En una vibrante catequesis en la audiencia general en plaza San Pedro ante 30.000 fieles, en la que afrontó la crisis del matrimonio, el Papa calificó de “escándalo” e “injuria” la desigualdad entre hombres y mujeres, condenó la práctica de que las mujeres ganen menos aunque hagan el mismo trabajo y dijo que “es un hecho que las personas que se casan son siempre menos”.
En un año que vivirá momentos dramáticos por las discrepancias que dividen a la Iglesia en temas de la familia entre conservadores y reformistas, Jorge Bergoglio viene dedicando su magisterio a las cuestiones del matrimonio.
“Hoy no parece fácil hablar del matrimonio como de una fiesta que se renueva en el tiempo, en las distintas estaciones de la entera vida de los cónyuges. Es un hecho que las personas que se casan son siempre menos. En muchos países aumenta, en cambio, el número de las separaciones mientras disminuye el número de hijos. La dificultad de seguir juntos, sea como pareja, sea como familia, lleva a romper los vínculos con siempre mayor frecuencia y rapidez, y son precisamente los hijos los primeros que cargan con las consecuencias”.
Con un lenguaje de vecindad y misericordia, sin lanzar anatemas a los pecadores sino comprendiendo las dificultades de las parejas, las familias, los jóvenes, en la sociedad contemporánea, Jorge Bergoglio explicó que “se experimenta desde chicos que el matrimonio es un vínculo ‘a tiempo determinado’. En efecto, muchos jóvenes tienden a renunciar al proyecto mismo de un vínculo irrevocable de una familia duradera. Creo que tenemos que reflexionar con gran seriedad porque tantos jóvenes no sienten casarse”. “¿Por qué los jóvenes no se casan? ¿Por qué con frecuencia prefieren una convivencia y tantas veces la responsabilidad limitada'? ¿Por qué muchos entre los bautizados tienen poca confianza en el matrimonio y en la familia?”.
Francisco señaló, con un tono de voz reflexivo, que “es importante tratar de comprender si queremos que los jóvenes puedan encontrar el justo camino a recorrer. ¿Por qué no tienen confianza en la familia?”.
Bergoglio alzó la voz al señalar que “las dificultades no son solo económicas”. “Muchos creen que el cambio ocurrido en los últimos decenios haya sido puesto en marcha por la emancipación de la mujer. ¡Pero esto no es válido! ¡Es una injuria, una forma de machismo! El hombre quiere siempre dominar. Así hacemos la ‘brutta figura’ de Adán, que para justificarse por haber mordido la manzana respondió al Señor: Ella me la dio”.
En el único grito de su catequesis, Bergoglio clamó: “¡Debemos defender a la mujer!”. El cristianismo, según el Papa, no puede ser machista. El propio Evangelio “derrotó la cultura del repudio habitual, cuando un marido podía imponer el divorcio con motivos humillantes y pretextuosos”. Estas palabras desataron nuevos aplausos y ovaciones de la gente reunida en San Pedro, que se hicieron más intensos cuando el Papa condenó que la “mujer gane menos por hacer el mismo trabajo que el hombre”
El Papa argentino dijo que casi todos los hombres y mujeres querrían una seguridad afectiva estable, un matrimonio sólido y una familia feliz. La familia está en la cima en todos los índices de popularidad entre los jóvenes pero, por miedo a equivocarse, muchos no quieren ni siquiera pensar. Aunque son cristianos no piensan en el matrimonio sacramental, signo único e irrepetible de la alianza, que deviene testimonio de la fe”.
Bergoglio, reafirmó “la radical igualdad entre los cónyuges, que debe llevar a nuevos frutos”. Añadió que la vía es la de la “reciprocidad entre el hombre y la mujer, la complementación”. Francisco concluyó destacando que “los cristianos, cuando se esposan 'en el Señor', son transformados en un signo eficaz del amor de Dios”. “Los cristianos no se casan solo para sí mismos: lo hacen en el Señor en favor de toda la comunidad, de toda la sociedad”.