“Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida”, decía Armando Tejada Gómez. Y no encuentro una mejor forma de explicar lo que siento por vos. Son esas palabras la mejor representación de mis sentimientos. Porque tus colores, tu mundo y tu gente son mis colores, mi mundo y mi gente.
A éstas cosas simples el tiempo no las devora. Aunque haya pasado un siglo desde que naciste gracias a los sueños de otros, todavía estás y seguirás estando con vida. Porque nadie jamás podrá detenerte ni ignorarte. Porque tus colores, para mí y para muchos otros, son los más grandes del mundo.
Agradezco a la vida por haberme hecho conocerte y acompañarte. Sueño con que estés mejor e imagino formas de conseguirlo. Lloro y sufro por vos, pero también soy feliz gracias a vos.
Esa pasión que transmiten las personas que te aman es imposible de expresar. Los deportistas que vistieron tus colores alcanzan a hacerlo con palabras, como las de Julio Meritello, Matías Banco, el “Chufi” Sosa y tantos otros. Ese coraje que significa entrar al campo de juego vestido de rojo, blanco y verde genera emociones que, tal vez, el mundo no las entienda. Pero yo sí lo entiendo y me conformo con eso.
Por eso y por mucho más, volveré siempre a verte. Y el domingo, cuando quieran encontrarme, búsquenme cerca tuyo. Ahí voy a estar.