La apuesta era arriesgada, al menos desafiante. Aunque la histórica y eterna banda británica Queen tiene mucho de sinfónico en buena parte de su repertorio, que un grupo tributo se anime a reunir a más de 40 músicos en escena, realizar los arreglos de cada tema e incluso seleccionar los más rockeros para llevarlos de gira por todo el país y además acoplar una soprano al show, suena interesante…
Pero todo esto ya es historia. Dios Salve a la Reina volvió a Mendoza, colmó el Bustelo y desde el primer minuto conquistó a un público muy heterogéneo, tanto que seguramente haya sido el más diverso al que hayan alcanzado en las diferentes puestas escénicas en los más de 15 años que llevan homenajeando a Freddie Mercury y compañía.
Pasada la medianoche del sábado sonaba “Bohemian Rhapsody” y las más de 2 mil personas de pie sabían que era el tema “cantado” para cerrar la presentación. Pero tanto la numerosa familia de la quinta fila -con abuelo, hijos y nietos incluidos- como el rocker de la musculosa negra de pelo revuelto y fan de Kiss o la paqueta señora de unos 60 y tantos, no se rindieron y pidieron “otra” y “otra”.
Así hasta que en un segundo bis la orquesta sonó otra vez para que Pablo Padín y la joven soprano rosarina Daniela Ratti, volvieran a encarnar y rememorar -por segunda vez en la noche- a Freddie y Monserrat Caballé, como lo hicieran con el disco “Barcelona”, allá por el año 1988, con el tema oficial que quedaría grabado y dejará su impronta en las Olimpíadas de Barcelona 1992, un año después de la partida del genio.
Pero antes de este final, mucho había pasado en las dos horas de show. A las diez y cuarto de la noche el Bustelo ya lucía repleto, con gente que se impacientaba y pedía la salida de los músicos. Se abrió el telón y apareció la sinfónica con cerca de 40 músicos y coreutas , dirigidos por el maestro cordobés Diego Castillo.
Un repaso instrumental con un “popurrí” fue el preludio de lo que venía. Enseguida salió a escena la considerada una de las mejores bandas tributo a Queen del mundo, con el protagonismo de Freddie, secundado por Brian May (Ezequiel Tibaldo) en guitarra, completando con bajo y batería. “One Vision” , grabada en 1985 como parte del álbum “A Kind of Magic”, abría el repertorio de éxitos que recorrió desde los comienzos de la banda inglesa hasta el último álbum de Freddie, “Made In Heaven”, lanzado tras su muerte en 1991.
Con el protagonista con la fiel caracterización al micrófono y al piano, transcurrió la primera mitad del show con algunos hits como “Somebody to Love”, “Bicycle Race”, “Flash” y “Who Wants to Live Forever”, entre otras. Después del intermedio, llegaría “Barcelona” con la gran actuación de la soprano rosarina y la primera ovación de la noche.
Cambio de vestuario mediante, en los que Freddie lució sus llamativos sacos de los ’70 y ’80 y la infaltable musculosa blanca, siguieron los éxitos como “Love of My Life”, el momento solista de Brian May , con su clásico “ Too Much Love Will Kill You”, entre otros, hasta que “We Will Rock You” hizo levantar al público de sus asientos y fue lo más cercano al clima de un recital de rock. Al final “The Great Pretender”, con la versión de Freddie anunciaba el final que llegó con el tema más sinfónico en la historia de la banda: “Bohemian Rhapsody”.
Más aplausos, el bis y los fans de la banda de la Reina y el ocasional público atraído por la novedad de la sinfónica, satisfechos con las dos horas de un show diferente. Ahora los rosarinos siguen con una gira que los llevará a España y con el difícil desafío de renovar la propuesta para cuando vuelvan a pisar suelo mendocino…