Maluko: el reggae en el espejo

Matías Torres ha regresado a su tierra natal para tomar envión: esta noche lanza su nuevo CD, “León del Caribe”. Hoy en el Le Parc.

El reggae es paz y amor, conciencia y una lista kilométrica y políticamente correcta de clichés, pero es, sobre todo, música. En Argentina estamos como predestinados a ver el género desde el roots e intentamos entender (por más que las estrategias de marketing lo ceban como moda) que no es dreadlocks, marihuana y la bandera de Etiopía, nada más. Hay, claro, gente que trasciende esa cosa estereotipada, Dancing Mood, Resistencia Suburbana,  cierto Fidel Nadal.

Acá se desarrolló con características propias interactuando con el rock local hacia las playas del mestizaje. Podemos hablar de subgéneros y todo, pero el reggae tiene que ser estilo, personalidad y, fundamentalmente, canción.

Maluko hace eso: canciones. Las hace surfeando entre Mendoza y Santo Domingo y sobre las influencias musicales del flamenco, la bossa, el pop rock.

Si bien este viajero de rastas rubias y piel tostada llegó a la isla con el nombre artístico de Abenader (proyecto con el que hacía pop latino y componía temas de amor en estos pagos) allá comenzaron a llamarlo con el mote brasilero del pícaro.

- ¿Qué razones les diste?

- Tener rastas, ser blanco, vestirme distinto, supongo que eso.

- Y ahora que hacés reggae, ¿te inclinás por el lover?

- Sigo cantándole al amor, pero a otra clase de sentimiento, más abarcativo, fraternal.

- ¿Qué relación tenés con el rastafarismo?

- Digamos que soy tan rastafari como el católico que no va a misa. Estoy de acuerdo con la mayoría de sus creeencias (el amor, la conciencia) pero yo como carne, no me levanto a meditar...Soy algo así como un rasta pasivo.

Su primer EP salió a la superficie en 2011, con coproducción argentina y dominicana. "Corre la voz" fue su DNI musical para subirse  a diversos escenarios de Latinoamérica, especialemnte Chile, México, Colombia, Argentina y Brasil.

Dice que el reggae le fue inoculado a través de los discos de Bob Marley pero que la verdadera "vibración" la sintió en Dominicana (país donde vive su padre) al abrir los shows de su banda admirada: Cultura Profética.

Los primeros pasos caribeños los dio trabajando para la cadena Hard Rock Café. Al cabo lo descubrió un productor dominicano y se organizó para vivir de su proyecto y expandirlo de la forma más rápida posible.

Lo cierto es que hay un pasado flamenco: la carrera de Matías Torres comenzó en realidad como percusionista y derivó en el grupo mendocino Simpecao. "Simpecao me inició en esto", consiente.  Con Abenader, su perfil melódico, también grabó disco y se fogueó en vivo.

Por estos días, Maluko se encuentra grabando su segunda producción en los estudios Fader. Esta vez, sale a la arena con "León del Caribe", álbum con el que piensa girar por varios meses e incontables escenarios.

Igual, él apunta que su domicilio está acá, en Godoy Cruz, en la casita adonde piensa volver finalmente, después de la gran aventura rítmica, a instalarse su propio estudio. Eso sí: le siguen encantando las tortitas, las callecitas godoycruceñas, las amistades que sembró aquí, "Mendoza es un lugar ideal para vivir, aunque hay que solucionar unos temas sociales".

Por ahora sus preocupaciones son el lanzamiento de "León..." y la gira. Así que esta noche hay que despedirlo: en el Espacio Cultural Le Parc, lo acompañarán los músicos Gonzalo Gorordo, Joaquín Pina, Pablo Cafici. Además, participarán como invitados Lea Skames (Radio Antena)  y Enzo Di Giorgio (el bajista de Zona Ganjah).

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