“El cliente que busca Mendoza Norte busca un lugar tranquilo, donde los chicos puedan jugar en la calle, hacer deporte y volver caminando o en bici a la casa después de un día con los amigos”, señala.
Mendoza Norte consolidó una propuesta que combina tranquilidad, contacto con la naturaleza, deporte y vida social como parte de la experiencia cotidiana.
Marcelo Álvarez/ Los Andes
Esa cotidianeidad es una de las claves sobre las que el desarrollo busca diferenciarse: no pensar la vivienda como una unidad aislada, sino vinculada con los espacios deportivos, sociales y naturales que la rodean.
A la demanda residencial se suma, además, un perfil interesado en ingresar en etapas en construcción o desde pozo. Arroyo identifica allí otra posibilidad dentro de un proyecto que continúa expandiéndose, aunque sin perder de vista el concepto original.
Un desarrollo que fue creciendo por sectores
Mendoza Norte se organizó en distintas zonas residenciales, cada una condicionada por su ubicación dentro del piedemonte.
Según la información institucional del proyecto, Los Balcones, primera zona residencial, cuenta con 146 lotes y alberga el portal de ingreso; El Valle, con casi 300 lotes, concentra buena parte del área deportiva y el Club House. Se suman La Hoja, ubicada sobre una meseta rodeada por el campo de golf y los cerros, y El Mirador, como otra de las áreas de expansión del conjunto.
Para Arroyo, esas diferencias permiten atender distintas formas de habitar Mendoza Norte.
Los Balcones ofrece la posibilidad de instalarse en un sector ya consolidado y con escritura inmediata. El Valle suma como ventaja la proximidad con el club, mientras que otros sectores avanzan con nuevas familias, lotes comercializados y obras en ejecución.
Durante la recorrida, Arroyo destacó también el movimiento que actualmente registran El Mirador y Los Senderos, especialmente entre familias jóvenes y nuevas construcciones.
La diversidad de sectores permite que el crecimiento no responda a una única tipología, sino a la geografía y a las distintas relaciones que cada área establece con el club, la montaña y las visuales.
La Aldea: del concepto a una nueva etapa
Dentro de ese masterplan, La Aldea representa para sus desarrolladores una síntesis especialmente concreta de la idea que dio origen a Mendoza Norte.
“El concepto de La Aldea busca transmitir lo que es Mendoza Norte, con nuestra visión de hacer un mejor lugar para vivir en Mendoza, en un pequeño conjunto de casas que representan ese ideal máximo”, explica Arroyo.
Mendoza Norte continúa sumando nuevas etapas a un proyecto que combina vida residencial, paisaje, deporte y espacios de encuentro en el piedemonte.
Marcelo Álvarez/ Los Andes
El proyecto está emplazado en un valle donde la privacidad, el silencio y las vistas se combinan con otro diferencial: la proximidad con la infraestructura deportiva y social.
“Podés hacer deporte y, cinco minutos después, estar cenando en tu casa; o levantarte, ir al gimnasio y tenerlo a apenas 200 metros”, ejemplifica.
La primera etapa estuvo conformada por 30 casas. Según actualizó Arroyo durante la entrevista, actualmente 26 familias ya viven allí, un dato que muestra el nivel de ocupación alcanzado por el desarrollo.
Ahora el proyecto avanza con La Aldea Alta, su continuidad residencial. La propuesta vigente contempla 23 casas de 170 metros cuadrados, diseñadas por el arquitecto Gustavo Albera y planteadas específicamente para potenciar la relación entre arquitectura y paisaje.
Según precisó Arroyo, a la obra le queda actualmente algo menos de 18 meses de ejecución.
La Aldea sintetiza la propuesta residencial de Mendoza Norte, con viviendas integradas al paisaje, privacidad y acceso cercano a los servicios del club.
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La evolución también muestra cómo fue madurando el producto: de ofrecer parcelas y sectores residenciales a desarrollar conjuntos de viviendas donde diseño, implantación y relación con el entorno forman parte de una misma propuesta.
Agua, energía, deporte y comunidad
El desafío de construir en el piedemonte obligó también a pensar qué sucede más allá de las viviendas.
“Todo el concepto de Mendoza Norte y todo su diseño urbanístico fue hecho en base a la sustentabilidad”, sostiene Arroyo.
Uno de los puntos centrales es el agua. Según detalló, el trazado de las calles fue diseñado teniendo en cuenta el escurrimiento y la recolección del agua de lluvia, que es conducida hacia una laguna dentro del predio. La topografía, explica, exigió además estudiar los cauces naturales y respetar su comportamiento.
La topografía del piedemonte condicionó el diseño urbanístico y llevó a incorporar soluciones específicas para el manejo del agua y los cauces naturales.
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El desarrollo cuenta, según Arroyo, con dos redes diferenciadas. El agua extraída de perforaciones y destinada al consumo pasa por un proceso de ósmosis inversa, mientras que otra red utiliza agua cruda para riego. Cada vivienda dispone así de dos medidores independientes.
A ese esquema se incorpora la generación renovable: el sistema de extracción, bombeo y tratamiento del agua es abastecido energéticamente por un parque fotovoltaico, precisó.
La infraestructura se completa con otro elemento que fue ganando centralidad en la vida cotidiana: el club.
El campo de golf cuenta actualmente con 11 hoyos. A su alrededor funcionan el Club House, espacios gastronómicos, gimnasio, canchas deportivas y propuestas de trekking y mountain bike, entre otros servicios.
El Club funciona como uno de los principales puntos de encuentro del desarrollo, con propuestas deportivas y sociales para chicos y adultos.
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Pero para Arroyo, el verdadero diferencial está en lo que esa infraestructura termina generando.
“El corazón de Mendoza Norte es el Club Mendoza Norte y alrededor de él se formó una comunidad muy linda de familias”, resume.
Las clases de fútbol, tenis, pádel y golf para chicos, los encuentros en los espacios comunes y la actividad diaria fueron consolidando vínculos que van más allá del uso de las instalaciones deportivas.
El campo de golf de Mendoza Norte, de 11 hoyos, forma parte de la propuesta deportiva y del paisaje que articula la vida del desarrollo.
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Es, finalmente, el paso que Mendoza Norte busca dar después de años de desarrollo: que la infraestructura deje de ser solamente una suma de servicios para convertirse en parte de una forma cotidiana de vivir.
“Mendoza Norte hoy propone un lugar para vivir con tranquilidad, silencio, mucha actividad deportiva y una comunidad muy linda, cerca de la ciudad y con la montaña como parte de la vida cotidiana”, concluye Arroyo.