domingo 16 de mayo de2021

Pareja y relaciones: 8 actitudes que carcomen la convivencia
En el sostenimiento del fuego en la pareja juegan varios factores a tener en cuenta.
Sociedad

Pareja y relaciones: 8 actitudes que carcomen la convivencia

Nadie nació con un manual de cómo vivir en pareja, y la mayoría replica, sin darse cuenta, actitudes que vivieron en la infancia con la relación de los padres. Por eso, hacer consciente ciertas acciones y omisiones es fundamental para la larga vida de a dos

Pareja y relaciones: 8 actitudes que carcomen la convivencia
En el sostenimiento del fuego en la pareja juegan varios factores a tener en cuenta.

Como todos los vínculos, que son dinámicos y van cambiando con el tiempo, el de la pareja es uno de los que más nos cuesta mirar porque implica mucha autocrítica y la aceptación del otro, pero también la capacidad de adaptarse a los cambios y, en última instancia, reconocer que el vínculo se ha terminado.

El hecho de que una pareja sea mucho más que la suma de las partes (no es solo uno más uno) incluye a cada uno de los integrantes como individuos, pero también a los integrantes como pareja. Es decir, es un “yo” con un “vos” y con un “nosotros”, ya que desde las propias individualidades se va construyendo también una “identidad del nosotros”.

Conservadores en relaciones de pareja

En esta descripción de cómo se arma la relación de pareja, las oscilaciones entre “lo que yo deseo”, “lo que tú deseas” y “lo que deseamos los dos”, son un movimiento constante. Y está bien que así sea. Los problemas surgen cuando el movimiento se estanca en una de las partes. Ejemplo: “yo quiero que las cosas se hagan a mi manera” (estancado en el yo), “vos querés tener razón siempre” (estancado en el tú), “si vos no vas, yo no voy” (estancado en la relación).

En esta ecuación surgen una serie de problemas que en sí mismos tienen escaso valor crítico, pero hay que aprender a cortarlos rápido para que no se vuelvan persistentes.

1. Convertir una insignificancia en un problema

Es obvio que por lo bajo subyacen muchos temas no hablados que esperan “el momento” para aparecer, y que seguramente aparezcan luego de varias horas de discusión de la “insignificancia”. En este caso habría que diferenciar el problema actual y darle solución inmediata, y dejar los motivos subyacentes para un momento más apropiado.

2. Dejar cosas para que el otro las haga

Por lo general son acciones de la vida cotidiana: dejar los restos del desayuno, levantar los platos sucios, dejar objetos por guardar o descuidar la higiene del baño. Aunque parezcan insignificantes, estas acciones provocan muchos conflictos. El problema no radica en el objeto, sino en la configuración de los roles dentro de la relación, lo cual demuestra la falta de equidad o de compromiso de una de las partes. Y a la hora de plantear el problema es usual escuchar: “vos tenés más tiempo”, “estoy todo el día afuera y llego agotado”, “te corresponde a vos que sos mujer” o “estás siempre quejándote”.

3. Usar el celular u otros medios tecnológicos

La escucha supone una acción completa que incluya la disposición, el interés a escuchar al otro (y a nosotros mismos). La comunicación es conducta, por lo tanto, aunque estemos en silencio, o enfocados en el celular, estamos comunicando. Toda conducta entre personas, por más simple que sea, marca algún tipo de conexión, más aún cuando se trata de una pareja, de hijos, amigos, u otro vínculo significativo. Hoy en día se han naturalizado las acciones simultáneas que alternan o se superponen en la comunicación: ver televisión, mirar el celular, estar atentos a los hijos, o bien rumiar pensamientos o preocupaciones; hasta salir a tomar un café, a caminar o a comer afuera, son actos entrecortados por otras acciones, sobre todo, la influencia de los dispositivos.

Recuerden: Empatía y escucha activa son dos habilidades que no deberían dejarse de lado en la relación.

Algunas parejas tienen distinto ritmo de deseos sexuales y eso provoca problemas.

4. Suponer que el otro sabe qué significa lo que hago

Pretendemos que el otro sepa lo que debe hacer, o entiende (porque adivina) lo que significa aquello que estoy haciendo. Los supuestos dan por sentado conductas que merecen ser habladas. En la vida cotidiana se suceden sin darnos cuenta: “ya debería saber que esa comida no me gusta”, “le expliqué cómo se hace el trámite y no me hace caso”, “esperaba que se acordara del aniversario, pero siempre se olvida”, etcétera. Dejar de suponer y hablar es la mejor solución.

5. Criticar cómo el otro hace las cosas.

“Si hago, me dice que está mal; si no hago, me dice que no ayudo... En qué quedamos”. La buena disposición no debe ser criticada; se puede decir, corregir, sin que se convierta en un “no sabés, dejame a mí”. Muchas veces ese “no saber” sobre algo específico es interpretado por quien lo recibe como “me está diciendo que soy inútil” cuando en realidad le está señalando algo en especial y no es una crítica hacia la persona toda. Hay que aceptar que cada uno colabora con lo que sabe y que no existe una fórmula uniforme para todo. La flexibilidad debe ser la regla.

6. Las cosas se hacen así

En el mismo sentido del punto anterior, imponer al otro una manera de hacer no solo es querer demostrar sapiencia, es también una forma de control sobre la conducta ajena. En la multiplicidad de acciones cotidianas uno demuestra e impone su saber y el otro debe doblegarse y hacerlo tan cual se lo marcan. Esta desigualdad impide que el otro demuestre lo que sabe, y esto genera que se sienta al margen, como si lo propio no sirviera. En realidad, nadie tiene “el saber absoluto”, en todo caso, ambos pueden aportar lo que saben para que la acción a encarar tenga un resultado más eficaz; pero, por sobre todas las cosas, que el miembro de la pareja excluido tenga una participación más activa.

7. Dar vuelta el discurso para no reconocer el error

“Pero si yo te lo dije” o “quisiera grabarte siempre que decís algo”. Frases típicas y repetidas que dan bronca a quien escuchó hace un rato otra cosa. Estos cambios en lo dicho reflejan el no poder dar el brazo a torcer por orgullo, o porque la persona se convence de que lo que dijo es lo correcto y defiende su postura. Es frecuente también que ambos miembros de la pareja acuerden algo, y luego, si el resultado es negativo, el otro tenga la culpa. En estos casos, enfatizar el acuerdo entre las partes o las decisiones propias, ayuda a asumir tanto los logros como los costos que surgen al enfrentar un problema.

8. Usar las reuniones sociales para señalar algo malo de la convivencia.

Las parejas salen con otras parejas o frecuentan las reuniones familiares. Muchas veces, cuando en esos eventos salen temas vinculares, se revelan críticas hacia el otro (casi siempre con tono humorístico) que forman parte de la intimidad y no deberían aparecer en esos contextos. Con el pretexto de “fue en broma” o de “estamos con gente amiga” se dicen cosas no habladas o que forman parte del mundo privado.