30 de abril de 2016 - 00:00

Mariana Enriquez: ¿Le temes a la oscuridad?

Escribió su primera novela, “Bajar es lo peor”, a los 21. Diez años después, volvió a la ficción, estremeciendo a la narrativa argentina con relatos valientes, impregnados de lucidez y terror. Ahora, mientras presenta su último libro de cuentos, con éxito

"Vos también te cortás?”, le pregunta en voz baja una nena de ojos enormes, acercándose demasiado a su cara.

Dentro de la escuelita del pueblo al que la han invitado para hablar de su literatura, ese “también” la arroja hacia una esfera de complicidad. Junto a la nena autolascerada, ya no existe el ruido del recreo y la ansiedad de las maestras por comenzar la charla con “la escritora”.

“No, yo no me corto” -susurra Mariana seria. Sabe que no es una broma ni una prueba. Se reconoce de algún modo en esa cara. La nena suspira, decepcionada. Así que agrega con sinceridad: “Pero he tenido problemas”.

“¿Y se van?”, interroga la pequeña atormentada. A Mariana se le cruza por delante de los ojos la película de su vida, situaciones límite, pánicos, fobias, las épocas del Búkaro (el boliche donde perdió la noción del tiempo), la magia negra, el dark, la muerte del padre, la historia argentina. La alivia con la ternura de la experiencia propia: “Sí, querida, es una etapa, va a pasar”.

Ahora que los adolescentes le piden fotos, autógrafos, la besan, ella recuerda ese contacto. El “¿vos también te cortás?” no sólo es una confesión, es un vínculo. No lo dice, pero sabemos que, más allá de sus problemas, esa criatura ha leído en sus cuentos la posibilidad de sentirse menos sola, menos anormal, menos freak. Y ha buscado ayuda en una mínima entrevista susurrada que las hermanó en la puerta de un aula de General Villegas.

En la ciudad mendocina a donde ha sido invitada a lo mismo, los alumnos la esperan con una sorpresa: han hecho una adaptación teatral de su escalofriante cuento “La casa de Adela”. Lástima que no puede verla porque una inesperada tormenta de granizo acaba de volar el techo de la escuela.

Pero es el Festival Nacional de Literatura y los alumnos, igual, la van a ver. La escritora de “Las cosas que perdimos en el fuego”, menuda y de negro, parece más nena. Una Alicia dark que venía a leerles en el Laberinto de Borges sino fuera porque la lluvia  trasladó todo a la Biblioteca Mariano Moreno, una casona empapelada de libros que tiene el aura de resguardar el tesoro cultural de San Rafael.

“Muchos fans”, le guiñamos. Está conmovida por el techo volado; algo rara por el éxito. Nos damos cuenta de que Mariana escribe desde las vísceras y que, desde ahí, también es leída. Teje historias que tiran de los nervios más internos: el juego con la muerte, la culpa, el miedo, la incorreción, la aventura, lo que seduce, lo que apesta, lo que llama detrás del espejo.  Sus personajes se atreven a mostrarnos un territorio espeso y fascinante debajo de la fachada de lo real.

Se ha dicho que Enriquez transforma géneros literarios en recursos, desde la novela negra hasta el realismo sucio, pasando por la crónica y el humor. “El terror, en sus cuentos, se desliza como un jadeo de agua negra sobre baldosas al sol”, ha escrito Leila Guerriero.

Pongamos por caso el primer relato de su último libro: “Un chico sucio”. Se ambienta en Constitución, pleno siglo XXI. Una mujer de clase media que habita en una vieja casa se maneja por las calles del barrio con el orgullo de conocer los códigos y saber evadir peligros. Una noche, tiene contacto con un niño que duerme frente a su ventana, junto a una madre adicta, en la intemperie.

El cruce entre estos personajes abre la puerta a otra dimensión, el tejido de creencias, maldiciones, fuerzas inentendibles y complejas que circulan entre la aparente geometría de ese vecindario. “- El gaucho es bueno- dijo-. Pero el otro no.

Lo dijo en voz baja, mirando las velas.

- Qué otro - le pregunté.

El esqueleto - me dijo-. Allá atrás hay esqueletos. 
En el barrio, 'allá atrás' es una referencia al otro lado de la estación, pasando los andenes, ahí donde las vías y sus terraplenes se pierden hacia el sur".

Una vez que se desencadena lo siniestro, la protagonista se enfrenta a sus propias contradicciones. Ya no se autopercibe como la princesa que vive en su castillo sino como la loca que se encierra en la torre. Y en esto, Enriquez reaviva una certeza heredera de “La Casa Usher” de Poe, la maldición de entender que -a pesar del mal circundante- el horror está sobre todo adentro nuestro.

Detrás del espejo

A los 21 años publicó su primera novela, "Bajar es lo peor", y su nombre comenzó a propagarse como el de "la escritora más joven del país".
Licenciada en Comunicación Social y subeditora del suplemento Radar, Enriquez  tira las cartas (el tarot de thot, el de Aleister Crowley) y tiene parientes correntinos que creen en fantasmas.

Ha escrito en las revistas TXT, La Mano, La Mujer de mi Vida y El Guardián. También participó en radio, como columnista en el programa “Gente de a pie”, por Radio Nacional. Ha dictado talleres de escritura en la fundación Tomás Eloy Martínez y ha sido jurado de concursos literarios.

Se aburre rápido. Tiene una biblioteca enorme, con pilas de libros de terror.  Se ha empeñado en conseguir la obra de Faulkner, M John Harrison, Shirley Jackson, las Brönte. “Stephen King, claro. Y un peruano que amo que se llama Oswaldo Reynoso. Ah, y Dennis Cooper”.

Sus relatos han aparecido en antologías de España, México, Chile, Bolivia y Alemania. Su novela “Cómo desaparecer completamente” está traducida al alemán.

Se casó hace 12 años con un ciclista australiano que ha recorrido mucho mundo en dos ruedas. Lo conoció haciéndole una nota. Hoy viven juntos en Parque Chacabuco. Él da clases de inglés. Se ríen de lo mismo.

En un descanso del Filba, Mariana cuenta en qué se está metiendo:  “Ocultismo. Vuelvo a escribir portagonistas hombres. Hay una secta, magia negra, pero también vida cotidiana, en los 80 y 90.

Estará ambientada en Corrientes, Misiones, Londres y Buenos Aires. Es ambiciosa, lo sé”.  Por ahí van las claves de su próxima novela. “¿Es que cómo contar la historia argentina? ¡Terror!”, dice encongiéndose de hombros, con una lógica letal.

Las cosas que perdimos en el fuego
Año: 2016
Editorial: Anagrama

LAS MAS LEIDAS