9 de agosto de 2026 - 21:12

Emma D'Arcy y el mensaje político de La Casa del Dragón: "Hay que proteger la democracia"

La actriz habló con Los Andes sobre la transformación de Rhaenyra, el poder y el autoritarismo. Ryan Condal, showrunner de la serie, adelantó detalles de la cuarta y última temporada.

Ganó el fuego y la sangre. En el último capítulo de la tercera temporada de “La Casa del Dragón”, Rhaenyra dio el paso sin retorno hacia su caída: la maldición Targaryen comienza a apoderarse de ella y deja al descubierto el rostro más oscuro de una tirana. “Si queremos proteger la democracia, que parece cada vez más frágil, tenemos que entender los comportamientos de los líderes dictatoriales. Y esta es una oportunidad para que el público haga eso”, analizó Emma D’Arcy, actriz que interpreta a la protagonista, en una conferencia exclusiva con Los Andes.

Del encuentro también participó Ryan Condal, co-creador y showrunner de la serie, quien aseguró que la cuarta y última temporada, que aún no tiene fecha de estreno, “se escribió sola”. Para él, lo más complejo de adaptar el libro precuela de “Juego de Tronos”, “Fuego y Sangre” de George R. R. Martin, fue justamente la entrega que finalizó este domingo.

Finalmente, la decisión fue clara, iniciar y terminar con las dos batallas más grandes hasta el momento: la del Gaznate y la de Tumblestone. Esta última estuvo inspirada en el concepto de “Los nazis han irrumpido en una Francia pastoral y la han ocupado”.

El cocreador de “La Casa del Dragón” explicó que en esta instancia la Danza de los Dragones ya está en su punto máximo de intensidad. “La serie original era más una épica clásica de héroes: un reino fracturado que debía unirse contra un enemigo común, los Caminantes Blancos. Nuestra serie, en cambio, es una tragedia griega o shakesperiana. Es una lucha sucesoria. Vemos a una dinastía destruirse a sí misma desde adentro por razones de ego, orgullo y poder”, diferenció.

Fuego y Sangre, lo que dejó el capítulo final de la tercera temporada

Con el retorno de Aegon y su dragón Fuegosol, el ya endeble reinado de Rhaenyra comienza a arder sin siquiera haber visto el sol poniente. Su guía, que hasta entonces había sido el liderazgo legado por su padre Viserys, nombrado como el Pacífico, se torna imposible y cede a las presiones de Daemon para finalmente llevar la consolidación de su corona a la instancia bélica, sin saber que ese sería justamente su fin.

“Hay algo interesante en que las distintas partes constitutivas de Rhaenyra se externalizaron este año. Daemon es el ego; Mysaria, la conciencia; y Alicent es la jueza. Me gusta mucho la idea de encerrar a tu jueza en el sótano y luego bajar de vez en cuando a consultarle cómo lo estás haciendo”, comentó Emma.

Desde una perspectiva actoral, explicó que su trabajo fue tomar a esta figura, en un principio empática, y ver cómo daña su intento de consolidarse como una líder pacífica, con acontecimientos como la muerte de sus dos hijos mayores. A tal punto de pensar únicamente su relación con la corona desde el autoritarismo.

Para Ryan, esta metamorfosis resume la esencia de la serie. “Esta historia siempre trató sobre si este reino puede aceptar a una mujer como líder. Y qué hará cuando se enfrente no solo a esa posibilidad, sino a esa realidad presente. Del lado de Rhaenyra, ¿cómo afecta eso a su capacidad de liderar? Para conservar el control se entrega completamente a Daemon, que representa el fuego y sangre: gobernar mediante dragones, sin concesiones”.

Mientras el tío y esposo de Rhaenyra prende fuego Tumblestone, sus aliados comienzan a traicionarla y es allí, entre gente calcinada y niños que gritan por sus madres, donde un Daemon más humano asoma y ve, demasiado tarde, las consecuencias de resolver cada conflicto político a través de los dragones,.

En paralelo, Rhaenyra, quien le había pedido a su esposo que “no la convierta en un monstruo”, se viste con la corona de su padre, maquilla sus ojos de rojo como una antigua guerrera y usa una malla metálica que le cubre la cabeza a juego con una capa que simula las escamas de un dragón.

Así llega a la Iglesia de los Siete, conocida por la épica escena de Cersei en la que camina desnuda como parte de su castigo. Ingresa al edificio, que será destruido siglos después, y asesina al Gran Septón, por negarse a ungirla y reconocerla como reina.

“Es la primera vez que vemos a Rhaenyra pensando activamente en la construcción de una imagen. Y sabemos que una gran parte de la maquinaria fascista tiene que ver con la iconografía. Para mí fue la primera vez que ella se pregunta: ‘¿Cómo debería verse una líder?’”, apuntó la actriz.

Con el equipo de maquillaje y vestuario enfocaron esta escena en darle a la reina una imagen alejada de la feminidad, que fue un obstáculo permanente en su campaña, para llevarla al terreno de lo masculino.

