Federico Méndez viajó por primera vez a Sudáfrica con la Selección argentina de rugby, Los Pumas, en 1994. Fue un testigo privilegiado del proceso que llevó a Mandela al poder.
"Nuestro viaje fue cerca del momento de la asunción de Mandela como presidente. Era cuando en el mundo de la política y el deporte recién le levantaban a Sudáfrica las sanciones que tenía por el apharteid. Al año siguiente fue el Mundial, como se registra en la película Invictus. Yo estuve en esa Selección, y después de que terminó el Mundial, a los 4 meses me fui a vivir a Sudáfrica, a jugar para los Natal Sharks, que son allá como el Boca nuestro del rugby, el equipo más popular".
"Viví todos los cambios que ocurrieron. Apenas asumió Mandela, Sudáfrica cambió por completo. Su gobierno cambia la Constitución, el Himno, la bandera, las leyes... Si hasta había un Código Civil distinto para blancos y para negros. Fueron cambios muy grandes".
Lo que hizo Mandela para que Sudáfrica exista hoy fue increíble: unió al país en un momento en que, además del apartheid, había mucha lucha interna dentro del Encuentro Nacional Africano, el partido de Mandela. Cuando él asume, tenía una fuerte oposición interna, porque dentro del país hay varias tribus, y la de Mandela, la Xota, era una de las etnias minoritarias, y enfrente tenía a los poderosos zulúes, que habían dominado hasta que llegó el hombre blanco.
-¿Cuál fue su estrategia para integrar a negros y blancos?
-Él se opuso básicamente a lo que querían hacer muchos, que era lo que había pasado en Zimbabue, la antigua Rodhesia: sacarles el poder a los blancos para dárselos a los negros. En Zimbabue se comprobó que los negros no estaban preparados, y terminaron con problemas serios, como el hambre.
Entonces Mandela, tomando ese ejemplo, decide deponer cualquier actitud de odio o revancha e ir hacia adelante todos juntos. Mandela aprovechó todo lo bueno que había dejado el gobierno de los boers, más allá de todos los defectos que tuvieron con respecto a la segregación racial. El gobierno anterior era muy nacionalista y dejó armadas numerosas infraestructuras y obras públicas, dejaron un país superarmado, muy desarrollado en muchos aspectos, y lo que hizo Mandela fue aprovechar eso y seguir adelante.
-¿Es así lo que se cuenta en la película Invictus, que Mandela aprovechó el rugby para integrar la nación?
-Sí, la película lo refleja muy bien. Mandela se dio cuenta de que era la oportunidad de usar el rugby para construir una sensación de pertenencia, un concepto de nación. Es que en la "Rainbow Nation" (la nación del arco iris) hay 11 idiomas oficiales, no sólo los de los negros y blancos. Y entre los negros hay 8 o 9 tribus. También entre los blancos había fuertes divisiones. También hay casi 5 millones de hindúes, paquistaníes musulmanes, etcétera. Es un país complejo, es como si fueran once países en uno... Entonces, Mandela dijo que no iban a imponer revancha, que iba a desarrollar lo mejor de ese pueblo.
-Desde el principio buscó la conciliación...
-Sí, estuvo 27 años preso, sufrió mucho, y sin embargo, como ejemplo de esa voluntad de conciliación, terminó invitando a su carcelero a su asunción. Fue un verdadero ejemplo contra el revanchismo, un símbolo. Mandela fue un tipo muy respetado por todo el mundo, por negros y blancos. Yo viví ahí y lo conocí personalmente, en la ceremonia inaugural del Mundial del '95. Y después también lo saludé cuando jugamos la final de la Curry Cup, ahí le estreché la mano otra vez.
-¿Cómo fue tu carrera deportiva en Sudáfrica?
-Yo me fui a Sudáfrica en el '96 para jugar en los Natal Sharks. Después partí a Inglaterra y volví en el 2002 para jugar otra vez en los Natal Sharks. Después jugué en Western Point, en Ciudad del Cabo en el 2005, y ahí me retiré como jugador entrenador. En distintas épocas, estuve tres años en total.
-Cómo es tu relación actual con Sudáfrica y los sudafricanos?
-Soy un enamorado de Sudáfrica, allí tengo a mi socio, que es inglés pero vive en Sudáfrica, tengo muchísimos amigos... En realidad es el único país, aparte de Argentina, donde tengo amigos del corazón, y realmente en Sudáfrica me siento como en casa, siempre me han tratado muy bien, me siento sudafricano.
-Cómo describirías la admiración y el amor que los sudafricanos profesan por Mandela?
-Hasta el día de su muerte lo han amado y han sufrido cuando se enfermó y se vislumbraba el final. Pero no ha habido tristeza, ya que en sus 95 años entregó su vida al pueblo y la gente lo reconoce así. Es un prócer para todos, sin distinción de raza, origen o religión... Fue alguien que teniendo aún el poder, siendo presidente por largos años, dijo un día hasta acá llego y dejó que gente de su partido siguiera con su legado y se retiró a hacer un trabajo distinto, ya no tanto en la función ejecutiva sino desde afuera…
-¿Y su legado sigue vivo, se respeta? ¿No ha habido más conflictos raciales?
-El legado de Mandela está intacto, pero siguen habiendo luchas de poder, como en todos lados. Pero el país floreciente que Sudáfrica es hoy se lo debe a Mandela. Gracias a él, a la confianza que generó, el país recibió muchísimas inversiones, sobre todo de musulmanes que llevaron su dinero de EEUU a Sudáfrica después de los atentados de las Torres Gemelas. Esa inversión fue un factor importante de crecimiento, el país se expandió, su influencia hoy llega a todo el sur de África. Y Mandela está siempre presente en la vida de todos los sudafricanos.
-Vos representás la amistad entre mendocinos y argentinos con Sudáfrica... ¿Cómo es esa relación actualmente?
-Yo siempre digo que, más allá de la diferencia del idioma y la cultura, tenemos muchísimas cosas en común, por ejemplo los conceptos de amistad y familia, que son parecidos a los nuestros. Son personas que valoran la amistad, en eso somos muy similares. También en la forma de hacer negocios: ellos están, como nosotros, acostumbrados a afrontar dificultades. En ese sentido nos llevamos muy bien. Pero hay muchísimas cosas más por desarrollar. Por ejemplo relaciones financieras, industriales, el tema del vino, que nos une. Yo soy un enamorado de Sudáfrica; cuando no voy los extraño. Me siento un sudafricano más...