La casa que comparten Marcela Kloosterboer y Fernando Sieling tiene un sello familiar reconocible. Lejos de una decoración recargada, la pareja eligió ambientes luminosos, materiales de tonos suaves y un jardín donde sus hijos, Juana y Otto, disponen de espacio para jugar.
La propiedad está vinculada a la zona de Nordelta y fue mostrada en diferentes momentos a través de fotografías y publicaciones sobre el hogar. Las imágenes permiten reconstruir algunas decisiones de diseño, aunque no deben confundirse con una recorrida completamente actualizada de cada ambiente.
La chimenea y los materiales que definen el living
Uno de los detalles más llamativos es la chimenea con revestimiento símil piedra. Su presencia aporta textura a un sector de estar que combina tonos neutros y muebles de líneas simples. La superficie imita el aspecto de una pared pétrea, pero eso no significa que toda la vivienda esté construida con muros de piedra natural.
Alrededor aparecen maderas, textiles claros y superficies despejadas que hacen que la luz sea protagonista. Ese criterio de decoración evita que los ambientes se perciban sobrecargados y ayuda a mantener una continuidad visual entre los lugares de reunión de la familia.
Ventanales grandes para mirar hacia el jardín
La entrada de luz natural es otra de las marcas de la casa. Los ventanales de gran tamaño amplían la vista hacia el verde y conectan el interior con el espacio exterior. Algunas publicaciones sobre la vivienda mencionan cerramientos pensados para mejorar el aislamiento térmico, un detalle funcional además de estético.
El jardín tiene sectores abiertos para estar al aire libre y una pileta, que aparece en imágenes difundidas del hogar. Esa distribución genera dos escenas diferentes: espacios interiores para descansar y un exterior que reúne actividades de los adultos y los chicos.
La pequeña casa infantil que se lleva las miradas
Entre los elementos más personales del parque se destaca una casita de madera para los chicos. No es una ampliación de la vivienda principal, sino un sector de juego pensado a su escala, donde pueden desarrollar actividades propias e inventar historias.
Ese detalle le da personalidad a la casa de Sieling y Kloosterboer: el jardín no funciona solamente como un espacio ornamental, sino también como un lugar para la vida cotidiana de Juana y Otto. La presencia de juguetes y rincones infantiles deja ver cómo la decoración convive con las necesidades de la familia.
El conjunto reúne una chimenea con textura de piedra, grandes superficies vidriadas y espacios de juego sin perder un mismo estilo visual. Es una casa en la que el diseño busca acompañar las rutinas, y no únicamente lucirse en fotografías.