Reporteros amenazados cuando cubrían la actualidad de violentas regiones de México se han refugiado en los últimos años en la supuestamente segura capital del país, pero tras el asesinato del fotoperiodista Rubén Espinosa resurge el miedo y sienten que se desploma su último refugio.
“¿Y ahora qué hacemos?”, se preguntaban los periodistas que protestaron el fin de semana en las calles por el crimen de Espinosa, asesinado el viernes junto a cuatro mujeres -una de ellas activista- en un departamento de un barrio de clase media de Ciudad de México.
El ambiente en el gremio es de “miedo, incertidumbre e indefensión”, cuenta Balbina Flores, relatora de libertad de expresión de la Comisión de Derechos Humanos de Ciudad de México.
Espinosa, de 31 años, trabajaba hasta hace dos meses para reconocidos medios nacionales desde Veracruz (oriente). Este estado es el epicentro de la violencia contra los periodistas en México, que a su vez es uno de los países más peligrosos para ejercer esta profesión.
El viernes, Espinosa fue asesinado de un balazo en la cabeza, tras ser aparentemente torturado, junto con las cuatro mujeres que se encontraban con él y quienes habrían sufrido violencia sexual, entre ellas la activista Nadia Vera.
Las autoridades siguen tratando de dar con el móvil y los autores de este crimen que impactó a México, mientras organizaciones internacionales como la ONU exigen que se aclare si fue una represalia contra el fotoperiodista.
Espinosa había buscado refugio en Ciudad de México después de sufrir varias agresiones en Veracruz, como una golpiza propinada por policías estatales en 2013 y recientes intimidaciones.
Llamadas telefónicas intimidantes, “levantones” (secuestros) a punta de pistola frente a sus casas e incluso ataques armados contra sus medios son algunas de las razones por las que, como Espinosa, al menos una docena de periodistas regionales se esconden actualmente en la megalópolis, que hasta ahora consideraban una zona segura o, como mínimo, un lugar donde camuflarse entre sus nueve millones de habitantes.
“Se enciende la luz roja. Era la ciudad blindada y ya se rompió”, comentó un periodista de Veracruz en el funeral de su colega.
El asesinato de Espinosa reavivó el terror entre sus colegas refugiados en Ciudad de México y algunos de ellos, como un caricaturista también de Veracruz, contemplan sumarse a la quincena de periodistas mexicanos exiliados en el extranjero.