Llorar y celebrar no son necesariamente cosas opuestas. En el universo del bolero pueden convivir alrededor de una misma mesa, entre canciones, amigos y algún trago. Esa es, precisamente, una de las ideas que atraviesan la música de Catalina y las Bordonas de Oro, el grupo chileno que llega por primera vez a Mendoza para presentar "Noche de Boleros" en el teatro Independencia.
La banda se presentará en la Sala Mayor el próximo domingo 8 de noviembre, a las 19, en el marco de su primera gira por Argentina, que también incluye fechas en La Plata, Buenos Aires y Córdoba. Los tickets están disponibles en EntradaWeb.
Se trata, además, del formato escénico con el que comenzó el proyecto: aquellas noches de boleros en pequeños bares de Santiago que, gracias al boca en boca, fueron convocando cada vez más público hasta convertirse en una de las propuestas destacadas de la nueva canción latinoamericana.
El Premio Pulsar 2025, las nominaciones posteriores y el crecimiento de su público acompañaron un recorrido que ahora los trae por primera vez a la Argentina. Y con "La alegría de los que lloran", su tercer disco, lanzado hace pocos meses, en una carrera en ascenso que empezó a consolidarse con canciones como "Fue una mentira".
"El bolero habla del amor, del desamor, del deseo, de la pérdida y de las contradicciones humanas sin tantos rodeos. Tiene una honestidad emocional que la verdad nos conmueve mucho", explica Catalina Plaza, cantante de la agrupación.
Formada en 2022, Catalina y las Bordonas de Oro está integrada por Plaza en voz, Martín Silva y Adrián Muñoz en guitarras, Esteban Pérez en contrabajo y Pablo Castro en congas.
El fenómeno de la banda comenzó en el boca en boca, en Santiago. Foto: gentileza de la banda.
Catalina y las Bordonas de Oro
De los escenarios de Santiago al teatro Independencia
-El proyecto nació a partir de los ciclos Noche de boleros en pequeños escenarios de Santiago. ¿Cómo recuerdan esos primeros conciertos?
- Recordamos con mucho cariño esos primeros conciertos y abrazamos mucho los comienzos de la banda. Fueron noches muy especiales, de mucha complicidad con el público y también de mucho aprendizaje. Empezamos en escenarios pequeños; bueno, ni siquiera eran escenarios: tocábamos casi de manera artesanal, convocando a la gente alrededor de canciones que forman parte de nuestra memoria sentimental. Había algo muy bonito en encontrarnos con personas que conocían las letras, que cantaban con nosotros y que se emocionaban con canciones que quizás llevaban años sin escuchar. Creo que ahí entendimos que había algo importante en lo que estábamos haciendo y que valía la pena seguir explorando ese camino. Sin darnos cuenta, esos encuentros terminaron convirtiéndose en el origen de este proyecto y se fue armando una especie de familia. Somos los mismos desde los inicios y encontramos muy bonito haber podido avanzar juntos hasta ahora, que sigan muy vivos los intereses de todos por ser parte del proyecto. A mí, personalmente, me hace sentido y me interesa mucho que cada persona que participe en este proyecto disfrute de la música y de lo que está haciendo. Y eso es lo que sucede actualmente, sea cual sea el escenario en el que nos presentemos. Todos tenemos las mismas ganas de seguir creando y compartiendo con la gente que teníamos desde el primer concierto. Así que ha sido un lindo camino.
- El bolero es un género profundamente asociado a la memoria sentimental de América Latina. ¿Qué encontraron en esa tradición que sintieron que todavía tenía algo nuevo para decirle al público contemporáneo?
- En esta música encontramos una linda manera de sentir y de contar la vida que sigue siendo profundamente necesaria. El bolero habla del amor, del desamor, del deseo, de la pérdida y de las contradicciones humanas sin tantos rodeos. Tiene una honestidad emocional que, la verdad, nos conmueve mucho. Nos interesa también entenderlo como parte de un patrimonio cultural latinoamericano: una música que ha viajado por nuestros territorios y que ha acompañado la vida de generaciones enteras. Pero no nos interesa mirarlo únicamente desde la nostalgia. La idea es traerlo al presente, hacerlo dialogar con nuestras propias experiencias y con las sonoridades de nuestros tiempos. Creemos que, al final, las emociones no pasan de moda y que esta música todavía tiene muchísimo que decir. Además, somos admiradores desde hace muchos años de la música latinoamericana en general, de la que existe en todo el continente. Chile es un país que recibió influencias de muchos lugares y el bolero terminó convirtiéndose en una canción muy popular. Entonces, logra conectarnos con esas cosas tan sensibles y tan bonitas a las que puede llegar la música. También encontramos que, en la actualidad, hay una llegada de música muy desechable al público. Por eso, creemos que se está volviendo a las raíces y que el bolero forma parte de ese regreso a lo simple, de disfrutar de las cosas de antes que, por algo, siguen tan vigentes.
El tercer disco del grupo fue lanzado en agosto. Foto: gentileza de la banda.
