Cada vez que retorna a Mendoza, porque desde 1973 reside en los Estados Unidos, Jorge Víctor Ahumada confiesa el íntimo deseo de regresar definitivamente a su tierra natal.
Cada vez que retorna a Mendoza, porque desde 1973 reside en los Estados Unidos, Jorge Víctor Ahumada confiesa el íntimo deseo de regresar definitivamente a su tierra natal.
Es como si el viejo, eterno y respetado “Aconcagua”, así apodado por el periodista deportivo Ernesto Cherquis Bialo en la revista El Gráfico porque en su época de boxeador por su grandeza y fortaleza simbolizaba a esa gran montaña de la cordillera de los Andes, se transformara cuando recorre las calles de su querido Villa Marini donde nació un 01 de junio de 1946, se reencuentra con antiguos amigos y vecinos que no lo olvidan.
Sin embargo, ese postergado anhelo para instalar un gimnasio de boxeo en el que pueda transmitir sus conocimientos y larga y valiosa experiencia, es todavía una ilusión que no cierra, que continúa inconcluso, pero que quizás algún día pueda convertirse en realidad.
Porque el gran “Aconcagua” no baja la guardia y espera una respuesta que le permita volver a casa para siempre. Se recuerda su mensaje en su última visita a la provincia en marzo del año pasado cuando pasó a saludar a su amigo Osvaldo Corro por el Luis Angel Firpo que estaba a punto de ser remodelado: “Tengo el sueño de instalar un gimnasio en Mendoza para hacer lo que alguna vez hicieron conmigo: sacar a los chicos de la calle, darles contención, ayudarlos a que crezcan sanos y fuertes y que sean personas de bien.
No necesariamente para que sean pugilistas sino para formarlos, educarlos, orientarlos, enseñarles la defensa personal y los lineamientos del boxeo. Trabajaría ad-honorem con el único compromiso de que tuviera un techo, una casa donde vivir.
Quizás el intendente de Godoy Cruz, Alfredo Cornejo, se pueda interesar en mi proyecto porque es una persona muy vinculada al deporte. Sería la culminación de mi carrera, el último acto, para transmitir todo lo que sé y todo lo que aprendí arriba de un cuadrilátero. Si volviera a Mendoza también me gustaría escribir un libro con todas mis memorias, mi historia, mis anécdotas, mis alegrías y tristezas, mis grandes peleas”.
Tres veces retador de la corona mundial de los medio pesados, con un injusto empate frente a Bob Foster y dos apretadas derrotas por puntos ante John Conteh y Víctor Emilio Galíndez, aquel recio pegador forjado en el Mocoroa Boxing Club por el maestro Francisco “Paco” Bermúdez, fue una de las grandes estrellas del boxeo mendocino de los años 70 a la par de recordadas glorias como Nicolino Locche, Carlos Alberto Aro, Juan “Mendoza” Aguilar, Miguelito García, Roberto “Manopla” Sosa, Juan Vedia, Pedro Agüero y tantos más.
Se lo recuerda por su excelente físico, fina estampa, rica técnica, dura pegada, gran personalidad y excelente dominio del ring aunque se decía que era flojo de mentón porque tenía una mandíbula de cristal.
Protagonista en su extensa campaña de cinco emotivos e intensos combates, uno de ellos por el título mundial de los medio pesados, ante una de las grandes figuras de la época: Víctor Emilio Galíndez. Al que derrotó por puntos en el segundo enfrentamiento entre ambos aquella noche inolvidable del 24 de mayo de 1971 en un colmado “Pascual Pérez” en Mendoza.
La primera había sido para el bonaerense de Vedia por KO en el 5° round el 22-07-70 en el Luna Park; al igual que las tres restantes todas favorables a Galíndez: KO en el 9no. el 31-07-71; KO en el 6° el 30-10-71 (ambas en el Luna Park) y la quinta y última el 30-06-75 en el Madison Square Garden de Nueva York en la que Galíndez se impuso por puntos en 15 asalto y se consagró campeón mundial de los medio pesados versión del CMB -Consejo Mundial de Boxeo-.
