La vida de los deportistas profesionales es envidada por más de uno. Viajes alrededor del mundo, lujos, dinero, fama, pero detrás de todo eso, en muchos casos, se esconden una vida llena de sacrificios, privaciones e incluso sufrimiento.
La vida de los deportistas profesionales es envidada por más de uno. Viajes alrededor del mundo, lujos, dinero, fama, pero detrás de todo eso, en muchos casos, se esconden una vida llena de sacrificios, privaciones e incluso sufrimiento.
Uno de esos casos podría ser el de Guido Pella, tenista argentino que viene de completar su mejor actuación en un Grand Slam, llegando a cuartos de final de Wimbledon tras dejar en el camino a Kevin Anderson y Milos Raonic, dos ex finalistas del torneo.
De regreso a nuestro país estuvo como invitado en "PH, Podemos Hablar", allí se mostró por completo y confesó todo sobre su vida: su infancia, sus inicios en el tenis, su fanatismo por Disney, su relación con Stephanie Demner, su miedo a los aviones y mucho más.
"No sé si me gusta jugar al tenis. Aun con 29 años, no sé si es lo que a mí me gusta hacer. Lo hago porque lo hago bien y porque me permite vivir de esto, entonces imaginate yo entrenando a los 14 años, en una pensión, sin que me guste el tenis, solo en Buenos Aires, sin sentir que era lo mío", empezó contando el número 24 del mundo.
Ante la sorpresa de todos en el programa, Pella contó cómo fueron sus inicios en el deporte: "De un día para el otro me dijeron que tenía que irme a Buenos Aires, porque a un sponsor le gustaba cómo jugaba. Un domingo a la noche me fue a despedir mi mamá a la terminal y vine solo a la Ciudad, a una pensión en Caballito. Yo decía '¿Qué hago acá?', la gente era hostil, era todo atolondrado. Fue durísimo. Me acuerdo que lloré las primeras tres semanas, todos los días".
Con tan sólo 14 años, Guido debió abandonar todo en su Bahía natal para poder dedicarse al tenis: "Perdí amigos, perdí esa edad entera. No sé lo que es sentarse a comer con amigos o si estoy con un grupo grande de gente, me siento incómodo".
Pese a que no disfrutaba del tenis, Pella encontró allí una forma de progresar económicamente en vistas al futuro. “Soy de Bahía Blanca, que para el tenis era nulo. Eramos una familia de clase media, mi viejo fue basurero un tiempo. No sobraba nada y el tenis es carísimo. Veía que mis papás arrancaban con un auto y le ponían gas porque no alcanzaba para el viaje. Por ahí viajábamos de Bahía a Mendoza, que son 1.200 kilómetros, y cada 200 kilómetros había que frenar para recargar el tanque de gas", contó sobre el comienzo de su carrera.
"Va todo relacionado. De chico no podía comprar absolutamente nada. Mi sueño era, cuando ganara plata, ir comprando las cosas que de chico me hubieran gustado tener. Yo lo asocio a las faltas de nene que tuve. No tuve infancia", lanzó el tenista.
Hoy, siendo uno de los mejores tenistas del mundo, su situación le permite darse todos los gusto que no pudo cuando era chico: "Arranqué con videojuegos viejos: Family, Sega, Game Boy Color, consolas de hace 20 o 25 años. Y juegos. También muñecos, eso comenzó cuando me empezó a ir mejor. Soy fanático de todo lo que te imagines: Star Wars, Harry Potter, El Señor de los Anillos. A mí siempre me gustó tener la mejor calidad, entonces empecé a comprar muñecos por Internet. ¿Viste que hay gente que entra a Instagram? Yo entro en una página a ver muñecos"
Quizás relacionado con sus infancia frustrada, Pella confesó que su lugar favorito en el mundo es Disney, el parque de diversiones más famoso del mundo y que es el sueño de muchos niños. "Soy muy fanático. A los parques fui entre 25 y 30 veces. Con mi novia, en un año, fuimos 7 veces. Ella también es fanática. ¿Tenemos dos días libres en Europa? ¡Vamos a Euro Disney! Si Disney sobrevive, en parte es por mí", bromeó.
El universo creado por Walt Disney ocupa un lugar muy importante en su vida, allí decidió proponerle matrimonio a su novia, Stephanie Demner: "Al momento de preguntarle, no podía reaccionar. Estábamos en el parque (Disneyland París). Hacía frío, tenía el anillo escondido. Los fuegos artificiales son a las 22, duran 25 minutos. Yo tenía miedo de decirle. Y en un momento los guardias empiezan a echar a la gente, se termina la magia de Disney. Me dije 'es ahora o nunca'. Yo había planeado todo el viaje para eso. En un momento le digo que me dolía el pie. No me arrodillé, porque me daba vergüenza. Me quedé sentado. Saqué el anillo y le pregunté. Obviamente me dijo que sí. Y en ese momento empezamos a correr al castillo, porque era un sueño. El guardia nos corrió, pero pudimos publicar una selfie, la mejor que sacamos, con el castillo".
Otros de los aspectos de su vida que reveló en la noche del sábado fue su desprecios por los aviones. Pese a pasar mucho tiempo volando de un torneo a otro, Guido sostuvo que detesta volar. Incluso reveló una traumática situación vivida en 2009: "Vuelo de Buenos Aires a París, por Air France. El avión se empieza a mover increíble. Hubo desesperación, la gente gritaba. Yo me abracé a mi entrenador, transpirando: 'No me quiero morir, no me quiero morir'. Pasa la turbulencia, yo me tranquilizo y el pibe que se sentaba al lado de mi entrenador empieza a lagrimear, se puso muy mal. Era francés y mi entrenador, que habla francés, empezó a preguntarle qué le pasaba. El chico le respondió: 'No, es que yo vivo en Argentina y mi papá venía de París a visitarme en el avión que se estrelló. Estoy yendo a Francia para que me entreguen los papeles, los restos'".