28 de julio de 2015 - 00:00

Lila Downs cantará en el Bustelo: “La música ha sido mi salvación”

Con el álbum “Balas y chocolate”, que presentará en Mendoza el próximo 17 de agosto, la mexicana Lila Downs utiliza sus múltiples resonancias folclóricas para expresar indignación y dolor por la violencia en su país natal. Sin embargo aclara: “No es un di

Junto a su banda La Misteriosa, que dirige su marido el compositor y saxofonista estadounidense Paul Cohen, Lila Downs pisará Mendoza por primera vez para presentar su último trabajo discográfico, “Balas y chocolate”, un disco que “se creó a partir de lo que me pasa en lo personal y de los contrastes que ocurren en mi país”, dijo la cantante de 46 años.

La gira sudamericana de Downs, que incluye también Montevideo, Santiago de Chile y La Paz, arranca en la Argentina el viernes 14 de agosto en el teatro El Círculo de Rosario, sigue el sábado 15 en el Espacio Quality de la ciudad de Córdoba, pasa el lunes 17 por el auditorio Ángel Bustelo de Mendoza y llega a Buenos Aires el viernes 21 y sábado 22 con dos conciertos en el teatro Gran Rex.

“Este es un proyecto que surge de lo que pasa en mi país y en el entorno cultural y social de México, que presenta una serie de contrastes, ya que por un lado somos un crisol de diversidad que se celebra de diversos modos y con distintas ceremonias y por otro reina en algunos lugares una violencia terrible que invade nuestros pensamientos diarios”, destaca Lila en charla desde su casa en Oaxaca.

Hija de padre estadounidense y madre mixteca, Downs, que reúne e integra mixturas y procedencias, asegura que este nuevo trabajo discográfico “es esa reflexión sobre la vida y la muerte” y pone como ejemplo la celebración del Día de los Muertos en México, que asume características festivas y muy particulares.

"Se convive con los muertos, se les recuerda y ese día se les hace una ofrenda gastronómica que es un reflejo de ese convivir", cuenta la artista.
Sobre la situación que enfrenta su país, especialmente después de la matanza de estudiantes de magisterio registrada en Ayotzinapa, en el estado de Guerrero, Lila dice que "es difícil generalizar porque México es un país de muchos millones de personas, muy extenso y de una geografía también muy diversa".

"Para los que podemos ir y venir, encontrarnos con la diversidad surreal de mi país es fantástico, pero al mismo tiempo te puede tocar que de pronto estás inmerso en la violencia, en una situación donde no sabes qué tanto marca la mafia las decisiones y cuánto participa la política en todo eso, Lo de Ayotzinapa fue como la gota que derramó el vaso y eso generó mucha movilización y manifestaciones de la gente, pero sigue sin esclarecerse", dice.

Cruce de culturas
Sobre su modo de hacer música, los sonidos y las cosas de su vida y su país que la atraviesan, y de las que deja registro en su nuevo material de estudio, Lila dice que "la meta es lograr borrar fronteras artísticas y también humanas".

"Soy hija de diferentes culturas y a veces esas culturas se han odiado en el pasado y hoy también expresan realidades tristes; la música ha sido mi salvación y por eso la necesidad de retomar cosas que están pasando en la modernidad que me motivan", asegura.

Autora de versiones inolvidables de canciones anónimas y populares como "La cucaracha" o creadora de composiciones propias como "La cumbia del mole" o “Zapata se queda”, entre muchas, Downs asegura que "como artista me aburre la repetición. Creo que siempre hay que buscar sonoridades nuevas y propias e incluso retomar géneros de otros países y pasarlos por el tamiz de uno. En mi país la música del norte es más celebratoria, mientras que en el sur somos más introspectivos, y yo creo un poco en esos contrastes, en esas dos caras, de hecho en este disco estamos celebrando la vida por medio de los versos a la Parca, esas son las paradojas que nos hacen reflexionar", comenta.

Refiriéndose a las tradiciones populares que recoge y retrata en sus canciones, Lila dice que "esa es la parte sagrada que hay que enaltecer y son los pilares de nuestro trabajo".

