Por Carlos Salvador La Rosa - [email protected]
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Frente al panorama internacional, donde la baja del precio de los granos y más aún la del petróleo, el gobierno está tomando nota que desde el exterior no vendrán buenas noticias y necesita aferrarse al mercado interno como para terminar el año y el mandato con cierto nivel de actividad que aleje los conflictos sociales graves.
El problema está dado por la subsistencia de la inflación frente a la estrategia de mantener al dólar con poco movimiento, justo en momentos en que la moneda norteamericana se revalúa generando la devaluación de las monedas del resto de los países. Todo esto pone más trabas a las exportaciones argentinas a casi todos los países.
Ante este panorama, el gobierno necesita recurrir al mercado interno, aunque sea mediante ficciones monetarias, estimulando el crédito y el consumo. El objetivo es tratar de mantener niveles de consumo que permitan estabilizar la situación laboral y mantener la recaudación impositiva.
Para ello, el gobierno ha comenzado a desplegar un batería de medidas monetarias para conseguir este objetivo. Lo primero ha sido bajar las tasas que pagan a los bancos en las licitaciones de Lebac. Como no pueden hacer bajas violentas, comenzaron reduciendo 0,30%, pero indicando que seguirán, como una forma para inducir a los bancos a bajar las tasas a los ahorristas.
Según los teóricos del ministerio de Economía, bajar la tasa no implicaría presiones sobre el dólar, ya que este está controlado. Por lo tanto, los ahorristas podrían dedicar esos ahorros al consumo. Además, los bancos tendrían capacidad prestable para bajar el costo de los créditos a los consumidores.
Imprevistos no previstos
Cuando el gobierno piensa en soluciones monetarias para incentivar el mercado no tiene en cuenta situaciones que están asolando a las economías regionales de base agrícola o de producción primaria que pueden afectar sus cálculos.
No se ha tenido en cuenta, por ejemplo, lo que está ocurriendo en Mendoza con la producción de frutas y hortalizas, especialmente el ajo, que tienen serios problemas de exportación por el problema de la suba de costos, el atraso cambiario y la devaluación de las monedas, sobre todo del real brasileño.
Lo mismo ocurre con la producción de peras y manzanas y Río Negro y con la vitivinicultura. Al estar dimensionadas para enviar una cantidad importante al exterior, y estar esta puerta cerrada, toda la producción se destina al mercado interno, deprimiendo los precios.
Esta situación no solo afecta a los productores y su futura capacidad de consumo personal y familiar, sino a los trabajadores de actividades industriales conexas que ven peligrar sus fuentes de trabajo. Toda esta gente ni siquiera tendrá capacidad de consumo, mucho menos de ahorro. Pero además, ante este panorama, los que tengan capacidad de consumo tratarán de ahorrar y no hay que descartar nuevas presiones sobre el dólar paralelo.
Otro tanto se verifica en otras industrias, como la automotriz y en las actividades vinculadas a la extracción de petróleo, donde la caída del precio internacional está generando problemas serios.
Con voluntarismo y manipulaciones monetarias no se consiguen milagros. A lo sumo, ganar un poco de tiempo, pero no es lo que necesita la Argentina.