miércoles 2 de diciembre de 2020

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En el centro, Marcelino. El jugador de Lanús no se olvida de sus orígenes. La escuelita de fútbol de Palmira lleva su nombre. / archivo
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La historia soñada que hizo feliz a todo un pueblo: Marcelino Moreno, el pibe que encadenaba gambetas

El talentoso volante mendocino acaba de pasar al Atlanta United, de la MSL, a cambio de 7 millones de dólares para Lanús. Además, Atlético Palmira recibirá 90000 de la misma moneda. La vida de un pibe que elegía pasar desapercibido y que encontró en el fútbol la forma de expresarse.

  • miércoles, 23 de septiembre de 2020
En el centro, Marcelino. El jugador de Lanús no se olvida de sus orígenes. La escuelita de fútbol de Palmira lleva su nombre. / archivo
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Siempre tuvo unas piernas flacas; flaquísimas. Quizás solo por eso no pasó una prueba que hizo Boca Juniors en Mendoza el día previo a su debut en Primera División. Porque talento tenía. De sobra. Cómo en el pan y queso del barrio, donde nunca era la primera opción. Sin embargo, a fuerza de gambetas y quiebres de cintura, encadenó una melodía que lo llevó a bailar en los más increíbles escenarios.

Damián Marcelino Moreno es el mendocino del momento. Nacido en Chapanay, en el departamento de San Martín, forjó su carácter a orillas del ferrocarril General San Martín. Allí, en su barrio natal comenzó a escribir una historia que, a sus 25 años, lo embarca en una nueva aventura: jugará en el Atlanta United, de la MLS de los Estados Unidos, a cambio de 7 millones de dólares para Lanús. Mientras, Atlético Palmira, “su” Atlético Palmira, donde brilló en la Primera División de la Liga Mendocina antes de partir al “Granate”, recibirá una cifra millonaria: 90 mil dólares (más de 12 millones de pesos) por derechos formativos.

Un adolescente Marcelino durante su estadía en el Atlético Palmira. Su talento llamó la atención de los grandes clubes y hoy vive un presente fantástico. /archivo

Hace un tiempo volvió al Este provincial para ver un partido y la emoción lo embargó por completo. “Me pasaron muchos recuerdos por la cabeza; la gente me recibió con mucho cariño y estoy agradecido”, contó a colegas que lo entrevistaron aquella vez.

Quizás por eso, porque nunca pudo irse del todo, hace un tiempo, en medio de unas vacaciones, pasó una semana entrenando junto al plantel aurinegro y donó 9 pelotas de fútbol al club.

En el Jarillero debutó en 2010, de la mano de Juan Carlos Bermegui, donde comenzó a mostrar su talento. Sus gambetas le trajeron uno de los tantos apodos que se ganó en su carrera: Marcedinho, por su admiración por Neymar, a quien intenta copiar movimientos.

Quienes lo conocen, aseguran que su timidez e introversión lo hacen pasar desapercibido. “Mi mamá le tenía que decir que comiera. Era demasiado callado; casi no se oía”, contó en varias ocasiones Facundo Tersigni, uno de sus más grandes amigos, quien le confió al sitio Conexión Deportiva que “Marcelino era un fenómeno; era distinto porque hacía cosas con la pelota que los demás chicos de su edad no podíamos hacer. Les pegaba un baile tremendo a todos. Me uní a él porque entendía el fútbol muy fácil y quería que me las pasara todas a mí”.

La historia en sus comienzos tuvo algunas carencias y el empuje de algunos dirigentes y colaboradores “jarilleros” le permitió a Moreno debutar en el club. De aquellos tiempos donde no había dinero ni para el carnet de la Liga casi nada queda, aunque el pibe siga siendo el mismo que solía disfrutar, cuando algunas monedas sobraban, de la gaseosa con sus compañeros a la salida del entrenamiento.

