17 de junio de 2014 - 00:00

Escandalosas acusaciones entre 2 obispos paraguayos

El cruce fue en torno a un sacerdote argentino suspendido por pedofilia.

Cómo mediáticos de la farándula, pero con hábito, dos obispos paraguayos se declararon la guerra con acusaciones escandalosas que llegaron hasta la prensa.

Concretamente, los obispos de las dos principales ciudades de Paraguay, Ciudad del Este y Asunción, protagonizan un enfrentamiento público en torno a la figura de un sacerdote argentino que fue suspendido por pedofilia en Estados Unidos y ahora vive en el país sudamericano.

La batalla entre el obispo de Ciudad del Este, Rogelio Livieres Plano, y el arzobispo de Asunción, Pastor Cuquejo, estalló después de que el segundo sugiriera reabrir una investigación para averiguar si son ciertas las acusaciones de abuso de menores contra el cura argentino Carlos Urrutigoity.

Livieres, quien nombró a Urrutigoity como su número dos hace dos años, lo defendió y dijo que el caso está cerrado. Y acusó en contraataque a Cuquejo de ser un abierto homosexual, durante una marcha “pro vida”.

“Hace cinco años, el arzobispo, que tendría que ser mucho más prudente en este tema, casi fue tirado fuera del Arzobispado por las acusaciones de homosexualidad. Y eran pruebas que no fueron suficientes, pero eran concluyentes, eran coincidentes”, declaró Livieres, según una grabación. Además calificó de “mala persona” a Cuquejo y dijo que su intención de investigar al argentino Urrutigoity “es como tirar piedras cuando uno tiene el techo de vidrio”.

La respuesta de Cuquejo fue un intento de dar por cerrado el tema: “Es un hermano mío. Delante de Dios estamos en paz”.

En su embate contra Cuquejo, el obispo de Ciudad del Este fue implacable. En una entrevista al canal “La Tele” recitó: “Para mí, el monseñor Cuquejo es homosexual, para mí siempre lo fue, pero no solamente para mí, sino como para unas 20 mil personas en Asunción. No es que sea un descubrimiento mío, sino que es un descubrimiento de muchísima gente que lo trata, que lo conoce”.

Y amenazó con decir más. Pero se frenó con un ojo por ojo: “No me parece razonable (hablar más), él me tira una piedra, yo le tiro otra piedra”. Y admitió que al intervenir en el caso de Urrutigoity "se metió en mi diócesis, así que se metió contra mí: dejó a la Santa Sede como idiota, porque la Santa Sede terminó la investigación en 2001 y dijo que no había más y se acabó”.

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