Para este punto del episodio, la poca empatía que quedaba en la protagonista yace junto al cadáver de sus enemigos en Tumblestone. Frente al pueblo que la llama “la Reina de los Bastardos”, cuenta la profecía que años atrás le explicó su padre: un peligro procedente del norte destruirá el mundo de los vivos. Para salvar a la humanidad, un monarca con sangre Targaryen debe unir los Siete Reinos desde el Trono de Hierro.

Corrompida por el poder, asume que se trata de ella. Sin embargo, los espectadores ya lo saben: es Jon Snow la verdadera unión de la que habla la canción de Hielo y Fuego, por la sangre Stark y Targaryen.

“El poder resulta increíblemente frágil, y los lugares cuya estabilidad parece evidente también pueden ser ilusorios. ¿Cómo se gestiona el ego humano en la esfera política? Esa me parece una pregunta urgente. Ojalá lo supiéramos”, se cuestionó la actriz.

Un poco más escéptico, el co-creador de la producción aportó: “Eso no lo vamos a resolver desde HBO Max, pero nuestra serie es una exploración mucho más profunda de lo que significa el poder, de lo que significa llevar una corona y sentarse en el trono, pero también hacerlo con armas nucleares a la espalda, y de cómo y cuándo se utilizan”.

Las similitudes entre Rhaenyra y Daenerys

Aunque Ryan se esfuerce por mostrar las grandes diferencias de ambas series, “Juego de Tronos” y “La Casa del Dragón” son reflejos constantes de las consecuencias de otorgarle a una única persona el poder absoluto. Tanto Rhaenyra como Daenerys son consumidas por las llamas de sus dragones internos y empujadas a la tiranía.

“La gran diferencia es que Daenerys solo llegó al Trono de Hierro al final, después de haber destruido la ciudad. Rhaenyra atraviesa la experiencia de tener el trono, intentar conservarlo y, de algún modo, ser transformada y alterada por esa experiencia. Pero creo que los paralelismos remiten a los grandes temas del universo: el orgullo, el poder, cómo estos te corrompen y si pueden convertir a personas buenas en villanos”, razonó.

La muerte del corazón de la serie y el resurgimiento de un rey

El suicidio de Helaena es, además, la sentencia visual de Rhaenyra. Con su muerte desaparece la única herramienta que le quedaba frente a la principal amenaza para su trono: la esposa de Aegon y el heredero que aún llevaba en el vientre. El telar que la joven deja como herencia retrata lo que le sucederá: la reina bañada en sangre sobre King’s Landing. La destrucción comenzó.

“Helaena es el corazón moral de la serie. Tal vez sea el único personaje que tiene proximidad al poder y, aun así, permanece relativamente incontaminado. Su muerte condena a Rhaenyra al camino que ha elegido. Ya no hay vuelta atrás. No existe una vía de regreso a un liderazgo moderado. No sé qué viene después, pero imagino que la relación con Alicent queda rota de manera irreversible”, contempló Emma.

Mientras ella pierde la cabeza durante toda la temporada 3, alejado de la corona Aegon parece encontrar la suya y construir una moral que le era inexistente en su precario reinado. Un crecimiento que corona cuando vuela a Harrenhal para vengarse de su hermano Aemond, pero entiende que lo necesita a él y a su dragón Vhagar para recuperar su gobierno.

“La ironía de la temporada es que Aegon, lejos del trono, atraviesa una evolución extraordinaria: se convierte en un hombre mucho más complejo, más simpático y posiblemente más apto para gobernar. Aunque sigue enojado con su hermano, merecía muchas de las cosas que le ocurrieron, tenía que aprender a ser un mejor rey caminando entre la gente como un pobre”, destacó el showrunner.

Otro personaje que logra cambiar alejado del Trono de Hierro es Aemond, el Kingslayer (Matarreyes). Durante su estadía en Harrenhal, luego del intento de asesinato y de que perdiera su dragón, es la bruja Alys Rivers quien lo ayuda a ver su propósito.

Condal adelantó que Rivers será clave en la temporada final. Según explicó, la serie buscó darle una motivación más humana al profundizar su vínculo con Harrenhal, al contar que es la esposa del amo y señor de esas tierras, Harren el Negro, y diferenciar sus relaciones con los dos Targaryen: con Daemon existe una conexión íntima entre “dos personas malditas”, mientras que con Aemond actúa como una figura que guía su crecimiento espiritual.

La tercera temporada cierra con un giro de eventos en el que aquellos fanáticos del Team Black deberán probar su lealtad a una reina cada vez más despiadada, mientras que los team green parecen alejados del Trono de Hierro y, paradójicamente, se convierten en líderes más aptos.

Para Emma D’Arcy no hay nada que quebrante su fidelidad a los Black, mientras que Ryan Condal dudó de su propia creación y la balanza empieza a torcerse hacia los green, gracias a una habilidad clara: crear temporadas donde todos son villanos subyugados a dos cosas, los dragones y el poder.

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