"Están las mujeres que trabajan el maíz, hacer el maíz es lo menos acreditado y es una felicidad tributarlas con una canción; en este disco tributamos al cacao, que es un semilla mágica que provoca tanto la avaricia como la sensualidad, y esos elementos me causan mucha fascinación".

Autora de las letras, es su esposo quien comienza el trabajo de armonización de las canciones y Lila cuenta que en este disco todo fue "cocinado a fuego alto por la banda".

"Hicimos una serie de talleres donde nos juntamos, comimos y bebimos y de esos encuentros salieron los arreglos y las músicas de este disco", relata.

-"Balas y chocolate" se escucha como tu disco más encendido y combativo ¿Te sentís así ahora?

-Creo que sí, y eso tiene que ver con la maternidad y con tener un hijo varón en casa, es como una perspectiva diferente de la vida.

-Vos encontraste en la adopción la manera de ser madre...

-Sí, porque con Paul no podíamos tener hijos. Fue tan fuerte la necesidad de ser mamá que creo que sin la adopción hubiera sido la muerte para mí, entonces Benito (también bautizado Dxuladi, hoy de 5 años y adoptado en 2010) es la vida para mí, Benito es lo opuesto, es mi enchufe a la electricidad.

-Te reconocés fan de Juan Gabriel y decís que tu mamá (la cantante mixteca Anita Sánchez) también lo es desde siempre.

-¡Uy sí!, ella cada disco era “¿y cuándo la de Juanga?” (risas).

-¿Y también se dio esa conexión con Juanes?

-Sí, cuando Juanes vino a México para grabar el video “La patria madrina” congeniamos enseguida. Hacía muchísimo frío a finales de enero, era un frío que quemaba, pero él estaba muy consciente del mensaje de la canción. Hablaba de Santander, que fue un insurgente muy importante en Colombia... Fue muy respetuoso con el tema.

-¿Cómo le explicás a la gente fuera de México que a veces la muerte, un tema muy presente en el disco, no es pura tristeza?

-Es folclórico, porque el folclore es así como esto que cantaba yo (comienza a cantar): “viene la muerte echando rasero, se lleva al joven, también al viejo, la muerte viene echando parejo no se le escapa ni un pasajero”. A pesar de que es súper triste tiene una fuerza, una alegría eso, porque es el momento en el que todos somos iguales, todos somos parejos y eso te causa una humildad. Creo que el folclore es maestro en eso.

-En tu caso estabas estudiando antropología cuando diste el salto a la música, ¿Cómo se produjo el cambio?

-Fue cuando escuché por primera vez a Mercedes Sosa. Yo estaba haciendo mi tesis sobre el textil indígena en las montañas de la mixteca y entonces oigo una mujer que cantaba “Gracias a la vida”, que no la había escuchado antes. Había oído a Silvio (Rodríguez), a Pablo (Milanés), a Oscar Chávez y Amparo (Ochoa), pero aquí me cambió la vida. Creo que en parte también porque Mercedes tenía un timbre de voz más grave, pero sí la sentí como la madre de toda la música y por fortuna la pude conocer y cantar con ella tiempo después.

-¿Qué tan cercana te sentís de Frida Kahlo? Las dos tienen un papá extranjero y una mamá oaxaqueña, ¿cómo la sentís?

-Es curioso, porque al principio era muy difícil para mí separarme de su historia, porque toda la gente me la recordaba y me decía “es que tú eres como ella”. Y luché mucho con eso, curioso, porque ahora la siento más presente que nunca, y yo no sé si tenga que ver con lo de los muertos, a lo mejor ella me ande visitando. No sé, pero siento que hay algo en el trabajo artístico que me conecta con ella profundamente.

-El año pasado nombraron un chapulín oaxaqueño en tu honor (Liladownsia fraile) ¿qué te parece?

-Mientras hagamos conciencia de la madre naturaleza es muy importante respetar a nuestros hermanitos, a todos los animales que existen y, pues qué honor, está precioso.

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