Previamente el mendocino había tenido dos chances por la misma corona: el 17-06-74 en Alburquerque, Nueva México, contra el titular Bob Foster, cuando se dio empate y fue despojado de una clara victoria y posteriormente en noviembre de ese mismo año en Wembley, Reino Unido, ante el británico John Conteh cuando el mendocino ya combatía en inferioridad de condiciones porque había perdido la visión del ojo izquierdo lo que entonces no reconocía para poder seguir combatiendo.
Un mendocino en New York
“En el Madison sentía el mundo encima mío” fue el llamativo título de un trabajo periodístico sobre una semblanza personal y larga trayectoria de Jorge Víctor Ahumada que Los Andes editó en la sección Que Tiempos Aquellos – Nostalgia de Hechos y Personajes en ocasión de su última visita a la provincia en marzo de 2012.
En el comienzo de aquella charla contaba el gran “Aconcagua”: “Me hice pugilista a la fuerza porque a mi no me gustaba boxeo. En el desaparecido bar Godoy de Villa Marini se armó una noche una piñadera terrible a raíz de una discusión durante una partida de billar en la que me rompieron la nariz de una tremenda trompada. Mis hermanos insistieron en que aprendiera a boxear para que pudiera defenderme por si me encontraba en una situación similar.
Sin embargo no les hice caso hasta que el viejo me puso contra la cuerdas cuando me advirtió: “O boxea o trabaja”. No lo pensé dos veces y al día siguiente con 53 kilos empecé a entrenar en la categoría gallo en el Púgil Godoy Cruz hasta que más tarde subí a medio mediano, mediano y medio pesado. Hice mis primeras peleas en un ring que se había instalado en el viejo canal 7 en Garibaldi y San Martín que las transmitía en directo por lo que me hice muy popular en el barrio donde vivía.
Como amateur representé a Mendoza en varios campeonatos nacionales, panamericanos y latinoamericanos y participé en las olimpíadas de Winnipeg y en el Sudamericano de Brasil. Hacia 1968 me hice profesional bajo la dirección de don “Paco” Bermúdez en el Mocoroa en una época de duros adversarios: Víctor Emilio Galíndez, Juan Aguilar, Avenamar Peralta, los hermanos Massini, Rimosky, el salteño Carrión y el tucumano Emilio Alé Alí, que fue otro que me puso de cabeza en la lona.
Aunque les gané a Peralta y a Aguilar nunca tuve la chance de combatir por el título argentino. En 1973 viaje por lo que creía eran seis meses a los Estados Unidos para trabajar como sparring de Emile Griffith porque decían que yo tenía el estilo de Carlos Monzón al que debía enfrentar por el título del mundial.
En una de las primeras sesiones de guantes lo tiré y me pidieron que me bajara porque le pegaba demasiado. Cobré los 2.000 dólares convenidos y cuando me preparaba para volver a mi país me relacioné con el conocido entrenador Gil Clancy quien me comentó que tenía otra oportunidad para mí. Hablé con mi esposa en Mendoza y me dijo que aceptara, que me quedara, que mi futuro podía estar en los Estados Unidos. Me radiqué en Nueva York y en solo un año hice 14 peleas con bolsas de 1.500 a 12.000 dólares.
Me fue muy bien lo que me permitió desafiar a Bob Foster que era el campeón mundial de los medio pesados. Para ese combate, que se realizó en Alburquerque, Nuevo México, hice viajar a don “Paco” porque yo quería que estuviera en mi rincón. Toda la prensa aseguró que yo había sido el legítimo ganador pero el jurado falló empate y desde entonces se me conoció como “el campeón moral de la categoría”.
En el centro del ring se me acercó “El General”, como se conocía a Foster que realmente era un buen tipo y al que yo admiraba porque lo consideraba mi ídolo; me abrazó y se disculpó con mucha sinceridad: “Perdóname, Jorge, yo no hice nada, yo no tuve la culpa”.
Antes de la pelea con Conteh, con el que perdí por puntos, me tuve que operar de la vista por un desprendimiento de retina. Realmente no quedé bien y todas mis últimas peleas las hice muy disminuido porque veía con solo ojo.
Nunca quise decir nada para que no me quitaran la licencia”. “Aconcagua” se retiró el 28-11-75 cuando perdió por puntos ante Ray Anderson en Hamburgo, Alemania. Como profesional completó 52 peleas de las que ganó 42 (22 por KO), con 2 empates y 8 derrotas (4 por KJO).