La muerte del locutor y comunicador mendocino Oscar González Oro, conocido como el Negro, invita a repasar su vida y sus contactos con los medios, en especial con Los Andes.
Los Andes Siempre rescata una larga charla que mantuvo Los Andes con el Negro González Oro a principios de 2010. El periodista nacido en Mendoza falleció hoy a los 74 años.
La muerte del locutor y comunicador mendocino Oscar González Oro, conocido como el Negro, invita a repasar su vida y sus contactos con los medios, en especial con Los Andes.
El 10 de enero de 2010, la portada del suplemento Estilo de Los Andes mostraba la cara de uno de los comunicadores más reconocidos de la Argentina, en un momento de vigencia inigualable. Se trata del Negro, Oscar González Oro, quien lideraba con su programa El oro y el moro las escuchas de radio en Buenos Aires y era una figura por demás popular en todo el país.
A pesar de que por entonces el dato permanecía olvidado para muchos, el Negro tenía, para los mendocinos, otro atractivo más allá de su popularidad. Y es que el comunicador era mendocino. Había nacido en esta provincia y, si bien la había dejado de muy joven, siempre la recordaba con cariño. Y sus coterráneos alardeaban, claro, de tener ese personaje tan popular al frente de todas las mediciones de radio del país del momento.
Fue por esa razón que el Negro dio una entrevista a Los Andes que resulta una verdadera joya para evocarlo hoy. Claro que no era la primera ni iba a ser la última: de hecho, en poco tiempo habló varias veces con nuestro diario. Sin embargo, esta charla con Mariana Guzzante es una de las que mejor permite conocerlo en su faceta reflexiva, íntima y, a la vez, en el rol de la voz más popular de la radio argentina. Acababa de publicar un libro en el que hablaba de la Argentina por entonces y quizás esa fue la clave para que se prestara a un diálogo tan profundo.
Como parte de los rescates de Los Andes Siempre, compartimos esa entrevista a continuación:
"El yo", desliza María Moreno, "es el pequeño argentino que todos llevamos adentro". Habría que pensar que Oscar González Oro asume desde ahí —desde esa argentinidad políticamente íntima— la placa de radiólogo de la Nación, para indagar hasta la médula un país desde la confesión y la primera persona.
"Y claro: porque yo me siento profundamente argentino", subraya el hombre de radio más escuchado del mapa, desde su chacra de Punta del Este, "y eso que viví en tres países, pero siempre con el mismo pasaporte".
De modo que, apenas entramos en las páginas de Radiografía de mi país. La Argentina que me duele, el Negro Oro nos va dejando claro que no sólo va a poner 'talento en la vanidad', sino que, como buen dandy, su diario personal va a resistir esa exaltación de la vida como arte.
Y da: el pibe que vivió el desgarro mendocino y pateó las calles de Buenos Aires sin una moneda, el muchacho que mereció el piropo de Perón en los '70, el fan que almorzó con el último Cortázar en París, ¡el amigo de Federico Moura, el fan de Virus!, el hombre que frecuentó el jet set y el Opus Dei, el tipo que viajó en primera y durmió en cinco estrellas hasta que se cansó, da cuenta década por década de esa internacional argentina (la que antes desnudó el escritor Copi), con el plus del "me pasó".
"No, no me hace falta el cinismo", refracta con soltura, "no... cinismo, ¿para qué?, creo positivamente en el futuro".
—Pero asumís en el libro que si la película de tu adolescencia se rodara en estos tiempos, serías posiblemente un pibe del paco.
—Sí, claro. Esta es la Argentina que me duele, la de la pobreza sin remedio, la del hambre, la de la inmovilidad social.
—También hablás del 'concepto de juego', como un modo de fantaseo que te sirvió para sobrevivir. ¿Lo seguís practicando?
—Siempre, todos los días juego. Voy por la calle y creo que estoy en Ciudad de Dios, por ejemplo. Solía tener una costumbre: sentarme en una mesa de La Biela y ponerme a inventar vidas a todos los que pasaban.
—Tic de escritor...
