21 de mayo de 2013 - 17:55

Lucrecia Martel: ''Estoy sumergida en el mundo de Zama''

Una de las directoras más relevantes del cine argentino filmará la novela máxima del escritor mendocino Di Benedetto, “Zama”. En etapa de pre-producción, en exclusiva para Los Andes, la realizadora de “La Ciénaga” confía: “Creo que una adaptación es una i

Lucrecia Martel acaba de volver de Alemania, dónde estuvo buscando financiación para “Zama”, la adaptación de la novela de Antonio Di Benedetto que será su cuarto largometraje. Las pistas sobre dónde está exactamente ahora la directora de “La ciénaga” (2000), “La niña Santa” (2004) y “La mujer sin cabeza” (2007) se limitan a saber que está en el país y cerca de una computadora con conexión a internet. La entrevista cara a cara queda descartada por el momento y la idea de charlar por teléfono no la entusiasma, pero dice que si hay urgencia puede contestar unas preguntas por mail.

Cuatro días después, sus respuestas llegan encabezadas por una frase modesta, "a ver si sirve". Se nota inmediatamente que Martel tiene pasta para escribir, capacidad para hilar ideas complejas sobre la novela de Di Benedetto y oficio para transmitir con pasión cada cosa que hace.

Habla del futuro, por ejemplo cómo se imagina que va a sonar la película basada en "la inmensa" novela del escritor mendocino; pero también vuelve varios años atrás para trazar un mapa de obsesiones, ideas y lecturas que han llevado a una de las cineastas argentinas más respetadas en el mundo (jurado de los festivales de Cannes y Venecia, producida por Pedro Almodóvar y la mítica Lita Stantic) hasta las puertas de este enorme desafío llamado “Zama”.

"Creo que esta nota no va a servir para promocionar la película, pero sí para angustiar a los amantes de Di Benedetto", bromea.

Martel cuenta que le regalaron el libro de Di Benedetto "en el 2005 o 2006. En esa época estaba leyendo mucho sobre ríos, sobre estos ríos monstruosos que tenemos, pero Zama no la leí entonces".

En los cuatro años que transcurrieron hasta que por fin abrió la novela, la directora salteña estrenó su tercer largometraje y se embarcó en el que hasta hoy parece el proyecto más ambicioso (a nivel de producción) que se haya planteado el cine argentino: una versión cinematográfica de “El Eternauta”, la historieta de Germán Oesterheld y Francisco Solano López que cuenta una invasión extraterrestre en Buenos Aires. Aunque ese proyecto se canceló, Martel dice que “El Eternauta” tuvo mucho que ver con la adaptación de “Zama”.

"Entre 2008 y 2010 trabajé en un guión para El Eternauta en el que el río tenía mucha importancia como punto de fuga para los sobrevivientes de la invasión. Y de hecho, los sobrevivientes escapaban río arriba, en barcos areneros, mientras en el horizonte la ciudad de Buenos Aires se hundía en gigantescos pozos provocados por los Gurbos, que eran criaturas subterráneas. Esos dos años en el universo de Oesterheld me dejaron el gusto por parasitar lo ajeno y cuando se canceló ese proyecto fue que decidí emprender un viaje en barco a Asunción en el que apareció el capitán de la nueva aventura, Di Benedetto", cuenta.

Martel se refiere a un viaje en barco que hizo con unas amigas, desde Buenos Aires a Asunción, remontando el rio Paraná desde el puerto de Buenos Aires. "Cargué todos los libros relacionados con el río que me faltaba de leer, entre ellos ‘Zama’. En ese viaje sólo podíamos leer unas pocas horas por día, porque la navegación era muy difícil, pero leí ese libro excepcional en esas condiciones  excepcionales. Cuando lo terminé estaba en un estado de euforia y pensé en hacer una película de inmediato. Creo que fue la frustración ante la novela extraordinaria que se termina lo que me llevó a la demencial idea de hacer una película con Zama, cosa completamente innecesaria y absurda".

-¿Y cómo se va a llamar esa película?

-Zama -confirma Martel.

La novela ‘Zama’, publicada por Di Benedetto en 1956, la protagoniza un funcionario de la Corona española llamado Don Diego de Zama. La historia comienza en 1790, cuando lo despachan sin su familia desde Mendoza para que vaya a cubrir un puesto burocrático en una ciudad junto a un río, que suele identificarse con Asunción del Paraguay. Los primeros párrafos son el relato de una caminata del protagonista durante la cual se encuentra con el cadáver de un mono muerto que surge de lo profundo del río y vuelve a desaparecer al rato.

-¿Podés contar cómo imaginás por ahora el arranque de la película?

-Prefiero no hacerlo, sobre todo para no obligarme a hacer después lo que diga ahora.

-Son lenguajes muy distintos el del cine y la novela, ¿pero encontraste algo en Zama que se parece a las historias que solés contar?

-Zama es una novela inmensa. Sin exagerar. Una cosa que me conmovió es que los hechos narrados nos van contando la decadencia de un personaje, pero no son el objeto de la novela. La sucesión de eventos no es relevante, porque en Zama una cosa que está en cuestión es la idea de causalidad. Por eso los dobles.

