Mucho antes de instalar buena parte de su vida en Uruguay, Susana Giménez tuvo uno de sus hogares más recordados en lo alto de una torre de Belgrano. Allí vivió junto a Huberto Roviralta durante una etapa especialmente expuesta de su vida personal, en un penthouse que décadas después volvió a llamar la atención por su venta y posterior renovación.
El día que Susana Giménez le revoleó un cenicero por la cabeza a Huberto Roviralta
La propiedad se encuentra sobre 3 de Febrero al 1900, cerca de Barrancas de Belgrano, y está desarrollada como un dúplex entre los pisos 28 y 29.
Tiene alrededor de 400 metros cuadrados, seis ambientes, cuatro baños y vistas abiertas hacia el Río de la Plata y distintos sectores de la ciudad.
Cómo se distribuyen los dos pisos
La planta inferior concentra buena parte de la actividad social. Allí aparecen un gran living comedor, recepción, cocina amplia, lavadero y dos dormitorios en suite, además de una terraza y circulación de servicio independiente.
El living se abre hacia un balcón corrido y conserva pisos de mármol que forman parte de los elementos que los nuevos propietarios decidieron mantener durante la reforma.
Una escalera conecta con el nivel superior, reservado para espacios más privados. Allí se encuentra la suite principal, con vestidor y un baño de importantes dimensiones, junto con un living íntimo, sector de servicio y otra salida al exterior.
Uno de los principales atractivos del departamento son precisamente las terrazas. Desde esa altura, la vista queda prácticamente libre hacia el río y hacia la trama urbana porteña. La suite principal también cuenta con una terraza propia equipada con parrilla.
La propiedad se vendió y ahora atraviesa una transformación
Después de pasar por diferentes propietarios, el antiguo hogar de Susana volvió al mercado y se vendió hacia fines de 2025 por una cifra cercana a US$1 millón.
Los nuevos dueños proyectaron una renovación integral estimada en unos US$400.000. La obra incluye actualización de instalaciones eléctricas y sanitarias, cocina, baños, lavadero, superficies e incorporación de tecnología para automatizar distintos servicios.
También desaparecerá una estructura vidriada que ocupaba parte de la recepción con el objetivo de ganar superficie y mejorar la continuidad visual del living. El mármol, en cambio, será conservado.
La estimación inmobiliaria es que, una vez terminados los trabajos, el penthouse podría alcanzar un valor cercano a US$1,7 millones, aunque se trata de una proyección y no de un precio efectivo de venta.