Luego de muchas vueltas y muchas negociaciones, se anunció formalmente el acuerdo entre los representantes argentinos y los ministros de finanzas de los países miembros del Club de París, para regularizar y establecer un plan de pagos de la deuda argentina, que quedó consolidada en 9.700 millones de dólares.
El acuerdo prevé la cancelación de las obligaciones en un plazo de 5 años. Este plazo es fundamental porque, de esa manera, el Club de París no exige la auditoría del FMI. Si el plazo fuera mayor, la presencia de este auditor sería inexcusable. Por eso el gobierno ha sido, por ahora, moderado, aunque tratará de exponerlo como un logro político y de reivindicación filosófica.
La forma de cancelación implica cumplir pagos de 1.100 millones de dólares entre 2014 y 2015, quedándole al próximo Gobierno la responsabilidad de pagar más de 8.000 millones de dólares en los siguientes cuatro años, lo cual ya comienza a marcar la “herencia” que dejará Cristina a quien la suceda.
Si bien no se conoce la letra chica del acuerdo, se habría acordado una especie de compromiso de parte de los países firmantes para facilitar inversiones de empresas de esos países en Argentina. En este caso, cumplidos los cinco años, nuestro país podría extender el plazo a 7 años si no se han cumplido ciertas metas de inversión, que se desconocen.
En principio, el acuerdo es positivo para mejorar la imagen del país en el exterior, muy deteriorada después del default de 2001. Si bien este es un acuerdo que luego debe ser aprobado por los respectivos parlamentos de los países que acordaron, falta cumplir en tiempo y forma con las obligaciones y luego tratar de arreglar la deuda con los fondos buitres.
Queda ahora por dilucidar de qué forma encarará este gobierno el pago de las obligaciones a su cargo y qué beneficios podría obtener Argentina, en el corto plazo, para ayudar a solventar el problema de divisas que afronta el Banco Central.
Cómo pagarán
El Banco Central deberá afrontar, solo por el pago comprometido con el Club de París, 650 millones en dólares en julio próximo, y luego 500 millones en mayo de 2015. Pero la realidad, que conocen tanto Juan Carlos Fábrega como Axel Kicillof es que el Banco Central no cuenta con divisas para afrontar ese pago.
Al día de hoy en las arcas oficiales se cuentan algo más de 28.500 millones de dólares y no pueden crecer ya que, a pesar de las liquidaciones de los exportadores, la mayoría de esos ingresos se gastan en pagar importaciones de energía. En este rubro, el ex ministro Roberto Lavagna estima que el país deberá pagar cerca de 13.000 millones este año por haber perdido el autoabastecimiento y haberse impulsado el consumo subsidiado.
Además, se están pagando importaciones en cuenta gotas, lo que también influye en la parálisis del sector industrial, que acumula una caída del 4% en lo que va del año y ya deja un 30% de capacidad instalada ociosa.
Frente a este panorama las dudas acerca de que el Banco Central pueda cumplir el objetivo de terminar el año con 28.000 millones de dólares se hacen ciertamente preocupantes. Pero parece que nuestros funcionarios tienen una estrategia basada en tomar préstamos.
Según algunos trascendidos, el Gobierno haría uso de una línea de créditos acordada con el Banco Central de Francia por unos 3.000 millones de dólares. Esta línea especial de crédito se denomina “repo” y consiste en poner en garantía una cantidad similar de reservas que el BCRA tiene en el Banco de Basilea. Según dicen los entendidos, esta es una operatoria habitual entre bancos centrales y nuestro banco emisor ya uso en varias oportunidades esta operatoria a partir de la crisis de 2008, pero ya estarían todas saldadas.
Otros trascendidos amplían esto a una operatoria similar pero con bancos privados. Al respecto, han recibido una oferta de Goldman Sachs, pero están discutiendo la tasa de interés, que en el caso del banco de Francia es muy barata. Esta operación podría hacerse por 1.000 millones de dólares y se discute qué tipo de bonos se entregarían, aunque está claro que serían provistos del stock de la Anses.
En las cuentas que se hacen, también se computan préstamos que tomarían la provincia de Buenos Aires y la ciudad de Buenos Aires, más algunas otras provincias como Mendoza, que le arrimarían otros 2.000 millones de dólares a las reservas.
Está claro que los funcionarios saben que aún no es momento para salir al mercado voluntario de bonos porque todavía los bonos serían muy castigados. De hecho, el ministro advirtió que no se tomaría deuda para “timba”, referido no al destino de los recursos, sino a los costos que querrían cobrar los prestamistas.
Beneficios esperados
El primer beneficio es mejorar la imagen. De hecho, el arreglo con el Club de París podría destrabar desembolsos hoy paralizados en el Banco Mundial y en el BID, hablando de préstamos de tasas baratas, en lugar de recurrir a los mercados especulativos. Estos dos organismos participaron como observadores en las negociaciones recientemente acordadas.
Probablemente, sean las empresas y bancos privados los que puedan beneficiarse con este arreglo ya que podrán acceder a líneas de financiamiento que hoy tiene cortadas. Algunas compras de maquinarias que hoy deberían hacerse al contado podría contar con financiamiento a valores internacionales. También los bancos podrían acceder a líneas de largo plazo para operaciones de crédito que hoy no pueden otorgar.
El acuerdo es un avance reclamado y retrasado. En buena hora que haya llegado y sea el comienzo de una normalización de nuestras relaciones con el mundo.