Con valijas llenas de sueños y expectativas cruzaron el océano Atlántico y llegaron a la que en ese entonces era conocida como la tierra de las oportunidades.
Con valijas llenas de sueños y expectativas cruzaron el océano Atlántico y llegaron a la que en ese entonces era conocida como la tierra de las oportunidades.
Acá se encontraron, se organizaron y fundaron el Centro Asturiano de Mendoza. Fueron 47 asturianos los que en 1914 tuvieron esa primera iniciativa, pero muchos más los que continuaron el espacio que este año celebra su centenario.
"Como todas estas casas y centros de aquella época, las personas se juntaban a auxiliarse entre ellos y que la morriña fuera un poco menos", dice Rosa María Suárez, presidenta del Centro, refiriéndose a ese sentimiento de melancolía o nostalgia por haber dejado atrás la tierra natal, común en la mayoría de los inmigrantes.
Allí no sólo recibieron a los descendientes del Principado de Asturias sino que cobijaron a otros españoles, italianos, franceses y todos aquellos que lo necesitaban.
"Como nuestra sede siempre estuvo en un lugar céntrico, mucha gente llegaba con su maletita y sin lugar a dónde ir los mandaban a nuestro centro y allí se los recibía", destaca la mujer.
Ese sentimiento de multiculturalidad y pluralidad sigue perdurando hasta el día de hoy porque para ser socio no hace falta ser asturiano, ni descendiente. "Sólo hace falta habitar este suelo", explica Rosa María.
"Yo soy criolla y estoy en la comisión directiva. Este es mi segundo hogar y soy muy feliz con toda la gente que está acá adentro", manifiesta Violeta Morales, quien tiene el cargo de secretaria.
Organización activa
Actualmente el Centro Asturiano cuenta con 380 socios entre niños, jóvenes y adultos que realizan gran cantidad de actividades, principalmente para difundir la cultura asturiana, pero también la local.
"Tenemos grupos de karate, de folclore argentino, cursos de gastronomía, hemos tenido profesores de fotografía, exposiciones pictóricas, entre otras", enumera Rosa María, quien detalla que el gobierno del principado de Asturias subvenciona algunas.
Pero sin lugar a dudas, la actividad que más los representa es el grupo Ruxideru, que en asturiano significa sonajero.
"Es una banda de gaitas y de pandereteras que difunde la música folclórica tradicional asturiana", recalca la presidenta del Centro. Incluso cuentan con otro grupo llamado Ruxiderín, para que los niños también puedan aprender a interpretar la música típica.
Además, todos los años organizan un viaje a Asturias, pero también están planeando un grupo de turismo para conocer la provincia. "Nuestra conexión con la sociedad es permanente, estamos felices de posibilitar que todo lo que sea cultura, actos sociales y demás tenga eco en el centro asturiano", afirma Rosa María.
Reluciente sede
Una fachada que imita un hórreo asturiano -una construcción destinada a guardar y conservar los alimentos alejados de la humedad- y un interior cálido repleto de cuadros y fotos, alberga hoy todas las actividades del Centro. Pero este edificio ubicado sobre calle Godoy Cruz no fue siempre su refugio, sino que pasaron por varios sitios antes de encontrarlo.
En sus comienzos se ubicaron en un solar en la esquina de 25 de Mayo y Sarmiento. Luego pasaron por distintas sedes en las calles Catamarca, Patricias Mendocinas y España. También se ubicaron sobre General Paz, en un inmueble compartido con la Sociedad Española de Socorros Mutuos.
Hasta que finalmente en 1953 se compró el actual sitio. "Mi papá fue uno de los 10 que estuvo comprometido en la compra de la nueva casa. Él me hizo socio y desde allí nunca dejé de venir", aporta Oscar Llaneza, vicepresidente de la organización.
Con el pasar de los años el edificio, que era totalmente de adobe, tuvo que ser restaurado y se reinauguró oficialmente en 2005. "A pesar de los escombros nunca dejamos de hacer nuestra fiesta principal que es el 8 de septiembre, el día de la Virgen de Covadonga. Corríamos todo para un lado, poníamos las cosas en orden y cocinábamos la fabada, nuestra comida típica", narra la presidenta.
Recuerdos de la inmigración
María de la Cruz Covadonga Rodríguez nació en la ciudad asturiana Cangas de Onís, hija de padre español y madre argentina. "Mis abuelos maternos habían vuelto a España con su buen dinero para comprar pequeñas tierras, pero mi mamá siempre quiso regresar, cuenta la mujer que no ha perdido su marcado acento español.
En 1958, cuando ella tenía 13 años, su familia se embarcó para Mendoza. "Había un tío segundo de mi madre en Luján, pero cuando llegamos había fallecido así que unos árabe-libaneses que conocimos nos albergaron en su casa", recuerda.
En ese entonces tanto su padre, su madre y hermano tuvieron que trabajar duramente para sobrevivir: "Hacíamos lo que fuera, bordar, zurcir... Hasta que los cuatro nos fuimos dos meses a la cosecha, donde pudimos juntar algo de dinero para alquilar", comenta.
Con el pasar de los años ella se encariñó con esta tierra donde se casó, tuvo a sus tres hijos, seis nietos y un bisnieto. "Le doy gracias a la Argentina porque me ha dado mucho y a mis compañeros del Centro Asturiano porque me ayudan a estar en contacto con la tierra donde nací", cierra.
A diferencia de María de la Cruz, José María González decidió por sí mismo venir a la Argentina en 1952: "Mi papá había fallecido y mi mamá quería venirse con mis dos hermanos. Como yo tenía 18 años ella me dio la posibilidad de elegir".
En ese entonces él pensó en acompañar a su mamá durante algunos años y luego regresar: "Me dije a mí mismo ?me voy 5 o 6 años y regreso', pero todavía no vuelvo", dice sonriente. Después de 62 años, está casado y tiene hijos. "Cuando uno echa raíces es difícil volverse", apunta.
La presidenta del Centro, Rosa María, también nació en Asturias. "Fue en el año '56, porque en España no había perspectiva de nada y nosotros nos vinimos como muchos a hacer la América", remarca. Uno de los momentos que nunca olvidará fue cuando llegó hasta Mendoza en un camión tanque, que se utilizaba normalmente para trasladar vino: "Lo lavaron bien, le pusieron unos colchones y así llegamos a la provincia.
De la mesa que se reunió para contar sus vivencias a Los Andes participaron también Jorge Díaz, Germán Ruiz, Roberto Valenzuela, Silvio Nardecchia, Susana Spotti, Mirtha Palma y Elena Sánchez.