Decenas de miles de fieles de todo el mundo y cientos de cardenales, obispos y sacerdotes celebraron ayer en Madrid la beatificación del español Álvaro del Portillo, difunto dirigente del Opus Dei, en una prueba de fuerza de esta conservadora institución católica.
Un enorme escenario elevado, rodeado de impecable césped, con una imagen de la Virgen y el Niño Jesús de fondo fue levantado en un barrio periférico de Madrid para acoger la misa de beatificación, presidida por el cardenal Angelo Amato, prefecto de la congregación del Vaticano para las Causas de los Santos.
Enviado del papa Francisco, Amato estuvo acompañado por 17 cardenales y más de 150 obispos de todo el mundo junto al sobrio altar, decorado con ramos de rosas multicolor, seis grandes cirios sobre pie dorado y un crucifijo de oro.
Álvaro del Portillo, mano derecha del fundador del Opus Dei, el santo español Josemaría Escrivá de Balaguer, al que sucedió al mando de la institución de 1975 hasta 1994, llevó “una vida humilde al servicio de los demás”, afirmó el Papa en una carta leída durante la ceremonia.
“Recorrió muchos países fomentando proyectos de evangelización, sin reparar en dificultades, movido por su amor a Dios y a los hermanos”, agregó Francisco, recordando “cuando iba a los barrios para ayudar en la formación humana y cristiana de tantas personas necesitadas” en Madrid, su ciudad natal.
La reliquia del nuevo beato fue subida al escenario por el niño chileno José Ignacio Ureta Wilson, de 11 años, cuya inexplicable curación en 2003 -a los pocos días de nacer con graves problemas de salud y después que su familia rezase a Álvaro del Portillo- fue considerada como un milagro por el Vaticano.
Con ayuda de un incensario, Amato la bendijo antes que unos 1.200 sacerdotes se desplegasen entre la multitud para administrar la comunión, mientras sonaban la orquesta y el coro de 250 voces instalados en un escenario adyacente. Veintiséis pantallas gigantes permitieron seguir una ceremonia de más de dos horas a los asistentes congregados en un espacio al aire libre de 195.000 metros cuadrados.
Presente en los cinco continentes, la institución reivindica unos 90.000 miembros -más de 30.000 en España-, un 18% de los cuales practica el celibato pese a ser seglares.
Muy influyente durante la dictadura franquista (1936-1975), su férrea oposición a cuestiones como el aborto, la eutanasia, o a las relaciones premaritales y el estricto modo de vida de sus miembros lo ha puesto durante décadas en el centro de la controversia.