Hace una semana, en su reaparición pública, la presidenta Cristina Fernández desalentaba cualquier esperanza para eliminar el impuesto a las Ganancias que grava los salarios de los trabajadores. Dijo que esos ingresos son necesarios para pagar las erogaciones que el Estado debe hacer, como financiar obras públicas.
La mandataria, de esta manera, daba una respuesta a quienes, desde el costado gremial pujan por esto, aunque quedan caminos alternativos que se podrían recorrer. Es cierto que las partes van por lo máximo para tratar de sacar algo, pero no se advierten posiciones conciliadoras.
La Presidenta ha dicho que no eliminará el impuesto, pero tampoco está dispuesta a ceder a los pedidos para aumentar el mínimo no imponible ni a modificar las escalas. Y para esto pesan razones económicas, pero también políticas.
Hasta el jefe de gabinete, Jorge Capitanich, que habitualmente sale a diario a justificar todas las acciones del gobierno, negaba la eliminación del impuesto basado en razones ideológicas y filosóficas.
Las económicas se basan en la importancia relativa que el gravamen alcanzó en el último tiempo, ya que representa el 45% del total y aumentó un 65% en el último año.
A esto contribuyó el anticipo que se cobra a quienes gastan con tarjeta en el exterior o compran dólares en el mercado oficial.
Pero este impuesto tiene otra característica y es que es el único que crece por encima del PBI e incluso tiene un comportamiento diferente al resto.
Con alta inflación, los impuestos tienden a crecer, pero en recesión tienden a disminuir. Este gravamen a la cuarta categoría no solo no baja sino que crece por efecto de los aumentos salariales y de la misma inflación y permite evitar el ciclo bajista.
Ante estas consideraciones aparecen las políticas y en este caso todos recuerdan que el año pasado, después de las PA SO, el gobierno aumentó el mínimo no imponible y sin embargo el gobierno sufrió un duro revés electoral. Hay funcionarios que dicen que no hay por qué beneficiar a grupos sociales que se han vuelto opositores.
Tanta es la dependencia que tiene el gobierno de este impuesto que no está dispuesto a ceder nada, aunque podría conceder anticipar paritarias. Así, con mayores aumentos salariales, conseguiría recaudar más e incorporar nuevos contribuyentes del impuesto.
Como se ve, en el análisis se mezclan urgencias de caja y rencores políticos. La presidenta, no hace mucho, criticó a quienes pedían eliminar este impuesto acusándolos de falta de solidaridad con los que no habían podido conseguir lo que el gobierno les facilitó a ellos. Mucho rencor por la falta de gratitud hacia el gobierno por parte de los “beneficiarios del modelo”.
Mientras tanto, Cristina ha vuelto a conseguir a unir a sectores que parecían irreconciliables. Los dirigentes sindicales ya no pueden frenar a sus bases y todos los dirigentes de todas las CGT existentes han unificado el reclamo.
Con este panorama, la posición del gobierno parece endurecida, así entonces entiende que la clase media obrera emergente del modelo kirchnerista sea la que financie la recesión. Toda una definición política y económica.
Anuncios que no sorprendieron
Después de días llenos de juegos de palabras, la Presidenta anunció que por esta vez, no se aplicará el impuesto a las Ganancias sobre el aguinaldo de quienes cobren menos de 35.000 pesos mensuales. El argumento es que de esta manera, todo el segmento liberado del impuesto podrá dedicar la porción del impuesto perdonado a mayor consumo.
Como es obvio, las razones filosóficas e ideológicas de Capitanich por un argumento tan aparatoso como incomprensible, ya que lo basa en “un análisis meticuloso desde el punto de vista de la oportunidad, la decisión, el mérito y la conveniencia”.
Luego, el ministro Tomada dijo que el gobierno nunca cierra puertas, cuando le preguntaron sobre las posibilidades de modificar el impuesto.
El anuncio debe ser merituado una vez que esté debidamente publicado el decreto, ya que la presidenta anunció que solo se salvará el aguinaldo de los ganan menos de 35.000, pero estos, si ganan más de 15.000 deben pagar el impuesto. Lo que significa que, a lo sumo zafan de subir de categoría, pero la base la siguen pagando.
La Presidenta no deja de recordar que los trabajadores argentinos son los mejor pagos de América Latina, mientras el ministro Kicillof repite en todos los estrados que Argentina no está en recesión, evita hablar de la inflación (salvo para denostar los índices oficiales) y afirma que el mundo nos envidia por haber pagado la deuda externa (no por aumentar la deuda interna).
Lo real es que los problemas fiscales son reales y por eso no se piensa modificar el corazón del impuesto a las ganancias, pero parece que el gobierno se prepara para la alternativa de tener que vivir escaso de recursos en 2015 ante un fracaso en las negociaciones con los holdouts.
Parece que esa es la razón que mueve el anuncio del jueves pasado acerca de ofrecer un canje voluntario del Boden 15, un título que debe ser pagado en su totalidad el año próximo y tiene una emisión total de 6.500 millones de dólares. La idea es no tener que llegar a pagar a la fecha del vencimiento ya que las reservas están muy complicadas.
La oferta del canje es comprarlo en efectivo a precio de mercado. Caso contrario, se ofrece canjearlo con otro bono, el Bonar 2024. También la estrategia prevé una emisión adicional de Bonar 2024 por 3.500 millones de dólares para financiar el pago en efectivo.
Según el gobierno el bono a canjear está bajo ley argentina pero el ministro dice que es usado para especular y para sacar fondos por “contado con liqui”. La operación de canje estará abierta entre el 10 y el 12 de diciembre próximos y el gobierno afirma que cualquier resultado será bueno. Muchas ofertas de canje permiten alejar vencimientos, pero pocos implican confianza de los inversores, afirman.
El gobierno se prepara para un año difícil, con un nivel de actividad que será similar al actual y la necesidad de recursos, no es pensable que se desprenda del impuesto a las ganancias, mientras se prepara para tranquilizar el frente externo con el canje de bonos.
Por Rodolfo Cavagnaro - Especial para Los Andes - [email protected]