Catalina y las Bordonas de Oro
-Este año lanzaron "La alegría de los que lloran". ¿Cómo fue la grabación de este disco y cómo es el universo de canciones y temáticas que propone?
-Fue un proceso muy bonito y también muy enriquecedor para todos nosotros. Este disco nace de una reflexión sobre una dimensión bastante contradictoria de la vida latinoamericana: la alegría y la tristeza, el amor y el desamor, la fiesta y la herida. Nos interesaba explorar esa idea de que ambas cosas pueden convivir y que, incluso en los momentos más difíciles, existe la posibilidad de celebrar la vida con quienes queremos. El universo del disco es muy latinoamericano: hay bolero, cumbia, salsa y merengue, ritmos que forman parte de nuestra identidad musical. Las canciones hablan de los afectos, de las ausencias, de las despedidas, de las contradicciones del amor y de esa capacidad tan nuestra de cantar y bailar, incluso cuando estamos atravesando una gran pena. En la grabación buscábamos que el disco tuviera una personalidad propia, cuidando mucho los arreglos y la interpretación, pero sin perder la espontaneidad y la emoción que sentimos cuando tocamos juntos. Es, de alguna manera, una celebración de nuestra condición humana. También es un disco bastante desafiante para nosotros. Veníamos tocando mucho bolero y nos adentramos en un mundo mucho más amplio de la música del continente. Eso nos dio la oportunidad de aprender mucho más y nos obligó, por supuesto, a estudiar los distintos géneros y a encontrarnos en un espacio menos habitual. Creo que ahí es donde uno más aprende. También queríamos que este disco tuviera una narrativa, una razón de ser; que no fueran canciones porque sí. Por eso, en la parte visual y en todo el universo narrativo y creativo del proyecto hubo un desarrollo importante. Eso nos hizo unirnos más y trabajar mucho más nuestro lado creativo y de producción.
- Con este nuevo álbum llegó también su momento de mayor expansión regional. ¿Cómo viven esta gira y cómo es la recepción del público?
- Esta gira la vivimos con mucha emoción y también estamos muy agradecidos por la oportunidad. Estamos ansiosos de encontrarnos con un público totalmente nuevo. Poder llevar nuestra música a otros países de Latinoamérica es algo que nos moviliza profundamente, porque sentimos que estamos compartiendo canciones que, aunque nacen desde nuestra experiencia y desde Chile, también pertenecen a una memoria colectiva mucho más grande. Ha sido muy hermoso encontrarnos con públicos que quizás no nos conocían, pero que conectan rápidamente con estas músicas. Hay algo muy especial en comprobar que el bolero y los ritmos latinoamericanos siguen teniendo una fuerza enorme que, al final, atraviesa generaciones y fronteras. También nos emociona descubrir cómo cada territorio recibe las canciones desde su propia historia y sensibilidad. Creemos que esta expansión nos permite reafirmar algo en lo que siempre hemos creído: Latinoamérica tiene una identidad musical inmensa, llena de historias, ritmos y expresiones que merecen seguir circulando y activándose. Nos gustaría que este proyecto fuera parte de ese intercambio cultural, de ese puente entre nuestros pueblos. La música es para todos y todas. ¡Qué bonito que tengamos la oportunidad de llevarla a la gente! Además, somos admiradores de este país, de su linda cultura y de su linda forma de resistir, sea cual sea el escenario que se les presente. Tenemos algo bastante parecido; bueno, eso pasa en toda Latinoamérica. La música es resistencia, al final. El folclore también lo es, y es bonito que aquí lo cuiden tanto. Si cuidan tanto esa música, también cuidan la cultura en general. Entonces, para nosotros es necesario venir a estos espacios que merecen, por supuesto, recibir conciertos bonitos.
Una banda en ascenso
Su recorrido tuvo un primer gran reconocimiento con "Presagio", el álbum debut publicado en 2024, que obtuvo el Premio Pulsar 2025 al Mejor Álbum de Balada o Música Romántica y también fue nominado a Álbum del Año. El reconocimiento consolidó el crecimiento de una banda que había comenzado en escenarios pequeños y que encontró en el bolero un lenguaje capaz de conectar con públicos de distintas generaciones.
En 2025 editaron "De encuentros y ausencias", un trabajo de inspiración folclórica que amplió su búsqueda musical y contó con invitados como Belencha, Valentín Trujillo y Lucy Avilés. En 2026, además, sumaron cuatro nuevas nominaciones a los Premios Pulsar, confirmando la repercusión de un proyecto que no se limita a reproducir las fórmulas de un género histórico.
En agosto de este año llegó "La alegría de los que lloran", su tercer disco, que representa un nuevo paso en esa exploración. El álbum incorpora cruces con la salsa, el merengue y la cumbia ranchera, y reúne colaboraciones con María José Quintanilla, Joe Vasconcellos, Gepe y Los Vásquez. También incluye "Fue una mentira", la canción que se convirtió en su primer éxito viral.