Si hay algo que Zama, como los ríos, nos obligan a pensar es en la idea de causalidad. La causalidad es vista como un invento humano tan arbitrario como la perspectiva. Todo esto hecho con la genialidad de un mendocino que no está en París, sino de vacaciones en Córdoba.

-¿Investigaste posibles fuentes de Di Benedetto para Zama, en qué se pudo inspirar él para crear a ese personaje y esa historia?

-Uno de los libros que subieron al barco en el 2010 fue la Descripción del Paraguay y Río de la Plata de Félix de Azara. Ahora que he leído casi toda la obra de Azara, pienso que Di Benedetto la conocía porque hay muchos relatos que están en Azara y que están de alguna manera citados en Zama.

La historia misma de Don Félix de Azara se parece a la de Zama. Dice Azara en la dedicatoria de una de las ediciones de su obra: "He pasado los 20 mejores años de mi vida, en las extremidades de la tierra, olvidado de mis amigos…" Pero también es posible que hayan salido de otras crónicas, también hay algunas anécdotas que cuenta el Dean Funes que se parecen a situaciones de Zama.

-¿En qué etapa estás del film?

-Reescribiendo, etapa que espero termine algún día antes del estreno. Y buscando financiamiento, etapa que espero termine mucho antes del rodaje.

-¿Ya tenés algo del reparto

?

-Hago listas, armo conjuntos, duplas, sextetos con nombres de personas que no sé si van a querer hacerlo. Y como a los que sí contacté los contacté informalmente, prefiero mantener reserva.

La lectura más extendida sobre la historia de Diego de Zama, esa que ve al protagonista como una suerte de mártir o héroe de la espera, es algo que no termina de convencer a la directora. "No lo veo tanto como un hombre que espera sino como un hombre que se considera a sí mismo en tránsito. Un hombre en tránsito es un hombre que imagina un destino para sí mismo y ese destino está por venir. El gran problema de la idea de predestinación es que desvaloriza el tiempo presente, el aquí y ahora".

"Es un invento cristiano, quizás con raíces más lejanas que desconozco, pero con consecuencias muy reconocibles: avanzar sobre el tiempo, sobre las cosas, sobre los otros, sobre nuestro cuerpo, destrozando todo cegado por esa promesa lejana, esa imagen de nosotros mismos que nos ha sido prometida por Dios, por el rey, por nuestra familia, por el qué vas a ser cuando seas grande, a pesar de que no se sabe bien cuándo empieza el ser grande y cuándo termina".

Martel vuelve a apoyarse en la imagen del río cuando habla del tono que le gustaría darle a su película. "En el fondo de ríos como el Paraná se depositan sedimentos sólidos que van moviéndose a otra velocidad que el agua, moviéndose como el lomo de un animal sumergido, emergiendo a veces como bancos de arena y poniendo en riesgo a los barcos. Esa masa móvil, apenas perceptible para los que no estamos acostumbrados, define sin embargo la tensión que produce el río a los navegantes. El final de Zama es la fiebre que permite descubrir el lecho del río, debajo del agua. Es la enfermedad como gran iluminación, porque con sus promesas de muerte puede sacarnos del estado de locura que es esa idea de la predestinación. Ojalá todo esto esté en la película", cuenta.

-Una de las cosas que más llaman la atención de 'Zama' es el lenguaje, esa especie de parodia de la lengua literaria española del Siglo de Oro. ¿Cómo te imaginás que va a sonar Zama, cómo van a hablar esos personajes?

-Estoy intentando algo con eso. Hay una cosa muy interesante que pasa con el sonido. Uno va a un paraje solitario, en medio de una naturaleza que parece poco frecuentada por los hombres, y escucha. ¿Qué escucha? Un mundo sin nosotros. Imaginamos que eso puede haber sido el pasado, que así sonaría ese lugar hace trescientos años y es posible. Ahora, ¿qué sonido nos refiere al pasado de las conversaciones? ¿Y las formas jerárquicas de gritarse unos a otros, de decirse secretos, de dar órdenes?

¿Y cómo eran los saludos por la calle o los chistidos? La literatura, las crónicas, la poesía, las cartas, son los documentos a los que uno va en busca de referencias, pero es evidente que las formas de la palabra escrita no pueden dar cuenta de la experiencia sonora del lenguaje diario. Di Benedetto fue con libertad y mucho humor en esa búsqueda y encontró una solución literaria fantástica. Tengo que intentar algo así con el sonido de los diálogos. Siempre pensé que la solemnidad de muchas películas de época se debe a ese problema de los diálogos.

-¿Has tenido que agregar mucho tuyo, cambiar el lugar o la época donde transcurre la historia, armar muchos personajes nuevos, esas cosas?

-Sigo a Di Benedetto en renunciar a nombrar la ciudad. Quiero filmar en el Chaco. En el Chaco boliviano los dos primeros tercios. Estamos pensando en trabajar en la Chiquitanía. Y en el Chaco húmedo, en los humedales y en los bañados, la última parte. Respecto de lo que ha quedado o no de la novela, o cuál ha sido mi aporte, es difícil, porque estoy sumergida en ese mundo y ya me cuesta distinguir. Creo que una adaptación es una infección. El que adapta es una persona infectada por otro, viralmente.

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