26 de noviembre de 2013 - 01:49

Francisco y Putin, por una salida para la crisis en Siria

El Papa y el presidente ruso se reunieron en Roma y coincidieron en la necesaria paz en ese país.

El Papa Francisco y el presidente ruso Vladimir Putin abogaron por una salida "negociada" del conflicto en Siria, que tenga en cuenta los componentes étnicos y religiosos, durante su primer encuentro este lunes en el Vaticano.

Los dos líderes, que conversaron a puerta cerrada 35 minutos en la biblioteca privada del Pontífice, en el palacio apostólico, acordaron "favorecer iniciativas concretas para una solución pacífica del conflicto" en Siria, que reconozca el papel "imprescindible" de la sociedad.

Putin agradeció al Papa su posición, ilustrada en la carta enviada con ocasión de la reunión del G20 celebrada en San Petersburgo, en la que condenaba toda intervención militar externa para resolver el conflicto en Siria.

"La difícil situación de los cristianos en numerosas regiones, la promoción de los valores a favor de la dignidad de la persona y la protección de la vida humana y la familia", fueron algunos de los temas abordados.

Igualmente fue analizada la situación de los católicos en Rusia y la contribución del cristianismo a la sociedad, subraya el comunicado divulgado por la Santa Sede.

Putin evitó invitar al Pontífice argentino a Rusia, un tema muy delicado, ya que se trataría de la primera visita de un jefe de la Iglesia católica a ese país.

Una eventual visita papal no depende del deseo popular, sino de las relaciones con la Iglesia ortodoxa, pero debido a la crisis del cristianismo en Europa y con un Islam persiguiendo a católicos, ortodoxos y protestantes en los países musulmanes, Moscú y el Vaticano esperan mejorar mucho sus relaciones.

La idea de un viaje papal "no figuraba entre los temas" tratados, reconoció el padre Federico Lombardi, portavoz del Vaticano.

El presidente ruso, que viajó en un avión privado, llegó con 45 minutos de retraso al encuentro con el Papa, programado inusualmente en las horas de la tarde.

Al término del encuentro Putin se reunió con el nuevo secretario de Estado, monseñor Pietro Parolin.

La última visita de un mandatario ruso al Vaticano fue en 2011, cuando el presidente Dimitri Medvedev fue recibido por Benedicto XVI para reforzar las relaciones bilaterales entre Rusia y la Santa Sede.

El Vaticano y Rusia decidieron establecer relaciones diplomáticas "plenas" en diciembre de 2009 y elevaron sus representantes a rango de embajador y nuncio apostólico.

En 1990 los dos países habían establecido relaciones sólo a nivel de representantes.

Putin fue recibido dos veces por el fallecido pontífice polaco Juan Pablo II en 2000 y 2003 y en marzo de 2007 por Benedicto XVI.

Hoy, Putin se trasladará a Trieste, al norte de Italia, acompañado por una importante delegación, encabezada entre otros por el ministro de Relaciones Exteriores, Serguei Lavrov, y el ministro de Defensa, Anatoly Antonov.

Italia, que el próximo año asume la presidencia de turno de la Unión Europea, espera "trabajar para superar toda divergencia y fortalecer la cooperación en campo político, económico y energético", aseguró este lunes en una entrevista Letta, quien mencionó los asuntos internacionales que abordarán, entre ellos la "inestabilidad en Libia", la crisis en Siria y en todo el Medio Oriente a partir del proceso de paz entre Israel y los palestinos.

Putin comunicó al Papa el saludo especial del patriarca ortodoxo de Rusia, Kirill I, indicó el Vaticano.

No se excluye que los dos líderes religiosos se reúnan en un tercer país.

Tratativas de paz

Por otra parte, las conversaciones de paz entre el gobierno y la oposición de Siria comenzarán el 22 de enero en Ginebra, un nuevo intento por detener un conflicto que ha dejado más de 100.000 muertos en tres años, informó ayer la ONU.

Los esfuerzos previos para reunir a las dos partes han sido infructuosos debido a las diferencias en torno a quién debe representar a la oposición siria, el papel a futuro que tendrá el presidente sirio Bashar Assad, y si Irán, Arabia Saudí y otras potencias regionales deben acudir a las conversaciones.

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