—Sí, siempre me gustó, pero renuncié porque ya no podía ser el mejor, existió Borges.
—¿Y qué parte de culpa o responsabilidad cabe a los intelectuales por esta Argentina que te duele?
—¡Ah, qué pregunta! Los intelectuales de hoy no tienen el peso de los que tuvimos. Vos ibas antes a una librería y no sabías qué llevarte: desde Mujica Láinez a Marta Lynch. Ahora podría decir que me interesan Marcos Aguinis, Tomás Abraham, Sebreli, y no muchos más.
—¿Y a los medios, qué les cabe?
—Deberíamos ser más responsables de lo que somos, eso sí. Yo ahora estoy viendo el avance de Uruguay, de Chile, ni hablar de Brasil. ¿Y de qué hablan los diarios argentinos? Puras huevadas, como decimos los mendocinos: que si echan al titular del Banco Central, que si tiene razón A o B, cuando en realidad ése es un tema que no se decide así nomás, que debe esperar a que se reúna el Congreso. Ayer todo el país lloraba a un ídolo popular, punto; ahora las portadas las tiene Redrado. Es que somos así... hemos malversado todo, tanto. Otro ejemplo: el Dakar. Nos inflamos con el hecho de que la competencia se haga acá y le aflojamos la rueda al primero, para que termine denunciándonos porque casi se mata.
—Según vos, ¿cuál es la falla? ¿La dirigencia? ¿La desidia? ¿El ADN?
—Todos, absolutamente todos somos responsables.
—Parece deslizarse en "Radiografía..." que creés, como Arlt, que necesitamos tiranos geniales...
—(Se corta la señal por un segundo, un efecto de elipsis oportuno)... tergiversando tanto. Quiero decir: yo crecí en una Argentina con valores, en la que suponía que un miembro de la Corte Suprema era alguien mejor que yo. Ni hablar del Presidente. Sigo aspirando a que el tipo que me gobierne sepa más. Pero de un tiempo a esta parte, ¿qué decir? Ni siquiera saben hablar otro idioma.
Aunque fue una suerte de Silvio Astier en los años sesenta —vivió en una pensión horrible y lidió con el alcoholismo paterno— el libro repasa el crack del empresario y las noches del bon vivant en Londres, Buenos Aires, Lima y La Paz. Pero como no sólo vivió frente al espejo, ese flashback íntimo tiene un capítulo boliviano en el que González Oro se brota de justicia social.
—Conmovedora escena... ésa en la que te sublevás cuando ves a un nene comiendo las sobras de un banquete millonario con los miembros del Opus.
—Ah, ese día me enojé con Dios y con el Opus Dei. Y eso que en la Obra había conocido a gente muy buena, que me ayudó bastante, pero fue como la cachetada que el multimillonario le dio a su sirvienta: ahí me paré y le dije: "Delante mío, no hagás esto nunca más".
—Describís a muchos dirigentes argentinos y bolivianos, pero apenas a Evo Morales...
—No, digo que él es la secuela de los abusos que la derecha infringió en ese país. Es muy positivo que ahora tengan un presidente indígena, que entiende muy bien los códigos de su gente.
—También parece colarse en el texto una imagen positiva —y acaso cariñosa— de Menem.
—Cariñosa no, no creo. Pero le encuentro lo positivo, aunque sé que hubo mucho de negativo también, sobre todo en su segundo gobierno. Por ejemplo, el hecho de que ahora hayamos avanzado en las telecomunicaciones, que estemos hablando (vos en Mendoza, yo en Uruguay), se lo debemos a Menem.
—Y acaso también el saldo de los pibes del paco y de la pobreza monstruosa...
—Pero eso viene de mucho antes, no podemos atribuírselo a él. Claro que hay muchas cosas reprochables de su gobierno, pero ahora, ahora no veo nada positivo.
—Pensemos en las satisfacciones de tu carrera.
