Patricia Gamboa llega al supermercado gubernamental de San Cristóbal a las dos de la mañana, seis horas antes de que abra sus puertas, para ser la primera en la fila y comprar cualquier cosa que encuentre.
Patricia Gamboa llega al supermercado gubernamental de San Cristóbal a las dos de la mañana, seis horas antes de que abra sus puertas, para ser la primera en la fila y comprar cualquier cosa que encuentre.
Al amanecer, unas 200 personas ya están formadas detrás de Gamboa afuera del supermercado Bicentenario, todas con un número en tinta verde en la muñeca para evitar discusiones de quién llegó primero.
La calle está bloqueada por una de las barricadas que los manifestantes erigieron atravesando árboles en varios puntos de la ciudad para protestar, entre otras cosas, contra la escasez de alimentos y productos básicos en Venezuela, el país con las mayores reservas petroleras del mundo.
Los anaqueles vacíos son uno de los reclamos que alimenta la ola de protestas en San Cristóbal y en otras localidades de Venezuela, acechando al presidente Nicolás Maduro desde hace un mes. Venezuela es golpeado por una aguda escasez, pero en San Cristóbal, donde se desencadenaron las protestas el 4 de febrero, encontrar harina, mantequilla, aceite de cocina o leche es una verdadera odisea.