29 de septiembre de 2012 - 00:47

Irán: válvulas de escape para un régimen bajo presión

Nada se salva en el país persa de la explosión inflacionaria provocada por las sanciones económicas de EEUU y por el embargo petrolero de la comunidad europea.

El dato puede ser hasta pintoresco: el precio de los turbantes se disparó 15% en Irán en sólo 90 días. También es concluyente para advertir que nada se salva, ni a esos extremos, de la explosión inflacionaria que están provocando en la nación persa las sanciones de EEUU y el embargo europeo que en julio puso un cerrojo de hierro a las exportaciones de petróleo. Irán hoy se enfrenta con una grieta social enorme debido a esas medidas de aislamiento por la que crece tanto el nivel de desempleo como el descontento de una población agobiada por un asfixiante sistema de control interno.

Debido a que es la economía la que muchas veces determina la política, conviene buscar en esa crisis agigantada las razones para el tono inusualmente moderado del presidente Mahmud Ahmadinejad en la Asamblea de las Naciones Unidas, así como la urgencia detrás de la gestión oportunista que impulsó para una negociación de futuro incierto con Argentina. Todo parece repentino pero no lo es.

La teocracia persa, que es un jugador muy importante en el mercado energético, quinta napa de petróleo mundial y tercer exportador de la OPEP, había apostado a que el embargo iba a convertirse en un remedio peor que la enfermedad para un Occidente atrapado en una crisis económica sin término y en el páramo de la recesión. Pero los precios del crudo no aumentaron; al contrario, cayeron precisamente debido a esas calamidades. Los confundió quizá el salto a casi U$S 130 del barril en marzo cuando Teherán amenazó con cerrar el Estrecho de Ormuz por el que pasa 30% del petróleo mundial.

No vieron la evolución de la crisis desde entonces. “Había preocupación pero al fin del día EEUU y Europa cocinaron la torta y se la van a comer porque los volúmenes están abajo y con ellos los precios”, dijo elocuente el especialista en mercados de petróleo, Mike Wither, a la agencia Bloomberg.

Hoy, Irán está exportando 1,1 millón de barriles diarios, contra 2,3 millones el año pasado, es decir 52% menos que, según cálculos de esa agencia, implica una pérdida anualizada de 48 mil millones de dólares. Esa cifra es nada menos que el 10% de toda la economía iraní. Es la figura literal del daño que tiene otras manifestaciones igualmente graves. El costo de vida ronda el 22,4 %, uno de los más altos del mundo, y la desocupación general está en 13,5 % según datos oficiales. Pero el nivel de desempleo industrial alcanza un impactante 35% consigna The Daily Telegraph debido a que las empresas no pueden importar y, por lo tanto, producir.

Es cierto, la historia no siempre viene como se la supone. Irán estiró la cuerda de su programa nuclear hasta donde pudo, provocando a sus enemigos inmediatos para extraer de ahí fuerza nacionalista que le permitiera mantener contenidas a las masas y, de paso, disputar su lugar de potencia regional con Israel pero también con Turquía. En el medio se estrujó su economía y el fenómeno republicano de la Primavera Árabe no aumentó como esperaba sino que redujo su influencia regional, incluyendo la debacle de su principal aliado sirio.

La cuestión llegó a un punto en el cual sólo una guerra permitiría reconstruir cierto entramado de alianzas que surgirían inevitables ante un nítido enemigo externo. Serviría, además, a los burócratas del régimen, para estirar su permanencia en el poder. Ése es el favor que quizá acabaría haciendo Israel a este Irán, con una conflagración que ningún especialista apuesta a que termine rápido ni con los resultados que Tel Aviv y sus aliados imaginan. No es casual, por lo tanto, que la comunidad de inteligencia israelí desapruebe esa alternativa guerrera.

Es posible suponer que la incesante hemorragia de ingresos explique la insistencia para reabrir el diálogo con Argentina, nación con la cual Irán siempre tuvo una relación comercial fluida que incluyó intercambios considerados delicados. Durante la dictadura militar, nuestro país operó, entre otros rubros, en el gigantesco reactor Bushehr Uno para reducir su nivel de enriquecimiento y cuya construcción ahora concluye la empresa rusa Atomstroyexport.

El escollo para regresar a aquellos tiempos amables, es la causa penal planteada por Argentina a raíz del atroz atentado que arrasó a la AMIA. Teherán, como lo hace ahora, siempre rechazó esos cargos sosteniendo que el proceso estuvo viciado y que entre la evidencia en su contra se usaron testimonios de opositores exiliados que aportaron buena parte de la prueba. Irán habla abiertamente de corrupción en todo el proceso.

Lo cierto es que uno de los escenarios que se borronean es que el régimen persa busque crear un paraguas diplomático sobre este tema para, mientras se dilucida, encarar el punto central de su estrategia que es aumentar el intercambio comercial hoy anclado en mil millones de dólares. Por cierto en esa batea lo que destaca es la voluminosa oferta petrolera iraní. Si es ése el bocado al que aspira Argentina, no queda claro cómo pretende tomarlo.

Irán, como Argentina, no destaca por la sutileza. No todas las revoluciones son progresistas y la islámica de 1979 en el país asiático en absoluto lo fue. El modelo seudo libertario acabó transformado en una fórmula con fuertes perfiles fascistas que resolvió el desafío de las inequidades sociales -que contribuyó a generar-, por medio de la represión.

Esto tiene un límite que exhiben ya los vecinos de Irán. El giro a la moderación de Ahmadinejad, cuyo gobierno culmina el año próximo, es un dato de la percepción de un poder que no se manifiesta como antes. El presidente logró preservar el respaldo de los sectores más pobres del Irán profundo, pero la extendida clase media urbana está agobiada porque además perdió los subsidios que mantenían pisados los precios de los combustibles y la energía hogareña.

Con ese trasfondo Ahmadinejad entró hace un año y meses en un litigio sin salida con los clérigos y con el líder supremo Ali Khamenei, que le ha recortado gran parte de su apoyo. Todo muestra un régimen atomizado carente de un plan económico, halcones que proponen más de lo mismo y la percepción de que se puede acabar en un estallido si es que antes no sucede algo aún más grave. Eso es quizás lo que teme o alienta Ahmadinejad.

Hace muy poco una mera carta con 10.000 firmas de trabajadores expresando quejas por cuestiones laborales, acabó con el arresto de numerosos sindicalistas en Tarej, cerca de Teherán. Es con esta gente y esas realidades que negocia hoy Argentina.

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