Cuando Fidel Castro ensayó un golpe fallido contra el gobierno cubano, el arzobispo católico Enrique Pérez Serantes medió ante las autoridades y pidió que no lo ejecutasen. Después de que Castro tomó el poder, Pérez Serantes se pasó a la oposición y su familia se fue del país.
Mientras iniciaban una nueva vida en Miami, los parientes de Pérez Serantes juraron que jamás volverían a Cuba mientras Castro estuviese en el poder.
Pero ahora que hay un deshielo en las relaciones entre La Habana y Washington, miles de familias cubanas de Estados Unidos tratan de dejar atrás cinco décadas de animosidad. Para muchos, la visita del papa Francisco, el hombre que facilitó el acercamiento entre las dos naciones, representa el momento justo para el retorno.
Cientos de cubanos viajarán a la isla esta semana para ver a Francisco, con la esperanza de que el Pontífice que fomentó la reconciliación política los ayude también a superar el pasado.
“Dicen que me voy a poner triste y a tener grandes emociones y una sensación de desesperación”, comentó una sobrina nieta de Pérez Serantes, Frances Serantes Gómez, quien se encaminaba a La Habana ayer junto con otras 250 personas, casi todas cubanos residentes en Estados Unidos, en un viaje organizado por el arzobispo de Miami. “Espero no sentirme así. Voy con el Papa y quiero que de todo esto surja algo positivo”.
Para muchos, es una decisión angustiosa, en la que pesan las recomendaciones de padres y abuelos, que tal vez estén ya muertos. Fidel Castro dejó el poder, pero lo sucedió su hermano Raúl. La apertura iniciada por Raúl, no obstante, y la intervención personal del Papa parecen haber dado a numerosos cubanos el empujoncito final que necesitaban para volver a su patria.
“Al final de cuentas, me dije a mí misma, esta gente que fue tan cruel no es dueña de mi país. Es también mi país y tengo el derecho a volver”, sostuvo Clara González, de 69 años, quien viaja con su hermana y tres hijos. Su hermana nunca volvió a Cuba y sus hijos jamás estuvieron allí.
Muchos de los cubanos que viajan con el arzobispo de Miami Thomas Wenski han estado exiliados por décadas o se criaron en EEUU y su única conexión con la isla son relatos y fotografías descoloridas. A menudo, la angustia del pasado es palpable.
“Hay heridas psicológicas muy profundas, la sensación de que uno perdió su país y, en muchos sentidos, parte de su identidad”, dijo Wenski. “Uno percibe un gran malestar. Pero creo que lo que el Papa está tratando de hacer, y lo que nosotros queremos hacer al ir a Cuba, es ayudar a los cubanos a construir un futuro de esperanza. Y no se puede construir un futuro de esperanza a partir de resentimientos”.
Numerosos cubanos, sin embargo, se niegan a volver.
Amparo Martínez tenía 14 años cuando fue enviada sola a EEUU junto con miles de niños cubanos en la Operación Pedro Pan. Va a ver al Papa, pero en Filadelfia.
“Cuando estaba aquí falleció mi padre. En ese momento no pude ir”, relató Martínez, quien tiene 68 años y se opone a la normalización de relaciones con Cuba. “No vi a mi padre. Nunca pude tener una misa para él. Nada. ¿Y resulta que ahora todo está bien?”
El tío abuelo de Gómez era la máxima autoridad religiosa de la ciudad oriental de Santiago cuando un joven Fidel Castro intentó derrocar al gobierno de Fulgencio Batista seis años antes de la revolución de 1959. Pérez Servantes era amigo del padre de Castro e intercedió para salvar su vida cuando el golpe fue frustrado.
De no haber sido por la intervención del arzobispo, la historia podría haber tomado otro curso. Gómez escucha eso una y otra vez entre los exiliados de Miami.
Antes del viaje, Gómez, de 58 años, dijo que el regreso es algo en lo que piensa desde hace tiempo. Ella y su esposo piensan visitar un programa eclesiástico al que aportan dinero, que distribuye comida y enseña los valores católicos a escolares de La Habana. Indicó que espera que el viaje la ayude a forjar conexiones personales con cubanos de la isla y de Estados Unidos.
“He estado rezando mucho para conseguir la fuerza necesaria para hacer esto realidad”, señaló Gómez.
El Papa y el Che, juntos en la Plaza de la Revolución
La Habana. Catedral remodelada, calles pavimentadas, edificios pintados y carteles con el rostro del papa Francisco: La Habana se alistaba ayer para recibir al Pontífice argentino, quien llegará a Cuba hoy en una gira que también lo llevará a Estados Unidos.
En una carrera contrarreloj, brigadas de trabajadores levantaron el altar en la Plaza de la Revolución de La Habana, donde Francisco oficiará mañana la primera de sus tres misas en la isla.
En la Plaza, corazón político de Cuba, engalanada con grandes banderas con los colores de los estandartes de Cuba y del Vaticano, también fue levantado un estrado para el coro de más de 230 voces que cantará en la misa, así como dos tarimas para la prensa. Además del gran retrato del Che, que el Papa podrá ver a la izquierda del altar, dos gigantografías cuelgan de las fachadas de edificios contiguos a la Plaza: una del “Cristo de la misericordia” y un collage de fotos alusivas a los gestos de caridad de Francisco y de la Madre Teresa de Calcuta. Asimismo, carteles colocados en árboles, edificios y templos por toda la capital muestran a un sonriente Francisco, que llegará a la isla como “misionero de la misericordia”.
Los preparativos también han incluido la repavimentación y señalización de calles por las que circulará el papamóvil, como la avenida Boyeros, que conecta a la ciudad con el aeropuerto internacional.