30 de julio de 2013 - 10:20

Sal marina, andina y rosa de Himalaya, ¿qué nos aportan?

Desde la perspectiva de la Biofísica, una de las claves de la salud de nuestro organismo está relacionada con el aspecto energético que interviene en sus procesos internos. Aquí, las diferencias que existen entre las diferentes sales.

Por

Mariana Di Leo

Uno de los aspectos de la biofísica relacionado con este tema, es la implicancia de sus conceptos en el campo de la nutrición.

Sabemos que la vida sobre la tierra se generó a partir del plasma marino, combinación básica de agua y sal, y que esta sigue siendo la base de los fluidos internos de vegetales, animales y humanos. El plasma sanguíneo de los mamíferos necesita ese equilibrio original para sostener las funciones vitales.

A imagen del planeta, somos 70% agua,(pero no cualquier agua), y 1% sal, (pero no cualquier sal).

Sumado a esto, la biofísica también hace referencia al campo de vibración electromagnética de cada elemento. La sal marina posee 84 elementos constitutivos alojados en su estructura  cristalina, mientras que, la sal refinada de mesa ha sido artificialmente reducida a dos  elementos, cloro y sodio. Por tanto, electromagnéticamente se ve también reducida.

Según comenta la doctora Claudia Marchi, médica deportóloga y nutricionista, “la sal de mesa, tiene agregado de iodo artificial y hay varios estudios científicos que han demostrado que esto favorece la producción de tiroiditis a largo plazo. También es importante destacar que ha habido en los últimos años un incremento en las cifras de cáncer de tiroides, que puede tener que ver con la exposición a los rayos X, pero el tema de la sal debería estudiarse más a fondo porque tiene correlación directa”.

Es interesante conocer estos datos para saber discernir entre productos y balancear nuestra

ingesta de sal. Es bien sabido, que el exceso de sodio es muy dañino y que en general se sugiere añadir sal de menos que de más. Sin embargo, en nuestros tiempos han resurgido otros productos antiguos y a la vez novedosos por su resignificación en cuanto a su aporte integral. Es el caso de la sales marina, rosa del Himalaya y andina.

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Si bien, salvo esta última, las demás suenan un tanto lejanas a nuestra tierra mendocina, están disponibles en dietéticas y almacenes ecológicos de nuestra ciudad como “Vida Plena” y suelen

encontrarse en estantes bajo la leyenda de “productos orgánicos”.

Acerca de la sal rosa del Himalaya, se trata de un producto 100% orgánico y natural, que posee

esta tonalidad y proviene de los depósitos y yacimientos que se  formaron en la orogénesis de

estas montañas.

Sin embargo, de Los Andes bolivianos, también se aprovecha una sal riquísima en minerales dada a conocer como Sal Andina. Por algo se dice, que en esta nueva era en que vivimos, la energía espiritual de los Himalayas se ha trasladado a Los Andes, por lo que ya no hace falta

viajar a la India, ¡mejor conectarse con nuestras tierras andinas!

Otro aspecto importante de la sal marina, es su capacidad de almacenar la energía fotónica del

sol. Los quantos de luz se almacenan en sus cristales, pasando luego al estado líquido cuando sus moléculas se recombinan con el agua. Por esto, cuando los biofísicos hablan de la solución

obtenida por mezcla de agua con cristales de sal de roca, hablan de “sol líquido”.

Entonces, ¿cómo ordenamos de mayor a menor, estas sales de acuerdo a la calidad del aporte que brindan a nuestro organismo?

En primer lugar están los cristales de sal andina que muestran una estructura cristalina  equilibrada, sin sombras o bordes ásperos.

El cristal no se aísla de los elementos minerales constitutivos, sino que se conecta con ellos en

estado armonioso. Esto indica un contenido de energía equilibrado y fácilmente metabolizable que nos da una ganancia neta de energía y esfuerzo nulo en el proceso de asimilación.

Le sigue la sal marina, sus cristales de simple evaporación son irregulares, con estructuras cristalinas aisladas y desconectadas de los elementos naturales que los rodean. Por lo que sus minerales presentes exigirán del organismo un gran expendio de energía para metabolizarlos. El balance será ligeramente positivo, dada la pérdida de energía requerida para su asimilación.

Finalmente los cristales de sal de mesa refinada se muestran artificiales y aislados entre sí. No hay estructura cristalina vital y faltan los minerales complementarios.

El organismo debe gastar grandes cantidades de energía para neutralizar su reactividad, sea por medio de reservas minerales orgánicas, como de agua intracelular. El balance de su ingesta es negativo, pues hay drenaje de reservas y energía, no hay aportes y además hay aumento de toxicidad corporal.

Finalmente, quienes disfrutamos de los sabores genuinos de cada alimento debemos tener en cuenta que el exceso de sal, a largo plazo, distorsiona el gusto. Por todo esto, que el toque de sal sea preciso y si no, como dice la expresión: “tiene salero” haciendo referencia a la gracia de una persona, ¡echémosela toda a nuestra personalidad!

Asesoraron: Lic. Claudia Marchi, (médica deportóloga y nutricionista) y Lorena Farina de “Vida Plena” Almacén Ecológico

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