3 de septiembre de 2026 - 09:05

La historia de amor de Teté Coustarot y Carlos Gaziglia: sin apuro por casarse, más de 20 años juntos y una nueva vida bajo el mismo techo

La conductora y el empresario construyeron una pareja con casas separadas, la convivencia llegó después de unos 15 años de relación.

Teté Coustarot y Carlos Gaziglia llevan más de dos décadas juntos, pero su historia de amor se construyó lejos de las fórmulas tradicionales. Durante buena parte de la relación eligieron vivir en casas separadas, sostener rutinas propias y encontrarse sin convertir la convivencia en una obligación. Recién después de unos 15 años decidieron compartir el mismo techo de manera permanente.

La propia Teté explicó en 2026 que a Carlos le dice “marido”, aunque nunca se casaron. En distintas entrevistas dejó claro que no siente que una ceremonia sea necesaria para validar el vínculo. Su postura no responde a una falta de compromiso, sino a una idea de pareja en la que la independencia, el respeto y la libertad pesan más que cumplir con una etapa formal.

Primero fueron pareja, pero cada uno mantuvo su casa

Durante años, la distancia entre sus rutinas resultó funcional. Gaziglia vivía con sus dos hijos adolescentes y Coustarot tenía horarios tempranos, trabajo en medios y una vida social muy activa. En lugar de forzar una convivencia difícil de organizar, decidieron sostener domicilios separados y mantener el vínculo desde un esquema que les permitía conservar espacio personal.

La transición llegó cuando los hijos de Carlos se independizaron. La pareja empezó a preguntarse si tenía sentido continuar viviendo por separado y dio el paso antes de la pandemia. El aislamiento de 2020 los encontró ya instalados juntos y fue una prueba que atravesaron sin romper el equilibrio construido.

La convivencia cambió la rutina, pero no la independencia

Coustarot insiste en que compartir una casa no significa hacer todo de a dos. Cada uno conserva sus espacios, sus actividades y su forma de administrar el tiempo. Ella continúa con programas de televisión, radio, estrenos y compromisos sociales, mientras que Gaziglia mantiene un perfil mucho más bajo. El punto de encuentro está en los viajes, las conversaciones y los momentos que deciden compartir.

Para la conductora, uno de los secretos es no intentar cambiar al otro. En una entrevista reciente definió como una batalla inútil pretender que la pareja se convierta en otra persona. Su idea es aceptar diferencias, conversar cuando no coinciden y conservar autonomía aun dentro de la convivencia. Ese criterio aparece una y otra vez cuando habla públicamente de la relación.

Por qué nunca tuvieron apuro por casarse

El tema volvió a aparecer en julio de 2026, cuando Mario Pergolini le preguntó en televisión por qué no se casaba. Teté respondió que jamás había sentido esa necesidad y recordó, con humor, que durante su etapa como modelo había usado vestidos de novia innumerables veces en desfiles y producciones. Para ella, la fiesta y el ritual nunca fueron una meta pendiente.

La decisión también encaja con una vida marcada por la independencia económica y personal. Coustarot construyó una extensa carrera en medios y sostiene que una pareja no necesita pedir permiso para cada decisión. El vínculo con Gaziglia sigue esa lógica: acompañarse sin convertir el amor en control.

Más de dos décadas y una fórmula que eligieron a su manera

En 2025 celebraron públicamente 20 años juntos y en 2026 Teté ya hablaba de “veintipico” de relación. La convivencia, en cambio, es mucho más reciente que el noviazgo: llegó cuando ambos sintieron que la etapa familiar lo permitía y no porque existiera una fecha esperada para hacerlo. Esa diferencia resume buena parte de la forma en que construyeron la pareja.

Hoy comparten casa, viajes y una vida cotidiana que no necesita un casamiento para sentirse consolidada. Después de años con domicilios separados, el cambio de vivir bajo el mismo techo no borró la independencia que había definido el vínculo desde el comienzo. La historia de Coustarot y Gaziglia terminó encontrando su propia fórmula: compañía estable, espacios personales y ninguna urgencia por convertirla en otra cosa.

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