La presente temporada está fuertemente afectada por condiciones predisponentes para el desarrollo de enfermedades fúngicas en la vid. Actualmente el cultivo se encuentra en un momento crítico, ya que el desarrollo de podredumbres y peronospora pueden afectar directa e indirectamente la producción, tanto del presente como del siguiente año.
El problema en esta época es por el ataque en hojas, el cual provoca la caída total o parcial de las mismas. Es un daño grave que, ocurrido cerca de la madurez de los racimos, se traduce en la disminución de la fotosíntesis y la producción de azúcar, por lo cual las uvas no alcanzan la madurez necesaria y producen vinos de mala calidad.
Asimismo, esto provoca una escasa lignificación de los sarmientos que lleva a la disminución de la producción del próximo ciclo vegetativo, así como al debilitamiento progresivo del viñedo y una mayor predisposición a enfermedades de madera.
Por los motivos antes mencionados se recomienda realizar aplicaciones pre-cosecha sólo en aquellas zonas o variedades donde el tiempo restante hasta la cosecha sea suficiente para respetar estrictamente el período de carencia (PC).
En caso contrario, conviene realizar tratamiento en poscosecha para protección de las hojas, lo que asegura no sólo la disminución de inóculo en la presente temporada, sino también en la siguiente. En ambos casos se pueden aplicar fungicidas de contacto o sistémicos.
Podredumbres en la vid
Bajo el nombre de podredumbres se conoce a afecciones cuya sintomatología está centrada en el racimo. Puede actuar el hongo Botrytis cinerea, causando la “podredumbre gris”, o estar en combinación con otros hongos resultando en la “podredumbre de los racimos”.
Cuando los actores principales son levaduras y bacterias se presenta la “podredumbre ácida”, caracterizada por un fuerte olor a ácido acético y presencia de la mosquita del vinagre.
Teniendo en cuenta que la mayoría de las cultivares se encuentran en estados fenológicos muy susceptibles al desarrollo de estas enfermedades se aconseja prestar atención a la ocurrencia de las mismas, ya que sus daños afectan directamente a la producción, la calidad de los vinos en uvas de vinificar y en uvas de mesa, además, provoca la depreciación del producto. Asimismo, su presencia es muy castigada por las bodegas.
Si se detecta podredumbre gris y de los racimos, se recomienda en estos estados fenológicos la aplicación de fungicidas sistémicos. En el caso de no constatarse la enfermedad se puede cubrir el cultivo con fungicidas de contacto o biológicos, siempre y cuando no estén pronosticadas lluvias cercanas a la aplicación del producto que provoquen que sea lavado.
En vides afectadas por granizo se debería cosechar lo antes posible para evitar problemas de podredumbres, o aplicar fungicidas para el control de las mismas. Además, realizar aplicaciones con productos que contengan cobre, para favorecer la cicatrización de heridas.
Los productos a aplicar deben estar registrados en Senasa. En todos los casos se debe tener presente la proximidad de la cosecha, respetando períodos de carencia, dosis recomendadas en el marbete, restricciones de uso en cuanto a la mezcla con otros productos, horas de aplicación, precauciones de exposición y protección de la salud.
Además se recomienda usar pulverizadoras calibradas. En cuanto al destino de la producción, se deberán respetar los límites máximos de los residuos en los productos y subproductos.