El físicomatemático belga Gérard Fourez sostiene que no hay democracia si la gente es ignorante, entendiendo que a medida que avanza la ciencia y la tecnología, que aumentan las herramientas a nivel personal y social, es necesario el conocimiento para evitar la marginación.
Esto es, en buen romance, que mientras los cambios tecnológicos e informáticos suben por el ascensor, la educación no puede ir por la escalera, toda vez que de nada sirven esos medios si no hay un proceso que acompañe la etapa escolarizadora, con todo lo que ello importa: creación de hábitos, normatización tanto del estudio como de la pautas de convivencia dentro de la organización, formas de permanencia pero con compromiso y responsabilidad.
En este marco cabe analizar el "paquete de medidas" impulsado por el gobierno escolar de Mendoza, encabezado por María Inés Abrile de Vollmer, que se pondrá en práctica este año en forma piloto en algo más de cien escuelas, para extenderlo a todo el sistema a partir del próximo ciclo lectivo y del que se desprende, aunque no se reconozca, una flexibilización de controles para el estudiante dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje.
Ese proceso que comienza en el hogar y en el que es necesario poner límites (distinto de reglas rígidas) para encaminar al niño en un marco de respeto a las pautas familiares y sociales, se continúa en un segundo paso que se complementa con el anterior y que lo constituye la etapa escolar.
Allí también se fijan pautas (de convivencia, de adquisición del conocimiento, de respeto por el otro, de exigencias ...) en aras de lograr los objetivos de aprendizaje y socialización que le servirán para su vida el día de mañana en que ingrese al mundo laboral, en el que tendrá que cumplir con horarios, objetivos, obligaciones, en síntesis responsabilidad, sea cual fuere la tarea que cumpla.
En un escenario, el más elemental en la vida de cualquier persona, es dable analizar las medidas. Para la Dirección General de Escuelas es sinónimo de inclusión, de acción reparadora, de superación del fracaso escolar:
Nivel primario. Se considerará una unidad pedagógica primero y segundo grados, y con una "promoción acompañada" que desestima la repetición de primer año. El objetivo es la acción alfabetizadora y la garantía de la permanencia del alumno dentro del sistema, flexibilizando los postulados de la escuela tradicional.
Obviamente que a nadie se le ocurriría negar cambios cuando el mundo es cada vez más cambiante pero siempre y cuando la consigna sea una mejor formación, sin reducirlos simplemente a suprimir las pruebas eliminatorias. En todo caso se pueden hacer evaluaciones continuas sin la presión de aquéllas, aprendizaje lúdico (aunque ya lo hacen en las salitas de 4 y 5 años, lo que significa que el niño no llega de pronto al sistema escolar sino que viene de un proceso) y tantas otras formas que ofrecen hoy la pedagogía y la didáctica, sobre todo cuando viene con una serie de estímulos del mundo de la tecnología.
Nivel secundario. Un capítulo aparte merece la nueva normativa para el secundario con cambios en amonestaciones (creación del Índice de Convivencia Escolar), en inasistencias, promoción, condicionalidad, creación de un Consejo de Convivencia Escolar que no hacen otra cosa que burocratizar aún más el sistema.
Para nadie es desconocido que uno de los ejes del proceso educativo -escuela mediante- es precisamente la presencialidad, el cara a cara entre alumnos y profesor en cada hora de clase, en la que no sólo está presente la adquisición del conocimiento como tal sino también el conocimiento y la comprensión del otro. No importa si son 25, 28 ó 33 las inasistencias permitidas, si hay amonestaciones o no, sino que importa que hay un límite y que es ese límite el que importa en la regulación de las conductas.
Las preguntas que surgen: ¿Para qué se fija un número equis de días de clase -actualmente 180- si no importa si el alumno asiste o no la mayoría de ese tiempo?
¿Para qué permanecer en la escuela si ésta deviene sólo en el "lugar donde esté"?
¿Para qué fijar un límite de faltas del 15% en cada materia si el que supera ese número seguirá quedando como condicional?
¿Para qué formar un Consejo de Convivencia Escolar en cada escuela (directivos, docentes, no docentes, padres, equipo de orientación, alumnos) cuando existen distintas formas organizativas hoy dentro del sistema escolar que se podrían potenciar, evitando generar un estado deliberativo permanente y seguir burocratizando la escuela?
¿Para qué un sistema de 25 puntos -Índice de Convivencia Escolar- en el que por cada falta, según la gravedad o nivel, el alumno perderá puntos, haciendo quizás más subjetivo aún que el sistema anterior de amonestaciones?
"Justicia reparadora", programas de "trayectorias alternativas","acciones positivas o restaurativas ", son algunas de las expresiones que el mundo educativo tendrá que incorporar a su lenguaje cotidiano. Pero más allá de nombres, palabras, expresiones, índices, consejos, lo que queda latente en este nuevo paquete de medidas, es saber si se trata sólo de garantizar la permanencia del alumno dentro de la escuela (literalmente) o es que se pretende al mismo tiempo garantía de más aprendizaje, más conocimiento, más herramientas para el futuro de los hoy alumnos.
Más allá de las buenas intenciones que seguramente tiene el gobierno escolar, lo que no debemos permitir es no sólo que nos falte el ascensor sino también la escalera porque la educación es la base de la pujanza, el crecimiento y la evolución de los pueblos.