Fue subcampeón, clasificó a la Copa Libertadores, se coronó como el mejor de local y fue segundo en puntos sólo superado por Racing.
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El Tomba tuvo un año para colgarlo en un cuadrito. No sólo por su primer subcampeonato en Primera División, un título que le peleó palmo a palmo al Boca de Barros Schelotto y su clasificación a su cuarta Copa Libertadores de América, sino también porque la campaña del equipo de Diego Dabove dejó como dato importante la consolidación de varios jugadores de las inferiores en el equipo titular.
El conjunto que dirigió Diego Dabove realizó un trabajo silencioso que le dio solidez al plantel y lo llevó a clasificarse a la Copa Libertadores de 2019. Los 19 triunfos, 5 igualdades y 6 caídas le permitieron acomodarse en el podio y convertirse en una de las mayores revelaciones. Hizo 48 goles y recibió sólo 22. Hizo así la mejor campaña de un club indirectamente afiliado a AFA de mejor campaña de la historia.
Además, el entrenador armó una verdadera fortaleza en Mendoza: tuvo el mejor desempeño como local del fútbol argentino con 13 victorias, 1 empate y 2 derrotas. Los números le permiten ubicarse incluso por encima de grandes como Boca y Racing, que lo siguen en el escalafón.
Estuvo también en la octava posición entre los equipos del continente un ranking publicado por Football Database para los clubes de la Conmebol. Tuvo puntos altos en casi todas las líneas.
El arquero Rubén Ramírez jugó todos los minutos desde junio para acá manteniendo en seis encuentros la valla invicta y eso le valió ser elegido como el mejor de la provincia, llevándose el Premio Llama. También se destacaron Ángel González y obviamente el Morro García. El único punto gris fue la rápida eliminación de la Copa Argentina, un certamen que suele serle esquivo al equipo tombino.