Un milagro de Maradona: cómo fue que le salvó la vida al cineasta italiano Paolo Sorrentino

El protagonista es el alter ego de Sorrentino adolescente.
El protagonista es el alter ego de Sorrentino adolescente.

En “Fue la mano de Dios”, el director lleva al cine su historia más dolorosa: la muerte de sus padres producto de un escape de gas del que se salvó por preferir ir a ver jugar al Diez. Desde el 21 de septiembre en Netflix.

En 2014, cuando Paolo Sorrentino agradeció el Oscar a Mejor Película en Habla no Inglesa en el Dolby Theatre de Los Ángeles, se lo dedicó a sus “inspiradores”. “Federico Fellini, Talking Heads, Martin Scorsese y Diego Armando Maradona”, enumeró esa noche, donde se consagró su película “La grande bellezza”.

A lo largo de los años Sorrentino fue homenajeando pacientemente esa lista: “La grande bellezza” es un “aggiornamento” brutal y sublime de “La dolce vita” de Fellini; “This Must Be the Place” (2011) toma el nombre de una canción de los Talking Heads, “Il Divo” (2008) retrata muy a la manera de Scorsese las altas esferas del poder y la mafia... ¿Y Maradona?

Cierto es que ya lo habíamos visto de lejos en “Youth” (2015), en un resort alpino de lujo mientras se bañaba en una piscina, interpretado por Roly Serrano. Pero el futbolista fue tan importante en su vida que, aunque no pueda hacer una película sobre él por una cuestión de derechos, no se privará jamás de homenajearlo y profesarle toda su devoción. “Fue la mano de Dios” (“È stata la mano di Dio”), su última película, salda también esta cuenta.

Sorrentino ha cautivado en el último Festival de Venecia con esta película, la más autobiográfica de su cinematografía, donde conviven también la biopic “Silvio (y los otros)”, sobre Berlusconi, y la serie “The Young Pope” con Jude Law.

En esta 78° edición de la Mostra fue galardonada con el Gran Premio del Jurado, aunque no es más que un “mimo” para Sorrentino, favorito de los festivales y, junto a Matteo Garrone, la figura más trascendente del cine italiano contemporáneo. La gloria se la lleva en realidad Netflix, socia productora, que se encargará desde el próximo martes 21 de septiembre de estrenarla en todo el mundo.

“Yo salvé mi vida gracias a Maradona”

“Fue la mano de Dios” es un relato sobre el destino y la familia, los deportes y el cine, el amor y la pérdida. Cuenta, mezclando libremente realidad y ficción, la tragedia del propio Sorrentino cuando tenía 16 años, y donde Maradona tuvo un involuntario papel.

Sucedió el día que el cineasta, nacido en Nápoles y fanático del club de esa ciudad, prefirió no ir a una escapada de esquí que hicieron sus padres porque quería ir a un partido donde jugaba el Diez, en otra ciudad. Esa noche sus padres murieron por un escape de gas.

Lo recordó así hace algunos años, en el Corriere della Sera: “Desde que tenía quince años que le pedía a mi papá que me dejara ir a ver un partido de Maradona y el Napoli de visitante. Sólo me dejaban ver los de local”.

El cineasta en el mítico estadio San Paolo del Napoli.
El cineasta en el mítico estadio San Paolo del Napoli.

Cuando en aquel septiembre del ‘86 mis padres me dijeron que teníamos que ir a pasar unos días a nuestra casa en Roccaraso (una ciudad turística ubicada en la montaña), le rogué a mi papá que me dejara ir a Empoli, donde jugaba de visitante el Napoli. Siempre me decía que era muy chico, pero no sé por qué ese día me autorizó. Ellos viajaron y yo me quedé en casa”, recordó.

El desenlace le cambió la vida para siempre: “Al otro día, temprano, a la mañana, sonó el portero eléctrico. Creí que era un amigo mío con el que íbamos a viajar a Empoli. Pero no. Era el portero. Tenía que decirme algo. Bajé, y con los ojos llorosos me dijo que mis papás habían muerto durante la noche en nuestra casa de veraneo. Hubo una fuga de gas y fallecieron en el sueño. Yo salvé mi vida gracias a Maradona”.

La adaptación

En “Fue la mano de Dios” Sorrentino evita la estricta autobiografía, al punto de que le da al protagonista, su alter ego, otro nombre: Fabietto Schisa, interpretado por el joven Filippo Scotti. Algunos sucesos se repiten en un relato que es, ante todo, una coming-of-age story. Los padres son Toni Servillo (actor fetiche del cineasta) y Teresa Saponangelo.

En consonancia con su propia vida, al dolor paralizante se sobrepone no solo su pasión por el fútbol, sino también las ganas de hacer cine, teniendo como telón de fondo el Nápoles turbulento y frenético de los ‘80. Fútbol, arte y mística pura.

Fue una época muy dolorosa”, recordó en la Mostra durante una rueda de prensa. “Soy muy miedoso en la vida, pero valiente en mis películas, supongo que es una forma de coraje diferente”, reflexionó el cineasta de 51 años.

El póster de la película.
El póster de la película.

Los años lo han ayudado a tomar distancia de ese hecho traumático y a tamizar las emociones. Eso lo ayudó a evitar la llana autobiografía y combinar elementos “que son verdad y otros que no”. “Pero lo que es siempre verdadero son mis sentimientos o lo que yo recuerdo que sentí siendo un adolescente”, sentenció, recordando el papel que tuvo su maestro Antonio Capuano en su vida.

El título de la película se refiere claramente al célebre gol de Maradona en los cuartos de final del Mundial de México 86 contra Inglaterra. Sorrentino dijo que es “una frase bellísima”.

Es paradójico que la dijera un futbolista porque es una gran metáfora, un emblema que tiene que ver con la suerte o la divinidad si creés en ella, yo creo en el poder semidivino de Maradona”, confesó.

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