8 de septiembre de 2018 - 15:43

Gol mendocino para el triunfo del Málaga

Gustavo Blanco Leschuk convirtió el único gol del equipo que marcha líder en la Segunda División.

Suma y sigue. El Málaga mantiene su pleno de victorias tras cuatro jornadas celebradas. El equipo blanquiazul funciona como un reloj, es una máquina de precisión que es capaz de encadenar un partido tras otro con la máxima eficacia tanto en ataque como en defensa. Consigue desarbolar a los rivales y después tiene potencial sobrado para defenderse de ellos. Es la adaptación perfecta a la categoría, a una Segunda complicada y compleja.

Un golazo de Blanco fue suficiente para que el Málaga se deshiciera de un Tenerife que apenas dispuso de un par opciones para marcar. Este tanto elaborado por Ontiveros y espectacularmente ejecutado por el delantero argentino dio el triunfo final al Málaga. Y no necesitó más para seguir líder en solitario, dominando la categoría con catorce puntos sumados en un arranque espectacular. Y todo ello con un mal árbitro en el campo, Bikandi Garrido.

Muñiz hizo cuatro cambios en el once, pero todos ellos obligados. Las lesiones y los partidos internacionales provocaron que entraran en el equipo Kieszek, Lacen, Mula y, en última instancia, Ontiveros por la baja en el calentamiento de Renato. Y nada cambió en el equipo sin el portugués, Munir, Pacheco o el mismísimo N'Diaye. El sistema funcionó otra vez a la perfección, con orden táctico y con una alineación ofensiva, lo que facilitó que el Málaga triangulara y desarrollara un juego combinativo en los minutos iniciales ante un Tenerife con muchas dificultades para desatarse del control local.

Sin agua sobre el campo y con el terreno 'tocado', el equipo blanquiazul intentó desde el arranque agradar a su entregada afición con las constantes internadas de Cifu, el desequilibrio de Ontiveros y el peligro permanente de Harper, que fue el primero en buscar la meta contraria en un lanzamiento que detuvo sin problemas el meta contrario. El público se animaba con el paso de los minutos gracias al trabajo y la profundidad de un Málaga que no tuvo ninguna complicación en defensa en el primer periodo.

Tras varias aproximaciones con un disparo de Ontiveros y un cabezazo de Harper fue el primero el que descompuso a la defensa rival en una acción individual, para realizar después un pase en profundidad que aprovechó Blanco para abrir el marcador en un golpeo certero. Un golazo bien elaborado y magistralmente definido que premiaba la superioridad malaguista con un árbitro desconcertante (mostró la amarilla a Ontiveros en una acción que quizás no fuera ni falta).

Tras el descanso cambió la dinámica, con un Tenerife mucho más al ataque, presionando la meta de Kieszek y disponiendo ya de alguna opción para marcar, como la desaprovechada por Naranjo en un centro lejano de Suso. Pero Muñiz reaccionó dando entrada a un jugador de más trabajo en la banda: Juan Carlos por Ontiveros. Y otra vez apareció el equilibrio y el Málaga volvió a aproximarse con peligro a la meta contraria.

Con un inspirado Cifu y una seguridad defensiva espectacular, el equipo blanquiazul se hizo otra vez muy pronto con las riendas del partido tras un cuarto de hora complicado. El Málaga necesitaba cerrar el partido con un segundo tanto, a la vez que guardar su portería ante un rival con calidad arriba.

La mínima ventaja malaguista en el marcador ofrecía una gran inquietud, ya que el Tenerife mantenía firme su amenaza, sobre todo por las incorporaciones de Suso, que estrelló el balón en un poste en la segunda oportunidad visitante del encuentro. Con Boulahroud y el joven Hicham en el campo, el Málaga quería combatir la presión visitante con más argumentos ofensivos. Y consiguió cambiar el juego de campo para que los últimos minutos no fuesen angustiosos para su equipo y su afición. Excelente el Málaga.

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