—Y sí, voy líder, de hecho duplico al segundo del ranking. Guardo momentos maravillosos de una campaña que realizamos: fui, por ejemplo, el primer periodista en el mundo que entrevistó a Ingrid Betancourt cuando fue liberada. La llamé al celular de la madre mientras volaba en el helicóptero y la puse al aire, en vivo, junto a la voz de Hilda Molina, la médica que por entonces estaba cautiva en Cuba, añorando a su hijo. Fue una campaña intensa en la que incluso echaron a un Vicecanciller; pero, tras mucho presionar, lo más emocionante fue recibir en el aeropuerto a Hilda y traerla junto a su familia.
"Soy un hombre de 58 años, canoso y con panza, tengo poco pelo y hablo con una voz que conoce el país entero. Soy el hombre de 58 años más escéptico del mundo porque sólo creo en mis hijos, apenas si creo en ellos y en un par de amigos y punto".
—Hiciste tuya la frase de Sartre: 'Uno debe escribir sus memorias porque si no, las murmuran los demás'. ¿Te interesa, por ejemplo, acallar el murmullo del 'tipo facho'?
—No, para nada. Todo lo que soy está en el libro. La única opinión que me interesa es la de mis hijos. Y ellos saben quién soy.
El resto, son frases que ya dijo: "No soy facho, quiero que se cumpla la ley". Siempre deslizando que no entiende muy bien qué quiere decir eso de "ser facho".
La voz ésa que viaja gracias a la onda menemista desde su chacra uruguaya, es la misma que debutó hace casi 20 años en una radio de Pinamar. La misma que conduce el programa El Oro y el Moro en Radio 10. La del hombre que estudió Derecho, que tuvo un hijo y adoptó otro. Que estudió teatro con Héctor Bidonde y Lito Cruz y que se abrazó con Federico Moura. Que se atrevió a cobrarle una cena a Isabel de Perón y a regalarle un taxi a un criado boliviano. La del hombre que fue escrachado por integrantes de la comunidad boliviana apoyados por el Inadi (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo) por un comentario que "se entendió mal".
La voz que lidera las mediciones radiales, la que entrevista en televisión y charla con Cristina. El Negro que ahora está por presentar "Radiografía de mi país" en esa meca del turismo cheto-corrupto de los '90s que fue Punta del Este. El que vendrá pronto —quizá en marzo— a su tierra natal mendocina para presentarlo aquí. Como sea, están avisados.
¿Cobos? ¿Quién es? Cobos fue un invento, un hombre que políticamente no existía hasta que salió a la luz por culpa de un capricho de Kirchner. ¿Si puede ser un buen presidente? Quién sabe. Quizá sí, pero debería rodearse de gente más o menos honesta y más o menos capaz, a esta altura de las cosas la honradez es un valor agregado a la inteligencia. ¿De Narváez? Tampoco es nadie. Derrotó a Kirchner pero en las legislativas porque alguien tenía que hacerlo y nada más. Es apenas una coyuntura de la política argentina que probablemente crezca porque tiene dinero, es joven y muchos deseos de ser gobernador de Buenos Aires. ¿Macri? No, gracias. Mauricio no puede gobernar absolutamente nada, no tiene poder y si lo tiene no sabe cómo utilizarlo. Lo único que hizo en la Legislatura porteña fue sacar a los viejos ñoquis para poner a los suyos y así implementar leyes idiotas como las relacionadas con el tránsito cuando lo más importante no es querer facturar con las multas sino la seguridad de la gente que no se detiene en los semáforos porque si lo hace le rompen el vidrio... ¿Pino Solanas? Es otro emergente de la coyuntura que convocó mucha de la gente que no sabía qué hacer y que de golpe se acordó que estaba él. Me consta que es un hombre de principios y entiendo que tiene un buen discurso. Cuando todo el mundo suponía que era K resultó que no lo era y se mantiene fiel a su idea de peronismo progresista. La pregunta sería: ¿existe el peronismo progresista? O mejor: ¿existe todavía el peronismo? Si es así, que por favor alguien me lo explique porque al menos yo no lo entiendo. ¿Lilita Carrió? Es la más constante, la más voluntariosa y trabajadora de las mujeres.