Martita Fort había hablado durante años de la posibilidad de tener finalmente un espacio propio, pero fue durante 2025 cuando concretó el cambio. Firmó el contrato de su primer departamento y dejó la vivienda en la que había crecido junto a su hermano mellizo Felipe y, anteriormente, con Ricardo Fort.
La mudanza no respondió únicamente al deseo habitual de independizarse. La joven contó que el antiguo departamento acumulaba demasiadas historias, personas y recuerdos familiares y que prefería comenzar una etapa en un lugar diferente.
Al explicar aquella decisión utilizó una frase que sintetizó su posición: “Yo prefiero dormir tranquila, estar en un espacio renovado”.
Antes ya sentía que vivía casi sola
Martita explicó que la transición resultó menos brusca de lo que imaginaba. Antes de mudarse compartía con Felipe un departamento tan grande que podían pasar buena parte del día sin cruzarse.
Por eso, cuando finalmente se instaló sola, no sintió inmediatamente un cambio radical en cuestiones de espacio.
Sí cambió algo más cotidiano: dejó de ver diariamente a personas que la acompañaron durante gran parte de su infancia, entre ellas su madrina Marisa López.
Aun así, la experiencia terminó resultándole positiva. En entrevistas posteriores contó que le gusta organizar sus propios horarios, decidir su rutina y manejar el departamento según sus tiempos.
La relación con Felipe mejoró con la distancia
La independencia también produjo un efecto inesperado sobre su vínculo con su hermano.
Martita reconoció que ella y Felipe atravesaron momentos en los que discutían con frecuencia. Después de dejar de convivir todos los días, empezaron a buscarse de otra manera: llamarse, juntarse a tomar un café y organizar salidas.
La distancia cotidiana terminó generando un espacio que no existía cuando compartían permanentemente la misma vivienda.
Del miedo a quedarse sola a disfrutarlo
La joven también contó que durante mucho tiempo no le gustaba comer sola, salir sola de su casa ni siquiera dormir sin compañía. Los primeros días de independencia exigieron una adaptación.
Después comenzó a llenar su agenda con trabajo, redes sociales, producciones y otros proyectos. Con el paso de las semanas, aquello que inicialmente le generaba incomodidad terminó convirtiéndose en una rutina que dijo no querer abandonar.
Su primera experiencia laboral dentro de la fábrica familiar también apareció después de la mudanza.
Según relató, estar sola y sin demasiadas actividades la llevó a buscar una rutina más intensa y empezar a pasar por diferentes sectores de la compañía antes de orientar nuevamente su actividad hacia otros proyectos.