Marcelino Moreno, natural de Chapanay, la rompió en Lanús y seguirá su carrera en la MLS. / archivo

En octubre de 2011 llegarían las luces de la Gran Ciudad y una nueva cita con Boca Juniors. “Fuimos con Marcelino al predio de Boca en Ciudad Evita. Había sido elegido, pero el cambio de autoridades provocó la salida de algunos entrenadores y se perdió el contacto”, explicó Guillermo Mathus, hoy jefe de prensa del club esteño.

En 2013, ojeadores de Lanús posaron sus ojos en él y todo cambió para siempre. Sus corridas y gambetas se trasladaron al Sur del Gran Buenos Aires, donde realizó la pretemporada con el plantel de Primera División, bajo las órdenes de Guillermo y Gustavo Barros Schelotto.

“Llegué con 17 años, edad de quinta división, y la verdad es que tuve mucha suerte de que me aceptaran porque es difícil que un club te acepte con esa edad. Ese día tuve que viajar 15 horas. Llegué y entrené. Después me tuve que volver a subir a un colectivo para viajar a Chacabuco de pretemporada”, rememoró hace unos meses el mendocino. 

Algunos inconvenientes personales derivaron en 2015 en un préstamo a Talleres de Córdoba, que aquella temporada iba a ganar el ascenso a la Primera Nacional. “Donde más rindo es de media punta”, aseguró en su llegada a la provincia mediterránea. Sin embargo, varias lesiones lo marginaron y no fue utilizado por el entrenador, Frank Darío Kudelka. El resto de la temporada la pasó en la Cuarta División de la “T”, donde nunca pudo despegar.

En su vuelta al Granate, Marcelino encontró el salvoconducto que le iba a permitir su debut en Primera División: Jorge Almirón en la dirección técnica. Fue el 19 de julio de 2016, por los 32avos de final de la Copa Argentina, ante San Martín de Formosa. Su primer grito de gol se iba a demorar más de la cuenta: 81 partidos. Y un nuevo entrenador: Luis Zubeldía. Fue en la fecha 24 de la Superliga 2019-2020, ante Belgrano de Córdoba. Desde entonces sumó seis gritos en 112 partidos en Primera División, ganó una Copa del Bicentenario y una Supercopa Argentina (ante River Plate) y disputó la final de la Copa Libertadores 2017 que finalmente ganó Gremio de Brasil. Todo con un vértigo similar al que imprime cuando toma el balón sobre la derecha y encara.

Fue la llegada de Zubeldía al Granate lo que le permitió explotar como nunca su faceta ofensiva. Todos sus gritos de gol surgieron bajo la dirección técnica del pampeano. “Me dio la camiseta; me dijo ‘jugá que sos crack’”, confió hace un tiempo Marcelino.

En estos últimos tiempos, mientras el coronavirus marcó un punto de inflexión en el mundo, el sanmartiniano aprovechó como nunca el confinamiento para disfrutar de su hijo Lautaro y de su familia. “Aprendí a cocinar, juego a la play y al Fortnite”, dijo en mayo, cuando la pandemia empezaba a preocupar.

El mendocino será el reemplazante de su coterráneo Gonzalo Martínez en el Atlanta United. a Palmira le quedarán alrededor de 90 mil dólares. Histórico. / archivo Internet

Desde entonces, aquel pibe que corría junto a las vías del ferrocarril San Martín sostiene su carácter tímido y silencioso. Prefiere hablar dentro de una cancha, con la pelota pegada al pie derecho.

Ahora llegó el tiempo de cambiar de colores y el Atlanta United lo espera ansioso. A tal punto llegó la locura por Moreno que el sitio @soccerdownhere se comprometió a donar todas las ganancias que se obtengan de la venta de una bufanda con los colores del United y la frase “Bienvenido, Marcelino; Atlanta es familia” al Atlético Palmira. ¿El costo? 25 dólares.

En la MSL tendrá la difícil tarea de reemplazar a otro mendocino, Gonzalo Martínez, quien eligió emigrar al Al-Nassr, de la Liga Profesional Saudí de Arabia Saudita. Pero, claro, esa es otra historia.