaminantes pero por ello no se pueden prohibir sino que se debe reglamentar claramente la forma de proceder con ellas para evitar contaminación y establecer el sistema de control.

Lo mismo ocurre con el agua. Si el requerimiento es alto, debería exigirse el tratamiento posterior a su uso ya sea para ser reutilizada o para ser entregada al Departamento General de Irrigación para que la administre. De hecho, hay muchas actividades que podrían utilizar agua reutilizada sin ningún problema.

Antes de prohibir hay que pensar como ordenamos las actividades para que sean posibles.


ProMendoza sin rumbo
ProMendoza fue fundada como una fundación e integrada por sectores públicos y privados. Fue la primera iniciativa que aunaba esfuerzos de ambos sectores para promocionar el comercio exterior de Mendoza.

En aquellos años, las exportaciones eran anémicas y casi dependíamos en todo del mercado de Brasil. Durante muchos años el principal producto de exportación fue el ajo.

Aquella iniciativa quedó institucionalizada y fue útil en momentos en los que fue necesario buscar nuevos destinos. No es posible determinar si fue por su influjo o por las políticas nacionales y cambiarias, pero las exportaciones crecieron y muchos empresarios se volcaron a las ventas externas.

En esos años, ProMendoza fue formadora de recursos humanos de gran calificación, que no existían en la provincia, muchos de los cuales hoy están en la cantidad privada con el conocimiento, la experiencia y los contactos que les dio la empresa.

Pero mientras se crecía, ProMendoza siguió haciendo lo mismo cuando los escenarios habían cambiado y la tecnología posibilitaba hacer cosas distintas.

Hoy nos encontramos con que se han cerrado la representaciones que tenía en el exterior, a pesar que en la mayoría de los casos se habían instalado en espacios prestados, ya fuera de consulados, embajadas o del Banco Nación.

Y lo más sintomático es que se argumenta que los resultados no habían sido positivos y que las pequeñas y medianas empresas no habían usado los servicios de estas oficinas. Y es lógico.

Para poder exportar hay que tener productos exclusivos y especiales, como pueden ser vinos, pero hay que tener escala y espaldas financieras y no cualquiera puede acceder a estas condiciones.

Y los que tienen esos requerimientos, no necesitan los servicios de ProMendoza porque ya se han profesionalizado y tienen escalas y estructura para hacerlo solos.

A esta altura de los acontecimientos es necesario que los sectores privados y el sector público se sienten a redefinir el funcionamiento de la institución que debe ser preservada pero actualizada en cuanto a sus objetivos y métodos operativos.

Hoy debería pensarse en utilizar redes de e-comerce disponibles en Mendoza, como es Trade Point, la red de centros de comercio virtuales de Naciones Unidas.

De la misma forma, habría que diseñar modelos de consorcios de exportación que permitan a los pequeños adquirir escalas y establecer fideicomisos para facilitar el financiamiento.

Con estas herramientas no es necesario hacer costosas misiones comerciales, cuando hoy se pueden hacer rondas de negocios virtuales o teleconferencias que acortan las distancias.

El comercio exterior actual requiere de más inteligencia y del uso de herramientas modernas y ProMendoza solo será salvada si es nutrida de dichos instrumentos y se reformulan sus objetivos. De lo contrario, se sumará, lastimosamente, al gasto público improductivo.

Rodolfo Cavagnaro - Especial para Los Andes - [email protected]

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