5 de septiembre de 2016 - 00:00

Espiritualidad menesiana

Instituto San Pablo, 52 años educando en familia.

"Y le traían aun a los niños muy pequeños para que los tocara, pero al ver esto los discípulos, los reprendían. Mas Jesús, llamándolos a su lado, dijo: Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el reino de Dios. En verdad os digo: el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él". (Lc 18,15-17). Este es el texto del Evangelio que golpeó fuertemente la inteligencia y el corazón de Juan María de La Mennais y que cambió su mirada del mundo, de las personas, de los acontecimientos y del cual se desprenden las líneas fundamentales de su espiritualidad.

El hecho que relata el evangelista se puede resumir diciendo: le (las familias) traían a los niños (sus hijos) para que se encuentren con la persona de Jesús. Los apóstoles tratan de impedir ese encuentro pero Jesús los reprende y dice “Dejen que los niños vengan a mi". El motivo que pone Jesús para suscitar este encuentro es que “El Reino de Dios les pertenece a los que son como ellos”. Esta frase está en el escudo de la Congregación de los Hermanos Menesianos y es el norte de nuestra misión evangelizadora en la escuela.

A partir del relato de este encuentro, podemos decir que nuestra espiritualidad puede definirse como una espiritualidad fundamentada en los lazos. Es la palabra que usaba Juan María para referirse a las relaciones. La misión evangelizadora, ya sea en la escuela como lugar privilegiado como también en otros ámbitos, es llevar a los niños y jóvenes (los más pequeños – la frontera), al encuentro con Jesús. Este rasgo está expresado concretamente en el escudo y en el lema distintivo de la Congregación: D+S (Dios Solo) y que nuestros alumnos ven escrito diariamente en las pizarras y cuadernos. Escuela y familia estamos llamados a remover los obstáculos y a suscitar y favorecer este encuentro. Con los demás estamos llamados a establecer lazos fraternos (¡el niño es hijo!); de ahí la importancia de la educación en la solidaridad, del valor de la vida como don, de la ayuda, el reconocimiento del otro…

Por eso, deseamos y queremos que nuestras escuelas (comunidades-familias) sean al mismo tiempo una escuela alternativa y una escuela que va a la frontera, porque la educación que ofrecemos abren el corazón y la mente de los niños y jóvenes -los más pequeños- al encuentro con la persona de Jesús. El centro de la escolar, al igual que el centro de la escena del evangelio, lo ocupa la persona del niño y del joven al que debemos educar en forma íntegra. A su vez, el educador está llamado a realizar este encuentro en su persona para poder favorecer la misión evangelizadora.

En palabras de Juan María: "¡Ah!, ojalá no lo olviden!. Su obra es bella, santa, porque tiene por objeto hacer no sabios sino santos. Su ministerio es sublime, divino, porque no se proponen únicamente dar a los niños que les son confiados los cuidados relativos a los intereses de la Tierra, sino que son llamados a hacer de estos niños discípulos de Jesucristo, herederos de su reino y de su gloria…" (A. 305).

Oración del Educador

Padre bueno,

quisiera que ensancharas mi alma

hasta el extremo de poder acoger

y educar a esos hijos tuyos

con aquel amor que nos mostraste a través de Jesús

y con aquella ternura que Él mostró hacia los niños.

Cuando se acercan a mí me siento estremecido.

Sus miradas, sus preguntas,

sus inquietudes y deseos son el estímulo más fuerte

para vivir ilusionado esta misión de educar.

Padre bueno,

a pesar de que es una misión difícil,

a pesar del cansancio

y el esfuerzo de comenzar de nuevo

ayúdame a descubrir cada día

la hermosa tarea de ayudar a crecer

a los niños y jóvenes

que tú pones en nuestras manos.

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