El presidente de China, Xi Jingping, llegó ayer a Seúl en una visita de dos días considerada como un desaire a su tradicional aliado del Norte, cuyas ambiciones nucleares centrarán la discusiones con su anfitriona surcoreana Park Geun-Hye.
El presidente de China, Xi Jingping, llegó ayer a Seúl en una visita de dos días considerada como un desaire a su tradicional aliado del Norte, cuyas ambiciones nucleares centrarán la discusiones con su anfitriona surcoreana Park Geun-Hye.
Esta es la primera vez que Xi visita la volátil península de Corea en calidad de jefe de Estado y la segunda vez que se reúne con Park, que el pasado año estuvo en China.
El líder norcoreano, Kim Jong-Un, sigue esperando una invitación de Pekín, un desaire calculado que da idea de las tensas relaciones entre Pyongyang y su histórico y más importante aliado.
"Ningún líder chino había puesto a Corea del Sur por delante de Corea del Norte", explica Aidan Foster-Carter, experto en Corea en la Universidad de Leeds.
Resentidas por la visita de Xi, las autoridades norcoreanas han llevado a cabo en los últimos días una serie de lanzamientos de prueba de cohetes y misiles al mar de Japón, suscitando las protestas de Seúl y Tokio.
En los últimos tiempos, el régimen comunista ha mostrado la zanahoria y el palo. Un día amenaza a su vecino del sur con "un golpe devastador" y al siguiente propone la suspensión de todas las actividades militares hostiles.
Corea del Sur rechazó la oferta "sinsentido" de paz y sugirió que Pyongyang demuestre su sinceridad suspendiendo su programa armamentístico nuclear.